| "El diablo, como ángel
apóstata que es, sólo puede hacer lo que hizo en el principio:
seducir y arrastrar la mente del hombre a violar los preceptos
de Dios y cegar paulatinamente los corazones de quienes procuran
servirle, para que se olviden del verdadero Dios y le adoren a
él como a Dios". San Ireneo de Lyon, adu. haer. V,24,3.
Muchos son los epítetos que se
pueden aplicar al siglo XX. Uno de ellos, que nos puede
sorprender a primera vista es el de "siglo de los mártires". No
ha habido periodo de la historia en que la persecución a la
Iglesia Católica haya sido más sistemática, más extendida y que
haya ofrecido una legión tan numerosa y entusiasta de mártires.
Con certeza lo señaló Juan Pablo II en la Tertio millennio
adveniente, n. 37: "Al término del segundo milenio, la
Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires".
¿Qué entendemos por martirio? Así
lo define el actual Catecismo de la Iglesia Católica: "El
martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe;
designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da
testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido
por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la
doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de
fortaleza. "Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será
dado llegar a Dios" (S. Ignacio de Antioquía, Rom. 4,11)"
El Concilio Vaticano II en la
constitución dogmática Lumen gentium 2, ha recordado que
"la santidad es camino abierto para todos". Pero, para que una
persona sea canonizada o beatificada, se necesitan pruebas,
procedimientos y actos eclesiales. El cardenal Pietro Palazzini,
prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los
Santos, escribía en L’Osservatore Romano el año 1981:
"Para que alguien merezca el título de mártir, se requiere que
muera verdaderamente por su adhesión a la fe; lo cual excluye
los motivos políticos y las enemistades personales. Por otra
parte, es preciso que haya podido escoger consciente y
libremente entre la muerte y la apostasía".
Pero, ¿por qué tanto interés en que
haya más santos? El cardenal continuaba su artículo con algo que
resulta muy importante y que, en ocasiones, muchos parecen
olvidar, y es que la santidad es una de las notas de la Iglesia:
"Además los santos, y más en particular los santos canonizados,
cumplen la misión de proponer a todos los cristianos una especie
de ilustración esencial de la doctrina evangélica y les
estimulan a la generosidad y a la creatividad, al mostrar las
muchas pautas que puede inspirar la doctrina evangélica. Por
esta razón los santos cumplen en la Iglesia una función
pedagógica indispensable. La Iglesia canoniza, además, a los
santos para hacer patente la realidad de una de sus notas
distintivas: la santidad" .
1. Karol Wojtila, arzobispo de
Cracovia.
En España se conocía al obispo
Wojtila por su participación en el Concilio Vaticano II, con
intervenciones muy afortunadas. En octubre de 1972 se publica
una entrevista amplia con el arzobispo de Cracovia, a la que
acompañan las palabras pronunciadas durante la procesión del
Corpus Christi aquel año. El régimen comunista imponía su dura
censura y represión. Estaban prohibidas las cruces en las
escuelas y lugares públicos. Y la procesión no podía ir por las
calles principales ni, por supuesto, pasar por la plaza
principal. En este contexto tienen un interés especial parte de
las palabras de monseñor Wojtila, teniendo en cuenta que en
cualquier momento les podían cortar el paso o detener.
¡"Yo te confieso, Padre, Señor
del cielo y de la tierra"! Estas palabras fueron
pronunciadas por Cristo y con estas mismas palabras salimos
hoy con Cristo en el Sacramento de la Eucaristía, por las
calles de Cracovia, para confesar a Dios. ¡"Yo te confieso,
Padre, Señor del cielo y de la tierra"!
Hoy, queridos hermanos y
hermanas, vivimos en una época de confesores. Episodios como
los que os he contado se han escrito en la Iglesia en los
libros de los mártires: Acta Martyrum. Mártir, en
griego, significa testigo, confesor. Hoy se deben escribir
las acta Martyrum de las personas de nuestros días
–los testimonios de los confesores-, para que de esta manera
nos podamos ayudar unos a otros, para tener noticia los unos
de los otros, para que el daño que se hace a cualquiera a
causa de sus creencias, de su fe y de su conciencia, lo
hagamos nuestro. Pero a menudo se nos reprochará por hablar
de estas cosas. ¿Y cómo podríamos callar? ¿Cómo podríamos no
escribirlas? ¿Cómo podríamos quedarnos con los brazos
cruzados? Todo hecho de ese tipo, se trate de un muchacho,
de una madre, de uno de nosotros, ignorante o culto,
profesor universitario o estudiante, ¡todo hecho así debe
ser para nosotros una causa común! Y yo, como obispo, debo
ser el primer servidor de esa causa. De esa gran causa del
hombre. Porque la causa de la libertad espiritual del
hombre, de la libertad de las conciencias, de la libertad
religiosa, es una gran causa humana! ¡Del hombre de siempre,
del hombre de hoy!
"Quiero añadir por otra parte
que, si nuestra procesión no puede atravesar hoy la Plaza
Central, no ahorraré esfuerzos, en unión con todos los
pastores de Cracovia, para que esta señal de discriminación
para con los creyentes de nuestra ciudad –se piense de ello
lo que se piense-, cese cuanto antes".
Y casi al final, añadía algo que
resultaba una afrenta al régimen materialista que dominaba
Polonia: "El materialismo es incapaz de formar un hombre fuerte
y una sociedad fuerte". Y proseguía: "Sería de desear que la
censura no fuese tan severa con las publicaciones eclesiásticas,
con la editorial católica, y que se ocupase más de la moral
fundamental, que constituye la base del bien social" .
El joven arzobispo de Cracovia no
tiene reparo en que Jesús Sacramentado se pasee por las calles
de su ciudad, a pesar de las amenazas y de las posibles
represalias. Cita las palabras de Jesucristo, a quien todos
deben de imitar. Y habla sin rodeos de confesar la fe, de imitar
a los mártires, de conocerlos.
2. Juan Pablo II, Papa: ¡no
tengáis miedo!
El 22 de octubre de 1978 se inicia
el pontificado de Juan Pablo II. El Papa se levanta pronto y
acude a rezar ante la sepultura de san Pedro. Después recibe a
los cardenales, que besan su anillo. Más tarde se dirige a la
plaza y dirige unas palabras a la gente ahí congregada:
"Hermanos y hermanas, ¡no tengáis miedo! Abrid de par en par las
puertas a Cristo. Os lo suplico, os lo imploro con humildad y
confianza: dejad a Cristo que hable al hombre. A su potestad
salvadora abrid los confines de los Estados, de los sistemas
económicos y políticos, los amplios campos de la cultura, de la
civilización, del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo
que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo sabe!".
X
El Papa acepta la invitación
formulada por los obispos hispanoamericanos para asistir a la
inauguración de la III Conferencia del Episcopado
Latinoamericano que se iba a celebrar a finales de enero de 1979
en Puebla, México. Este será su primer viaje apostólico y un
gran éxito. Será recibido con cariño y fervor popular por
millones de mexicanos.
Antes de llegar, hizo escala en la
República Dominicana el 25 de enero de 1979. En el saludo que
dirige al presidente de la República ensalza a los
evangelizadores españoles sin ambages: "Es este un testimonio de
reconocimiento que quiero tributar a los artífices de aquella
admirable gesta evangelizadora, en esta misma tierra del Nuevo
Mundo donde se plantó la primera cruz, se celebró la primera
Misa, se recitó la primera Avemaría y de donde, entre diversas
vicisitudes, partió la irradiación de la fe a las otras islas
cercanas y de allí a la tierra firme". Claridad de un mensaje
que comenzaba a diluirse, en muchas naciones americanas y
también en España, que vive un momento de fiebre revisionista y
de crisis de su identidad histórica con el gobierno de Unión de
Centro Democrático.
Dos días más tarde, en la catedral
de México D.F., Juan Pablo II expone a los fieles reunidos que
han de ser testigos de Cristo. "El Papa espera a la vez que
vuestra coherencia no sea efímera, sino constante y
perseverante. Pertenecer a la Iglesia, vivir en la Iglesia, ser
Iglesia es hoy algo muy exigente. Tal vez no cueste la
persecución clara y directa, pero podrá costar el desprecio, la
indiferencia, la marginación". En México el gobierno es
laicista, la Iglesia Católica no está reconocida y no hay
relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Así que las palabras
del Papa no son teóricas, sino reales. Ser coherente con la fe
les puede costar problemas en su vida diaria, laboral, sindical
y política. El martirio no es tan frecuente, porque el gobierno
prefiere apóstatas.
El 15 de marzo de 1979 se da a
conocer simultáneamente en todo el mundo la encíclica
Redemptor hominis, primera de su pontificado. Su pensamiento
queda muy diáfano, en un mundo en que parece que el hombre en sí
tiene cada vez menos importancia.
Este año tienen lugar dos
ceremonias de beatificación, la primera en el mes de abril, la
segunda en octubre. Y se anuncia el viaje a Polonia, previsto
con el aniversario del martirio de san Estanislao, obispo y
mártir, entre el 8 y el 13 de mayo. Al final se cambia la fecha
y la visita es del 2 al 10 de junio. Es la primera vez que un
Papa viaja a un país socialista de la Europa central.
Entre sus numerosas ceremonias y
homilías, el Papa se acerca al campo de concentración de
Brezinka. Es un lugar emblemático de cómo se ha pisoteado la
dignidad humana, y de cómo el triunfo solo se consigue mediante
la fe y el amor.
"¿Puede todavía extrañarse
alguien de que el Papa, nacido y educado en esta tierra; el
Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la diócesis en
cuyo territorio se halla el campo de Oswiecim, haya
comenzado su primera Encíclica con las palabras Redemptor
hominis y que la haya dedicado en conjunto a la causa
del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra
él y, en fin, a sus derechos inalienables que tan fácilmente
pueden ser pisoteados y aniquilados por sus semejantes? ¿Es
suficiente revestir al hombre de un uniforme diverso,
armarlo con instrumentos de violencia, basta imponerle la
ideología en la que los derechos del hombre quedan sometidos
a las exigencias del sistema, completamente sometidos, hasta
no existir ya de hecho?".
No hay en estas palabras una mera
condena del nacionalsocialismo, sino la de todos los sistemas e
ideologías que pisotean al hombre o lo degradan. Y recuerda,
algo más adelante, a los seis millones de polacos muertos
durante la segunda guerra mundial. Hay que tener presente que
estos polacos fueron asesinados por los ejércitos
nacionalsocialista y comunista. Dos sistemas paganos que
desprecian al hombre.
La beatificación del 14 de octubre
de1979 es la del español Enrique de Ossó (1840-1896). En su
homilía señaló su vida de fe y coherencia. "Y no era fácil la
época que a él le tocó vivir, en una España dividida por las
guerras civiles del siglo XIX y alterada por movimientos
laicistas y anticlericales que pretendían la transformación
política y social, dando incluso origen a sangrientos episodios
revolucionarios".
También en octubre de 1979 viaja a
Irlanda y Estados Unidos. En esta última nación los católicos
son minoría, y se arriesga mucho. En Boston se reunen 400000
bajo la lluvia; muchos más en Nueva York, millón y medio en
Filadelfia, en Chicago... a pesar de que las palabras del Papa
son claras y exigentes.
Antes de finalizar el año, el Papa
viaja a Turquía. No es recibido por muchedumbres, como en sus
anteriores viajes. Pero ha dado un significado ecuménico a ese
viaje, a una nación de antigua raigambre cristiana y abrumadora
mayoría musulmana en la actualidad. Con unas minorías cristianas
que están lejos de ver reconocidos sus derechos.
En este primer año de pontificado
ya queda perfectamente esbozada la futura actuación del Papa
polaco. Expone con claridad el mensaje del Evangelio, propone la
imitación de Cristo de forma plena, recordando que murió en la
cruz. Tampoco le tiembla el pulso a la hora de indicar a todos
los que envilecen al hombre, atacan a la Iglesia y pretenden
construir una sociedad sin Dios. Si siendo arzobispo de Cracovia
hablaba de la necesidad de "escribir las acta Martyrum de
las personas de nuestros días –los testimonios de los
confesores-, para que de esta manera nos podamos ayudar unos a
otros, para tener noticia los unos de los otros", ¿lo llevará a
la práctica ahora? Todo indica que sí.
3. Juan Pablo II y los mártires.
Si hay un discurso que remueva la
esperanza de los que desean ver a los mártires españoles en los
altares, ese es el que pronuncia Juan Pablo II en la celebración
del V centenario de los mártires de Ottranto el 5 de octubre de
1980. Ottranto es una pequeña villa, a la orilla del mar, en el
sur de Italia, que en 1480 fue asaltada por piratas sarracenos.
Los ochocientos campesinos se defendieron, muriendo todos,
confesando a Cristo. Dijo en aquella ocasión Juan Pablo II cosas
profundas y muy actuales:
"La verdad sobre el martirio
tiene en el Evangelio una elocuencia llena de penetrante
profundidad y, al mismo tiempo, de transparente sencillez.
Cristo no promete a sus discípulos éxitos terrenos o
prosperidad material, no presenta a sus ojos "una utopía"
como ha sucedido más de una vez, y sucede siempre en la
historia de las ideologías humanas. El dice sencillamente a
sus discípulos, "os perseguirán, os entregarán a los
organismos de las diversas autoridades, os meterán en la
cárcel, os llevarán ante los diversos tribunales. Todo esto
por amor de mi nombre...". Nosotros llamamos mártires a los
cristianos que, en el curso de la historia, han padecido
sufrimientos, frecuentemente terribles por su crueldad "in
odium fidei", a aquellos a quienes "in odium fidei" se les
infligía finalmente la muerte".
"El martirio es una gran
prueba, en cierto sentido es la prueba de la dignidad del
hombre delante de Dios mismo. Es difícil, a este propósito,
decir más de lo que afirma precisamente el Libro de la
Sabiduría: "Dios los probó y los halló dignos de Sí".
"A través de esta prueba han
pasado, en el curso de la historia, numerosos confesores y
discípulos de Cristo. A través de esta prueba pasaron los
mártires de nuestro siglo, mártires frecuentemente
desconocidos, aun cuando no se hallan lejos de nosotros".
"Aquellos ochocientos
otrantinos que, tras haber defendido por todos los medios la
supervivencia, la dignidad y la libertad de su querida
ciudad y de sus casas, también supieron defender de manera
sublime el tesoro de la fe... ¿Eran quizá unos ilusos, unos
hombres fuera de su tiempo? ¡No, queridísimos jóvenes!,
aquellos eran hombres auténticos, fuertes, decididos,
coherentes, bien enraizados en su historia, eran hombres que
amaban intensamente a su ciudad... Nos han dejado, y sobre
todo os han dejado a vosotros, dos testimonios
fundamentales: el amor hacia la Patria terrena y la
autenticidad de la fe cristiana".
"El cristiano ama a su Patria
terrena. El amor hacia la Patria es una virtud cristiana;
sobre el ejemplo de Cristo, los primeros discípulos
manifestaron siempre una sincera "pietas", un profundo
respeto y una limpia lealtad en relación con la Patria
terrena".
No era dificil sustituir otrantinos
por barbastrenses, valencianos, madrileños. Los mártires han
dejado a todos dos testimonios fundamentales: "el amor hacia la
Patria terrena y la autenticidad de la fe cristiana".
U
Con estas premisas, y teniendo
presente lo que ha dicho el Concilio Vaticano II, "la santidad
es camino abierto para todos", Juan Pablo II da luz verde a
muchos procesos de beatificación y canonización que han dormido
décadas o siglos. Recordaremos brevemente algunos de ellos, en
su mayoría mártires contemporáneos, para centrar nuestro estudio
y darle la dimensión adecuada.
El año 1980, son dos las sesiones
de beatificación, pero los beatos se elevan a ocho. En 1981,
también son dos las ceremonias y veintiuno los nuevos beatos.
Aunque no son contemporáneos, ejemplifican muy bien la visión
universal del nuevo Papa.
Se trata de Lorenzo Ruiz de Manila
y sus quince compañeros (+ 1633-1637). La ceremonia tiene lugar
en Manila el 18 de febrero, durante el viaje que Juan Pablo II
realiza por Oriente. Gobierna el archipiélago el dictador
Fernando Marcos, nada proclive al catolicismo. La inmensa
muchedumbre que asiste esos días a los actos del Papa resulta un
fuerte revulsivo. Unos días más tarde, el 26, celebró la misa
conmemorativa de los mártires en el estadio Matsuyama de
Nagasaki (Japón).
"Esta gloriosa muchedumbre,
como la de los primeros siglos de la Iglesia, ha recibido un
reciente reconocimiento por parte de la Iglesia hace pocos
días, en la ceremonia de beatificación de otros dieciséis
mártires realizada en Manila. Estos mártires sufrieron en
Nishizaka los años 10, 11 y 14 de la era Kwanei,
correspondiente a los años 1633, 1634 y 1637 del calendario
cristiano, que fue el periodo marcado por el edicto Sakoku
promulgado por el Shogun Tokugawa Iyemitsu.
"Es precisamente en esta
perspectiva y con estos sentimientos de amor como los
dieciséis nuevos Beatos se sintieron japoneses con los
japoneses, cristianos con los cristianos, hermanos con sus
hermanos" .
El Papa ha salido airoso en su
viaje por oriente con unas visitas bastante dificiles. No ha
dudado en hablar y actuar con claridad y firmeza, preparando
el camino de una evangelización más intensa. Como
Tertuliano, piensa que "la sangre de los mártires es semilla
de cristianos".
Tres meses más tarde, experimenta
en su propio cuerpo la realidad del martirio –en su caso, al no
fallecer, de confesor de la fe-. El 13 de mayo, mientras saluda
a la multitud reunida en la plaza de San Pedro, el turco Ali
Agca descarga sobre él varios disparos. El Papa cae gravemente
herido. Su recuperación será lenta y dejará en él secuelas de
por vida.
El año 1982 registra tres
ceremonias de beatificación, con dieciséis nuevos beatos. De
estos destacamos la beatificación el 3 de octubre de Salvador de
Capadocia y siete compañeros mártires (+ 1853-1895). Una semana
más tarde, tiene lugar la canonización del padre Maximiliano
María Kolbe, natal de Zdunska-Wola (Polonia), asesinado por los
nazis el 14 de agosto de 1941. El Papa Pablo VI lo había
proclamado beato el 17 de octubre de 1971. El 10 de octubre, el
Papa Juan Pablo II lo proclamó santo. La prensa española informó
de este hecho, añadiendo que "el Papa ha dispensado, por
tratarse de un mártir, de lo prescrito en el canon 2138 del
Código de Derecho Canónico, para que se pueda proceder a la
canonización sin nuevos milagros" . Es el primer mártir de la
persecución nacionalsocialista que ha sido elevado a los
altares. Otros muchos procesos están en marcha.
En 1983, el Papa inaugura el año
santo de la Redención. Comienza la preparación remota del gran
Jubileo cristológico del año 2000. Ese año beatifica el 15 de
mayo a Aloisio Vesigia, obispo de Carysten (1873-1930) y a
Calixto Cararasio, sacerdote salesiano (1903-1930). Las
ceremonias de beatificación han sido seis, y diez el número de
beatos. Este ritmo resulta inaudito en la historia de la
Iglesia. Y el Papa está dispuesto a que todo se realice con el
máximo rigor, pero a la vez desea que aumente su número y
también, su cercanía en el tiempo. Porque el lapso de tiempo
establecido entre el fallecimiento de una persona y el estudio
de sus virtudes debía de ser como mínimo de cincuenta años. Esto
hacía, entre otras razones, que los procesos se ralentizaran
mucho.
Este mismo año, gobernando el
Partido Socialista Obrero Español desde hace un año, el Papa
Juan Pablo II decidió la reapertura de los procesos de
beatificación de los mártires españoles bajo la segunda
república. Así lo informó el cardenal Palazzini, prefecto de la
Congregación para las Causas de los Santos en el sínodo de
octubre. "Tan solo unas horas después de que el Papa recibiera
en audiencia al presidente González, manifestándole la
preocupación de la Iglesia por las medidas contra la religión
católica adoptadas por el Gobierno socialista, se ha anunciado
que Juan Pablo II ha levantado la suspensión del estudio de las
causas de beatificación de los mártires de la guerra civil
española" . En esa misma sesión, monseñor Palazzini dio a
conocer otra medida importantísima que había sido aprobada el 25
de enero de ese año 1983, sobre la nueva legislación de los
procesos de beatificación. La principal novedad es que son los
obispos diocesanos los que deben instruir los procesos por
propia potestad, y no por delegación de la Santa Sede. Es
evidente que esto va a favorecer la tramitación de numerosos
procesos de mártires de todo el mundo, también de los españoles.
Al año siguiente, el 19 de febrero
de 1984, tiene lugar una ceremonia en San Pedro, en la que se
beatificó al sacerdote Guillaume Repin (1709-1794) y a otros 98
más, mártires durante la revolución francesa en los años 1793 y
1794 en La Vendée. Habían pasado dos siglos, se habían sucedido
las beatificaciones desde 1906, pero no hubo ninguna más a
partir de 1955 . El momento era oportuno, ya que el Papa no
tardaría en difundir el mensaje de recristianizar a la vieja
Europa. Y las fuerzas laicistas se aprestaban en Francia y en
otras muchas naciones a acabar con el cristianismo. El
bicentenario de la revolución francesa era un momento oportuno
para divulgar los principios anticristianos contenidos en la
misma, que contaban con el apoyo decidido del presidente
socialista Mitterrand .
La homilía del Papa el día de su
beatificación tiene puntos que esclarecen mucho este y otros
martirios.
"Son, en primer lugar, los
numerosos mártires que, en la diócesis de Angers, en los
tiempos de la Revolución Francesa, aceptaron la muerte,
porque como dijo Guillaume Repin, quisieron "conservar su fe
y su religión", con firme adhesión a la Iglesia católica y
romana; sacerdotes que se negaron a prestar un juramento que
consideraban cismático, y que no quisieron abandonar su
cargo pastoral; laicos que permanecieron fieles a estos
sacerdotes, a la Misa celebrada por ellos y a las
manifestaciones de culto a María y a los santos. Sin duda,
en un contexto de fuertes tensiones ideológicas, políticas y
militares, se pudo hacer pesar sobre ellos sospechas de
infidelidad a la patria; se les acusó, en las actas de las
sentencias, de compromiso con las "fuerzas anti-revolucionarias".
Así sucede en casi todas las persecuciones, de ayer y de
hoy.
"Nos admiran sus respuestas
decididas, tranquilas, breves, francas, humildes, que no
tienen nada de provocación; y que son tajantes y firmes en
lo esencial: la fidelidad a la Iglesia. Así hablan los
sacerdotes, todos guillotinados como su venerable decano
Guillaume Repin, las religiosas que se negaban incluso a
dejar creer que habían prestado juramento, los cuatro
hombres laicos".
Esta beatificación molestó también
a algunos miembros del clero y del episcopado francés, entre los
que parece encontrarse el propio obispo de Angers quien "en una
declaración oficial, se apresuró a poner en guardia a los
católicos contra una admiración ciega hacia esos hombres y
mujeres que, según él, interpretaron tan mal, en 1794, los
signos de los tiempos" .
Bien distinto era el caso de Corea,
donde acudió el Papa en un viaje apostólico que contó como fecha
histórica el día 6 de mayo de 1984, en que canonizó a Andrea
Kim, primer sacerdote católico coreano y 102 compañeros. La
ceremonia en Seúl fue realmente impresionante. Se desarrolló en
la isla en el centro del río Han, que divide Seúl, ante millón y
medio de personas, en su mayoría no católicos. Se conmemoraba el
bicentenario de la presencia católica en Corea. En solo tres
años, Corea ocupaba el primer lugar del mundo en vocaciones
sacerdotales. En palabras de monseñor Simón Eun-Kyu Cheng,
secretario de la Conferencia Episcopal Coreana, "para los dos
millones de católicos, tenemos mil quinientos seminaristas
mayores. Tenemos los cuatro seminarios mayores completamente
llenos, no podemos recibir a todos" . En Corea, que ha vivido
diez persecuciones en menos de un siglo, que sufrió la segunda
guerra mundial y la ocupación japonesa, la guerra civil y
posterior separación del régimen del Norte, comunista, sí desean
imitar a los mártires.
Si el año 1984 hubo seis ceremonias
de beatificación, en 1985 habrá nueve. Las dos primeras en la
América hispana: el 1º de febrero en Guayaquil (Ecuador) y al
día siguiente en Arequipa (Perú). El 15 de agosto la ceremonia
tiene lugar en Kinshasa (Zaire). El 22 de septiembre en Génova
(Italia). La universalidad de la Iglesia se hace, en este
sentido, cada vez más patente. La siembra de la santidad germina
con el tiempo. Este año de 1985, sin embargo, solo se beatifica
a un mártir de nuestra época. La ceremonia tiene lugar en el
Vaticano el día 3 de noviembre, beatificando al sacerdote Tito
Brandsma, carmelita (1881-1942)
En el verano de 1985, se hace
público que hay más de mil causas de beatificación y
canonización pendientes, según consta en el nuevo "Index ac
status causarum", volumen que recoge la lista de todas las
causas presentadas a la Sagrada Congregación para la Causa de
los Santos. Y otra noticia que cayó como un vaso de agua fría
entre liberales recalcitrantes y marxistas, como es la
promulgación del decreto sobre las "virtudes heróicas" del Papa
Pío IX .
En 1986 se registran tres
ceremonias de beatificación con cuatro nuevos beatos, en
Kottayam (India), Lyon (Francia) y Florencia (Italia).
El año 1987 ostenta el record de
ceremonias de beatificación en el pontificado de Juan Pablo II,
un total de once, con 106 nuevos beatos. La primera del año, el
día 29 de marzo, corresponde al sacerdote don Manuel Domingo y
Sol (1836-1909), al cardenal Marcelo Spínola (1835-1906) y a las
tres carmelitas mártires de Guadalajara, Jacoba Martínez García,
Eusebia García y Marciana Valtierra Tordesillas. Veinte mil
peregrinos llenan la basílica de San Pedro. "Cuatro cardenales –Suquía,
Marcelo González, Jubany y Tarancón-, junto con casi la mitad
del episcopado y seiscientos sacerdotes, concelebraron con el
Papa la solemne liturgia de la beatificación. Fue una de las más
gozosas de la historia de la Iglesia de España, sólo comparable
con otro gran día de 1622, en la que la Iglesia canonizó a
cuatro de nuestros más grandes santos: Teresa de Avila, Ignacio
de Loyola, Francisco Javier e Isidro labrador" . La reacción del
gobierno español fue fría en todo momento. De hecho, la
designación de embajador en la Santa Sede de Puente Ojea,
marxista declarado, apóstata confeso y divorciado fue
interpretada como una provocación, al igual que lo hubiera sido
el nombrar a un nacionalsocialista embajador en Israel. No
acudió ningún ministro -de Justicia e Interior es lo habitual en
naciones católicas-, pero sí el presidente del senado, otro
divorciado.
El 1º de mayo de ese año, en un
viaje a Alemania, el Papa beatifica a una monja carmelita Teresa
Benedicta de la Cruz, en el siglo Edith Stein (1891-1942). La
última de once hermanos, de familia judía, estudia filosofía con
Edmund Husserl. En 1934 tomó el hábito en el monasterio de las
carmelitas de Colonia. Cuatro años más tarde, ante la
persecución que comienza a desencadenarse contra los judíos, la
trasladan a otro convento de Holanda. El 2 de agosto de 1942 son
capturadas Edith y su hermana Rosa y son llevadas a Auschwitz,
donde mueren el día 9 en las cámaras de gas. Con su
beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió
honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo
II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los
nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al
Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo". Ha
sido canonizada el 11 de octubre de 1998 y nombrada copatrona de
Europa.
El 7 de junio de 1987 se inauguró
el año mariano, que duró hasta el 15 de agosto de 1988,
festividad de la Asunción. Se multiplicaron las celebraciones
marianas, como preparación al gran Jubileo cristológico del año
2000. Coincide, además, con los dos años en que más ceremonias
de beatificación y canonización se llevan a cabo.
Pero no terminan las
beatificaciones de este año. En un nuevo viaje por su Polonia
natal, que comienza a presentar síntomas de reacción contra el
despotismo comunista, beatifica el 10 de junio en Tarnów a
Carolina Kózka, mártir (1898-1914), y el día 14 en Varsovia a
Michaël Kozal, obispo auxiliar de Vladislavia, también mártir
(1893-1943).
El 4 de octubre, en la basílica de
San Pedro tienen lugar tres nuevas beatificaciones, los tres de
mártires del siglo XX. Son Antonia Mesina (1919-1935), Marcelo
Callo (1921-1945) y Petrina Morosini (1931-1957).
El año 1988 tiene menos ceremonias
de beatificación, ocho, pero más de canonización que el
anterior, seis, lo que hace de él el más abultado de su
pontificado –hasta 2002 incluido-. Esto se explica bien por el
impulso decidido a los procesos de beatificación, de los que un
porcentaje muy elevado lo componen los mártires. Y por
celebrarse un año mariano. Pero también es indicativo de algo
más profundo...
Hay dos ceremonias en que se
canoniza a mártires. La primera en Asunción (Paraguay) el día 16
de mayo, a Roque González de Santa Cruz (1576-1628) y otros dos
jesuitas, todos ellos españoles. La segunda, el 19 de junio, la
canonización del presbítero Andrés Dung-Lac; a Tomás Thien y
Emanuel Phung, laicos. A los españoles Jerónimo Hermosilla,
Valentín Berrio Ochoa, Clemente Ignacio Delgado y Cebrián, José
María Díaz Sanjurjo, Melchor García Sampedro, Domingo Henares,
de la Orden de Predicadores, obispos. A Teofano Venard,
presbítero M.E.P. y a los sacerdotes españoles, dominicos, Mateo
Alonso Leziniana, Pedro Almató, Jacinto Castaneda, José
Fernández y Francisco Gil de Federich y 100 compañeros, todos
ellos mártires. Son los mártires de Vietnam, beatificados en
sucesivos momentos por León XIII (1900), Pío X (1906, 1909) y
Pío XII (1951). La historia religiosa de la Iglesia vietnamita
señala que han existido un total de 53 edictos, firmados por los
Señores Trinh y Nguyen o por los reyes que, durante más de dos
siglos, en total 261 años (1625-1886), han decretado contra los
cristianos persecuciones una más cruel que la otra. Son
alrededor de unas 130.000 las víctimas caídas por todo el
territorio nacional.
Esta causa había sido solicitada
con gran interés por los episcopados de Vietnam, Filipinas,
España y Francia. Este grupo vietnamita es el más numeroso de
los canonizados hasta este año 1988. ¿Qué dice el Papa con
motivo de esta canonización?
"Interpela a Filipinas, que fue
el lugar de la inmediata preparación y fortalecimiento en la
fe para once de los nuevos santos...
"Los santos mártires interpelan
a la Iglesia en Japón, particularmente a la archidiócesis de
Nagasaki; a la Iglesia en Taiwan y en Macao, y a todos los
discípulos de Cristo en Asia".
Han de ser apostólicos, sin miedo a
confesar a Cristo. El crecimiento del catolicismo depende en
buena medida de ellos. La población mundial se concentra en Asia
que es, a su vez, el continente donde más desconocido es
Jesucristo. La siembra del Papa queda cada vez más patente:
Filipinas, Japón, Corea, ahora Vietnam.
El 25 de septiembre beatifica en
Roma a seis nuevas personas, de las que uno es mártir
contemporáneo, Miguel Agustín, sacerdote jesuita (1891-1927).
El año 1989 marca un momento de
inflexión en la historia europea. Cae el muro de Berlín, lo que
desencadenará convulsiones políticas que afectarán en buena
medida a la libertad de los católicos y de la Iglesia en muchas
naciones. Será un proceso lento y costoso, que no ha culminado.
El Papa realizó siete ceremonias de
beatificación con un total de 48 nuevos beatos, entre los que se
encuentran diversos mártires. Destacaremos la beatificación el
1º de octubre de Nicéforo de Jesús y María (Vicente Díez
Tejerina) (1893-1936) y 25 compañeros, religiosos pasionistas de
Daimiel (Ciudad Real). De ellos dijo el Papa: "Al igual que
Jesús, también ellos murieron por su pueblo, perdonando
sonrientes y pidiendo a Dios que sonase la reconciliación para
todos sus hermanos" .
Ese mismo mes, el día 22, se
beatifica a siete nuevos mártires: Agnes Phila, Lucia Khambang,
religiosas y cuatro compañeras, y a Philippus Siphong Onphitak,
catecúmeno (+ 1940).
Tras la visita de Gorbachov a
Berlín oriental, dimite Erich Honecker. Le sustituye al frente
de la República Democrática Alemana Egon Krenz. Pero la gente
sale a la calle a protestar, y a demandar sus libertades... El 9
de noviembre el gobierno decide abrir sus fronteras, incluyendo
la del muro de Berlín. Al día siguiente, Teodoro Zhikov, que
llevaba treinta y cinco años en el poder, dimite como secretario
del Partido Comunista Búlgaro. La gente también se echa a la
calle en Lituania, Letonia y Estonia, desafiando la tiranía de
Moscú. Una gran espectación y una cierta inquietud recorre toda
Europa, ante una revolución que puede ser incruenta o aplastada
por los tanques rusos.
Años más tarde, Juan Pablo II
escribe que "es difícil no advertir como el Año Mariano precedió
de cerca a los acontecimientos de 1989" . No hay casualidades
para el creyente.
La primera beatificación del año
1990 corresponde a mártires españoles. Tiene lugar el 29 de
abril y son un total de nueve. Se llaman Cirilo Bertrán (José
Sanz Tejedor) y sus siete compañeros, religiosos, del Instituto
de los Hermanos de las Escuelas Cristianas e Inocencio de la
Inmaculada, presbítero. Son los primeros mártires de la
revolución marxista de 1934, promovida por dirigentes del
Partido Socialista Obrero Español, que gobierna en la actualidad
España .
Los ocho hermanos dirigían una
escuela en Turón, en un valle minero asturiano. Cirilo Bertrán
era el director de la comunidad. Nació en Lerma, provincia de
Burgos, el 20 de marzo de 1888, en el seno de una familia
humilde. Hizo profesión de vida religiosa en agosto de 1905.
Llega a Turón en 1933; en el verano de 1934 participa en un
retiro en Valladolid: su mejor preparación para el martirio. Los
demás hermanos se llaman Marcano José (Filomeno López López),
Victoriano Pío (Claudio Bernabé Cano), Julián Alfredo (Vilfrido
Fernández Zapico), Benjamín Julián (Vicente Alonso Andrés),
Héctor Valdivielso (Benito de Jesús), Aniceto Adolfo (Manuel
Seco Gutiérrez), Augusto Andrés (Román Martínez Fernández).
El padre Inocencio de la Inmaculada
(Manuel Canoura Arnau) nació en el Valle del Oro el 10 de marzo
de 1887. Ingresó en la congregación de los Pasionistas a los
catorce años. El 20 de septiembre de 1920 fue ordenado
sacerdote. Profesor de filosofía, teología y literatura, acudió
al colegio de Turón para preparar a los niños a celebrar el
primer viernes de mes, el día 5 de octubre. Ese día, los
sublevados marxistas les arrestaron y les condenaron a muerte.
Fueron fusilados en la madrugada del día 9 de octubre por otros
socialistas de pueblos cercanos, ya que los de Turón se negaron
a hacerlo.
El hermano Jaime Hilario (Manuel
Barbal Cosín) nació el 2 de enero de 1898 en Enviny, provincia
de Lérida. En 1917 toma el hábito de los hermanos de La Salle.
Capturado en 1936, es conducido a Tarragona y encarcelado en el
barco "Mahón". Fue juzgado y condenado junto con otras
veinticuatro personas; el abogado tramitó la solicitud de
gracia, que fue concedida a todos los demás excepto a él, el
único religioso. Fue fusilado el 18 de enero de 1937 junto al
cementerio de Tarragona. Con asombro del piquete, el mártir
siguió en pie después de dos descargas sucesivas. El grupo
arrojó las armas y se dio a la fuga. El jefe del pelotón se
acercó y le disparó en la sien.
También en esta ceremonia de 29 de
abril de 1990 se beatificó a María de las Mercedes Prat y Prat,
religiosa de santa Teresa de Jesús, igualmente mártir
(1890-1936). Al fusilarla los milicianos, herida de muerte,
repetía "Jesús, José y María". Rematada de nuevo, sus últimas
palabras fueron del padrenuestro: "perdónanos... como nosotros
perdonamos".
En 1991 el Papa celebra ocho
ceremonias en las que se proclaman once nuevos beatos. Ninguno
de estos es mártir. Únicamente merece la pena destacar que
cuatro de estas ceremonias tienen lugar en Polonia, en los meses
de junio y agosto; una en Susa, Italia y otra en Florianopolis,
Brasil. La teología de la liberación, combatida desde el año
1986 con la publicación de la Congregación para la doctrina de
la fe de la Instrucción sobre libertad cristiana y liberación,
de fecha 22 de marzo, comienza a batirse en retirada. El
marxismo, en sus diferentes frentes, comienza a retroceder.
El año 1992 tenía un relieve
especial por conmemorarse el descubrimiento y evangelización de
América. A diferencia del siglo anterior en que se incidió
demasiado en la figura de Cristóbal Colón, en esta ocasión y por
indicación expresa del Papa se insiste sobre todo en la labor
evangelizadora de España. No faltarán, por consiguiente, nuevas
beatificaciones de españoles en este año que incluye una novedad
largo tiempo esperada: los cristeros mexicanos.
Son cinco ceremonias y 173 nuevos
beatos. La más multitudinaria es la celebrada en Roma el 17 de
mayo de Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Nació en
Barbastro, provincia de Huesca, el 9 de enero de 1902 y falleció
en Roma el 26 de junio de 1975. Junto a él, Josefina Bakhita,
liberta, monja canosiana. Cuando los obispos de Sudán hagan su
visita ad limina al Papa el 2 de octubre de este año
1992, ante la guerra civil y la persecución abierta que sufren
los católicos por la aplicación de la sharia, les indica
que se encomiendan a la beata Bakhita. Y añade: "En defensa de
la libertad religiosa habéis señalado, con razón, los peligros
que derivan para vuestro país del intento de fundar la unidad
nacional en tono a una única religión y a una única cultura.
Esta meta, junto con la aplicación de la sharia desde
1983 a quienes no son musulmanes, ha causado la pérdida de
muchas libertades civiles. Eso resulta particularmente evidente
dondequiera que se dé discriminación en la educación, se persiga
a los sacerdotes, religiosos y catequistas, se expulse a los
misioneros, se prohiba la expresión legítima de la fe, falte una
libertad auténtica de conversión y se considere a los bautizados
como "extranjeros" en su tierra natal". Cuando la amenaza
comunista comienza a retroceder, cobra auge el fundamentalismo
islámico, con su cadena larga de martirios. Y las violencias
étnicas.
La ceremonia del 25 de octubre
incluye un numeroso grupo de mártires de la cruzada. Son Braulio
María Corres Díaz de Cerio, sacerdote; Federico Rubio Alvarez,
sacerdote y 79 compañeros de la orden hospitalaria de San Juan
de Dios. Entre estos se hallan siete colombianos y el Santo
Padre hace una referencia muy precisa a los mismos y al
centenario de la evangelización: "Especial mención merecen los
siete hermanos hospitalarios de Colombia, por ser los primeros
hijos de esa querida nación que llegan al honor de los altares.
Ellos se encontraban en España completando su formación
religiosa y técnica cuando el Señor los llamó a dar ese
testimonio de la fe. Hoy, en coincidencia con el V Centenario de
la evangelización de América, reconocemos públicamente su
martirio y lo presentamos como una primicia de la Iglesia
colombiana".
En ese mismo día se beatifican a
Felipe de Jesús Munárriz Azona (1875-1936) y 50 compañeros,
religiosos y sacerdotes, Hijos del Corazón Inmaculado de María
(+ 1936). De este grupo señala el Papa que "es todo un seminario
el que afronta con generosidad y valentía su ofrenda martirial
al Señor. La entereza espiritual y moral de esos jóvenes nos ha
llegado a través de testigos oculares y también por sus
escritos". La sangre de estos mártires de Barbastro no ha sido
derramada inútilmente, porque "la palabra de Dios echa siempre
nuevas raíces. Sobre estas raíces debemos crecer". Es la
ceremonia en que más mártires españoles han sido beatificados.
Este año 1992 asiste el 22 de
noviembre a la beatificación de Cristóbal Magallanes y 24
compañeros, mártires en las guerras cristeras. México, una de
las naciones donde es más elevado el número de católicos, no
reconoce todavía a la Iglesia Católica ni tiene relaciones
diplomáticas con el Vaticano, como corresponde a su pasado
revolucionario masónico de un lado, y con una fuerte componente
marxista de otro. Conviene recordar, por ejemplo, que las
condenas de Pío IX al liberalismo en la Quanta cura y en
el Syllabus vinieron directamente motivadas por la
Constitución mexicana de 1857 y por las Leyes de Reforma de
Benito Juárez, de 1859 . O que la Constitución promulgada en
1917 –mantenida sustancialmente en este momento- en su artículo
3º ordenaba la secularización de la enseñanza primaria, pública
y privada; el 5º prohibía los votos monásticos y las órdenes
religiosas. El 27º indicaba que la Iglesia no tenía derecho a
poseer, adquiri o administrar propiedades, y todos los lugares
de culto pasaban a manos del Estado... Juan Pablo II, que había
viajado en diferentes ocasiones a México ya desde el comienzo de
su pontificado y se había visto rodeado del cariño de muchos de
los mexicanos, les venía a recordar quiénes eran sus nuevos
beatos, aquellos que durante tantos años fueron injuriados y
tratados como "bandoleros" por algunos medios de comunicación .
Cristóbal Magallanes Jara, nació en
Totaliche, estado de Jalisco (archidiócesis de Guadalajara) el
30 de julio de 1869. Fue párroco, misionero entre los indígenas
huicholes. Los perseguidores de la iglesia cerraron el
seminario. El 25 de mayo de 1927 fue fusilado en Colotlán,
estado de Jalisco (diócesis de Zacatecas). Al morir se dirigió a
la tropa: "Yo muero inocente, y pido a Dios que mi sangre sirva
para la unión de mis hermanos mexicanos".
En la homilía de su canonización,
el 21 de mayo de 2000, dijo el Papa: "Bien podemos aplicar este
fragmento de los Hechos de los Apóstoles a la situación que
tuvieron que vivir Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros,
mártires en el primer tercio del siglo XX. La mayoría pertenecía
al clero secular y tres de ellos eran laicos seriamente
comprometidos en la ayuda a los sacerdotes. No abandonaron el
valiente ejercicio de su ministerio cuando la persecución
religiosa arreció en la amada tierra mexicana, desatando su odio
a la religión católica. Todos aceptaron libre y serenamente el
martirio como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a
sus perseguidores. Fieles a Dios y a la fe católica tan
arraigada en sus comunidades eclesiales a las cuales sirvieron
promoviendo también su bienestar material, son hoy ejemplo para
toda la Iglesia y para la sociedad mexicana en particular".
Pocas semanas más tarde de la
beatificación de los cristeros, la Conferencia Episcopal
Mexicana registra ante el gobierno a la Iglesia católica como
asociación religiosa, y se procede a un intercambio de
embajadores. Todo un acontecimiento después de una trayectoria
de más de un siglo de hostilidad gubernamental declarada.
El año 1993 el Papa publica la
encíclica Tertio millennio adveniente, en la que hace
alusión a dos ideas que parecen complementarias. La primera, el
gozo ante tantos frutos de santidad como se han dado generación
a generación, que "han sabido acoger sin reservas el don de la
Redención". La segunda, la necesidad de pedir perdón por
aquellos que "se han alejado del espíritu de Cristo y de su
Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una
vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos
de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio
y de escándalo" . Son dos ideas muy importantes que se irán
desarrollando los años previos al gran Jubileo y durante todo el
año 2000: santidad personal y perdón por el antitestimonio.
El año 1993 registra igualmente la
beatificación de más mártires españoles, en la última de las
cinco ceremonias del año, la celebrada el 10 de octubre. Incluye
a dos obispos, Diego Ventaja Milán, de Almería (1880-1936) y
Manuel Medina Olmos, de Guádix (1869-1936) y siete religiosos
F.S.C. (+ 1936). Además se incluye al padre Pedro Poveda,
fundador de las Teresianas (1874-1936) y de Victoria Díez y
Bustos de Molina (1903-1936). Juan Pablo II comparó a los
obispos con el buen Pastor, que da su vida por las ovejas. "Y
ellos la dieron, siguiendo el ejemplo de Cristo, perdonando a
los propios verdugos. Como relataron testigos presenciales,
monseñor Ventaja dijo a los que iban a matarlo: "Que Dios os
perdone como yo os perdono de todo corazón, y que ésta sea la
última sangre que derraméis"".
La primera ceremonia de 1995 tiene
lugar el 17 de enero en Port Moresby (Papua-Nueva Guinea). Se
trata de Pedro To Rot, un catequista laico, mártir (1912-1945).
En 1995 se registra una nueva
hornada de mártires de la cruzada, en número de 47. Se agrupan
en la ceremonia de 1º de octubre, en la que se beatifica al
obispo de Teruel Anselmo Polanco O.S.A. (1881-1939) y al
sacerdote Felipe Ripoll Morata (1878-1939). A Carlos Eraña
Guruceta (1884-1936) y dos compañeros de la Sociedad de María (+
1936); a Dionisio Pamplona Polo (1868-1936) y doce compañeros de
la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios (+
1936). También Pedro Ruiz de los Paños y Ángel (1881-1936) y sus
ocho compañeros, sacerdotes operarios diocesanos del Sagrado
Corazón de Jesús (+ 1936); Ángela de San José (Francisca Lloret
Martí) (1875-1936) y 16 compañeras de la Congregación de la
Doctrina Cristiana (+ 1936); Vicente Vilar David, laico
(1889-1937).
"Hermano, siervo de Dios:
practica la fe (1 Tm 6,11). Estas palabras del apóstol Pablo
tienen su cumplimiento en los nuevos beatos Anselmo Polanco,
obispo de Teruel y Felipe Ripoll, su vicario general.
Anselmo Polanco, religioso
agustino, eligió como lema episcopal: "Gustosamente me
gastaré y desgastaré por vuestras almas" (cf. 2 Cor 12,15).
Como un presentimiento decía el día de su entrada en la
diócesis: "He venido a dar la vida por mis ovejas". Por eso,
junto con Felipe Ripoll, quiso permanecer al lado de su grey
en medio de los peligros y sólo por la fuerza fue separado
de ella".
"La orden de las Escuelas Pías
contempla hoy en la gloria a catorce de sus miembros: el
padre Pedro Casani, primer compañero de san José de Calasanz
y trece mártires de la persecución religiosa de 1936 en
España.
Dionisio Pamplona y sus
compañeros mártires no son héroes de una guerra humana, sino
educadores de la juventud que, por su condición de
religiosos y maestros, afrontaron su trágico destino como
auténtico testimonio de fe, dándonos con su martirio la
última lección de su vida. ¡Que su ejemplo y su intercesión
lleguen a toda la familia calasancia!".
"Enriquece también el
martirologio de Valencia, desde su ciudad natal de Manises,
el beato Vicente Vilar David, que coronó con el martirio su
existencia vivida con una total dedicación a Dios, al
prójimo y a la promoción de la justicia en el mundo laboral,
de forma especial en la Escuela de cerámica y en el
Patronato de acción social".
Impresionante es la enumeración que
realiza el Romano Pontífice sobre los mártires españoles. En
esta misma ceremonia de 1º de octubre también se beatifican
nuevos mártires de la Revolución francesa: Juan Bautista Souzy
(1732-1794) y 63 compañeros. A ellos también los recuerda: "Esta
mañana, queridos hermanos y hermanas, nuestro pensamiento se
dirige a los sesenta y cuatro sacerdotes franceses que murieron,
junto con otros centenares, en los "pontons de Rocherfort". Como
san Pablo exhortaba a Timoteo, "combatieron el buen combate de
la fe" (cf. 1 Tm 6,12). Sufrieron un largo calvario con tal de
permanecer fieles a su fe y a la Iglesia. Si murieron, fue por
haber afirmado hasta el final su íntima comunión con el Papa Pio
VI".
El día 5 de octubre el Papa
interviene ante la asamblea general de las Naciones Unidas, en
un discurso muy pensado. Destacamos del mismo dos
interpretaciones de un pasado muy reciente, como son el
desmoronamiento del comunismo en la Europa central y oriental,
que muestra la necesidad de la libertad personal; y la
desaparición de la libertad de las naciones.
"Las dinámicas morales de la
búsqueda universal de la libertad han aparecido claramente
en Europa central y oriental con las revoluciones no
violentas de 1989. Aquellos históricos acontecimientos
acaecidos en tiempos y lugares determinados, han ofrecido,
no obstante, una lección que va más allá de los confines de
un área geográfica específica. Las revoluciones no violentas
de 1989 han demostrado que la búsqueda de la libertad es una
exigencia ineludible que brota del reconocimiento de la
inestimable dignidad y valor de la persona humana, y
acompaña siempre el compromiso en su favor. El totalitarismo
moderno ha sido, antes que nada, una agresión que ha llegado
incluso a la negación del valor inviolable de su vida".
"Por desgracia, incluso después
del final de la segunda guerra mundial, los derechos de las
naciones han continuado siendo violados. Por poner sólo unos
ejemplos, los Estados Bálticos y amplios territorios de
Ucrania y Bielorrusia fueron absorbidos por la Unión
Soviética, como había sucedido ya con Armenia, Azerbaiyán y
Georgia en el Caúcaso. Simultáneamente, las llamadas
"democracias populares" de Europa central y oriental
perdieron de hecho su soberanía y se les exigió someterse a
la voluntad que dominaba el bloque entero".
Y el peligro del momento
presente, el nacionalismo. "En este contexto es necesario
aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de
nacionalismo, que predica el desprecio por las otras
naciones o culturas, y el patriotiosmo, que es, en cambio,
el justo amor por el propio país de origen".
El año 1996 cuenta con la
beatificación de algunos mártires. El 23 de junio se desarrolla
la ceremonia en Berlín (Alemania), que el Papa visita por
primera vez después de la reunificación de 1990. Beatifica a
Bernardo Lichtenberg, sacerdote diocesano (1875-1943) y Carlos
Leisner, también sacerdote diocesano (1915-1945). En la de 24 de
noviembre, se beatifica al padre Santiago Gapp, de la Sociedad
de María (1897-1943) y a Otto Neurer, sacerdote diocesano
(1882-1940).
El 4 de mayo de 1997 tiene lugar la
beatificación de dos nuevos mártires. Uno es el obispo de
Barbastro, Florentino Asensio Barroso (1879-1936); el otro
Ceferino Giménez Malla, laico (1861-1936). Ceferino, más
conocido como "el Pelé", es el primer gitano que ha subido a los
altares. Terciario franciscano, feligrés de la parroquia de San
Francisco de Barbastro, fue asesinado por defender a un
sacerdote y negarse a dejar de rezar el rosario.
Otros dos mártires se incluyen en
este año. El primero, el 12 de octubre es Elías de Socorro
Nieves, sacerdote agustino (1882-1928). El segundo, el 9 de
noviembre, es el húngaro Vilmos Apor, obispo de Iaurinen
(1892-1945).
A finales de este año 1997 se llega
a un acuerdo entre la Santa Sede e Israel, por el cual se da un
reconocimiento jurídico a los entes religiosos. No se establecen
las relaciones diplomáticas normales por divergencias profundas,
como la del estatuto de la ciudad de Jerusalén, o el apoyo al
pueblo palestino.
El 15 de marzo de 1998 se beatifica
al primer mártir de la Europa del este que estuvo bajo el
comunismo. Es el obispo búlgaro Eugenio Bossilkov, religioso
pasionista, fusilado por el gobierno comunista de su país en
1952 por oponerse a las leyes antirreligiosas de 1947. Nacido en
Belene en 1900 y ordenado sacerdote en 1926, fue consagrado
obispo en 1947, y durante cinco años mantuvo un auténtico pulso
con las autoridades, por oponerse a las leyes antirreligiosas
dictadas por Stalin. En 1952 fue arrestado junto con otros 40
católicos, con la acusación de espionaje y subversión. Fue
sometido a torturas y, tras un proceso de sólo cuatro días, lo
condenaron a muerte .
El 10 de mayo de 1998 se beatifican
nuevos mártires españoles. En esta ocasión les toca el turno a
María Gabriela (María de Refugio Hinojosa y Naveros) (+ 1936) y
seis compañeras, monjas de la Orden de la Visitación de santa
María: María Gabriela, Teresa María, Josefa María, María Inés,
María Cecilia, María Ángela y María Engracia (+ 1936). También
lo fue María del Sagrario de san Aloisio Gonzaga (Elvira Moragas
Cantarero), carmelita descalza (1881-1936); Rita de la Virgen
Dolorosa (Rita Josefa Pujalte Sánchez) (1853-1936) y Francisca
del Corazón de Jesús (1881-1936) de la congregación de hermanas
de la Caridad del Corazón de Jesús.
Otros tres mártires suben a los
altares este año. El 24 de mayo, en Turín (Italia) Teresa
Bracco, laica (1924-1944). El 21 de junio, en Viena (Austria),
el Papa beatifica a los tres primeros vieneses, entre los que
consta la mártir María Restituta (Helena Kafka), de la
congregación de Hermanas de la Orden tercera de san francisco de
la Caridad Cristiana (1894-1943). Nació en Brno (Chequia) el 1
de mayo de 1894 y fue bautizada con el nombre de Helena. Al poco
tiempo de nacer, la familia se trasladó a Viena. En 1942, los
nazis inauguraron un nuevo sector del hospital. Al abrirlo,
vieron que en todas las habitaciones había un crucifijo, que la
hermana había colgado a escondidas. A la larga, este episodio le
costaría la cárcel y la condena a muerte. Fue ejecutada en 1943.
El tercero, que no consta
oficialmente como mártir, es el cardenal Stepinac, arzobispo de
Zagreb, beatificado en Zagreb (Croacia). El cardenal Aloisio
Stepinac (1898-1960) ha sido uno de los grandes prelados de la
Iglesia en los países excomunistas, como el cardenal Wyszynski
en Polonia, o Mindszenty en Hungría. En 1937, fue nombrado
arzobispo de Zagreb, cargo que mantuvo durante los años que pasó
en la cárcel. Durante la II Guerra Mundial sostuvo un enérgico
antagonismo con el fascismo y el comunismo, a la vez que
defendía a las minorías más perseguidas, como los judíos y los
gitanos.
El cardenal Stepinac fue
beatificado en el santuario de María Bistrica el 3 de octubre,
en el curso de la segunda visita que hizo Juan Pablo II a
Croacia. El Papa calificó a Stepinac, que sufrió prisión desde
1946 a 1961 de "bastión del catolicismo croata". También se ha
confirmado lo que se averiguó al examinar los restos mortales
del cardenal los días 22 y 23 de junio de 1993, en que se
encontraron restos de arsénico en sus huesos. Las autoridades
comunistas de entonces, temerosas de que después de la muerte
del cardenal pudieran encontrarse en sus restos evidencias del
envenenamiento, extirparon y quemaron sus órganos vitales . Un
periodista norteamericano le entrevistó en Krasic, después de su
elevación al cardenalato en 1952 –y de que Tito, el dirigente
comunista yugoslavo rompiera relaciones diplomáticas con el
Vaticano-: "Diga a todos que en esta lucha el espíritu vencerá.
Nunca en la historia de la humanidad, el materialismo ha podido
mantenerse definitivamente. Un Estado basado exclusivamente en
principios materiales no puede durar".
Ocho días más tarde, el 11 de
octubre de 1998, el Papa canonizó a Edith Stein. En la homilía
pidió que su testimonio sirviera para "hacer cada vez más sólido
el puente entre judíos y cristianos", y pidió que no se
repitieran atrocidades como el holocausto. "Por amor de Dios y
del hombre –exclamó Juan Pablo II-, elevo una vez más un grito
afligido: ¡Que nunca más se repita una iniciativa criminal
semejante para ningún grupo étnico, ningún pueblo, ninguna raza,
en ningún lugar de la tierra!" .
En vísperas del gran jubileo, un
número crecido de mártires sube a los altares. En la primera de
las seis ceremonias, el 7 de marzo de 1999, el Papa beatifica a
Vicente Soler, sacerdote O.A.R. (1864-1936); a Manuel Martín
Sierra, sacerdote diocesano (1892-1936) y a siete compañeros
O.A.R., todos ellos mártires de la cruzada.
El 7 de junio de 1999, en Torun
(Polonia), Juan Pablo II beatifica al sacerdote diocesano
Stephanus Frelichowski, mártir (1913-1945). Unos días más tarde,
en Varsovia (Polonia), a María Ana Biernacka, laica, y 104
compañeros (+ 1939-1941). Es la mayor ceremonia de beatificación
de polacos en su ya largo pontificado. Hay una variedad muy
grande de mártires en los últimos años, aunque poco a poco se
van destacando dos grupos principales, por su cantidad:
españoles y polacos.
Por fín, el 21 de noviembre de
1999, el Papa canoniza a Cirilo Bertrán y sus ocho compañeros,
siete Hermanos de las Escuelas Cristianas (+ 1934) y al
sacerdote pasionista Inocencio de la Inmaculada. Son los
primeros mártires españoles del siglo XX canonizados. Ha habido
el milagro precisado y la Sagrada Congregación para los Santos y
el Papa han estado de acuerdo en fijar una fecha antes de que
finalice este siglo y milenio. Juan Pablo II, que lleva muchos
años escribiendo y predicando sobre el año jubilar y el tercer
milenio, ha querido cerrar el siglo con una presencia muy
significativa de nuevos beatos y santos. También de los mártires
españoles bajo la segunda república, verdaderos testigos de
Cristo.
El año jubilar cuenta con la
canonización de Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros el día
21 de mayo. En su homilía, el Papa dijo entre otras cosas lo
siguiente:
"Estamos viviendo el Gran
Jubileo del año 2000. Entre sus objetivos está el de
"suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad" (Tertio
millennio adveniente, 42). Que el ejemplo de estos
nuevos Santos, don de la Iglesia en México a la Iglesia
universal, mueva a todos los fieles, con todos los medios a
su alcance y sobre todo con la ayuda de la gracia de Dios, a
buscar con valentía y decisión la santidad.
Que la Virgen de Guadalupe,
invocada por los mártires en el momento supremo de su
entrega, y a la que san José María de Yermo y santa María
Jesús Sacramentado Venegas profesaron tan tierna devoción,
acompañe con su materna protección los buenos propósitos de
quienes honran hoy a los nuevos santos y ayude a los que
siguen sus ejemplos, guíe y proteja también a la Iglesia
para que, con su acción evangelizadora y el testimonio
cristiano de todos sus hijos, ilumine el camino de la
humanidad en el tercer milenio".
El 1º de octubre de 2000, son
canonizados el sacerdote Agustín Zhao Rong (+ 1815) y 119
compañeros, mártires en China (1648-1930). Con numerosas
persecuciones, que buscan la apostasía de manera clara durante
el siglo XIX, contamos en este grupo con cinco frailes Menores
Franciscanos, mártires de Shanxi, muertos el 9 de julio de 1900;
los mártires del Hunan meridional, muertos el 7 de julio de
1900, tres frailes Menores Franciscanos y siete Franciscanas
Misioneras de María, once franciscanos chinos y tres laicos
chinos. Con la rebelión de los "Boxers", los mártires cristianos
se contaron a millares . De éstos se han canonizado a cuatro
misioneros jesuitas franceses y a 52 cristianos laicos chinos,
que sufrieron martirio en julio de 1909, la mayoría en la
iglesia del pueblo de Tchou-Kia-ho. A estos se añadirán el
obispo Luis Versiglia y el sacerdote Calixto Caravario, ambos de
la sociedad Salesiana de San Juan Bosco, asesinados el 25 de
febrero de 1930 en Li-Thau-Tseul.
El año 2001 cuenta con la
beatificación más numerosa del pontificado de Juan Pablo II, el
día 11 de marzo. Son en su mayoría personas de la archidiócesis
de Valencia, de los que suben a los altares una representación
de 233. Encabeza la relación José Aparicio Sanz, arcipreste de
Enguera y 36 sacerdotes diocesanos más de la diócesis de
Valencia y tres de la de Zaragoza; 22 mujeres y 20 hombres de la
Acción Católica. A estos se añaden 18 frailes dominicos, 4
frailes de la orden franciscana de los Frailes Menores, 6
frailes de la orden franciscana de los Frailes Menores
Conventuales, 12 religiosos de la orden franciscana de Frailes
Menores Capuchinos y 5 monjas Clarisas Capuchinas, 7 padres
jesuitas y 4 religiosos jesuitas, 88 salesianos, dos salesianas
y cinco seglares cooperadores de los salesianos, una religiosa
servita, 6 religiosas escolapias, una misionera claretiana, dos
hermanitas de los Ancianos Desamparados, tres terciarias
capuchinas de la Sagrada Familia...
Del 23 al 27 de junio de 2001, el
Papa realiza una visita pastoral a Ucrania. La había retrasado
en primer lugar por la situación en la antigua Unión Soviética,
de nuevo Rusia. En segundo lugar, por la decidida oposición de
los ortodoxos rusos. El 26 de junio beatificó a José Bilczewski
(1860-1923) y Segismundo Gorazdowski (1845-1920). José
Bilczewski nació el 26 de abril de 1860 en Wilamowice, en una
familia de campesinos. El 18 de diciembre de 1900 fue nombrado
arzobispo de Lvov. Vivió los momentos difíciles de la primera
guerra mundial. Intervino ante las autoridades civiles a favor
de polacos, ucranianos y judíos. La guerra polaco-ucraniana
(1918-1919) produjo una grave situación, con el consiguiente
asesinato de múltiples sacerdotes. La invasión bolchevique
(1919-1920) desplegó una gran crueldad contra la Iglesia
católica, que se erigió en defensora de todos. En los años
1918-1921, su archidiócesis perdió cerca de 120 sacerdotes.
Falleció el 20 de marzo de 1923 en Lvov.
El 27 de junio de 2001, fueron
beatificados Mycola Carneckj, obispo, exarca apostólico de los
ucranios de Volyn’ y Pidjasja y 24 compañeros. Entre estos se
cuentan siete obispos, algunos de la Iglesia greco-católica
ucraniana "clandestina", como Simeón Lukac (1893-1964), Basilio
Velyckovskyj (1903-1973) e Iván Slezyuk (1896-1973).
La llegada del comunismo, fruto de
la anexión de Ucrania por la Unión Soviética, supuso el inicio
de una época de catacumbas. El 8 de marzo de 1946, las cuatro
diócesis de Ucrania oriental y la Nunciatura fueron suprimidas,
lo mismo que 2772 parroquias, 4119 iglesias o capillas. Los 142
monasterios o conventos, quedaron confiscados, cerrados o
entregados a la Iglesia ortodoxa rusa. En 1950, había ocho
obispos en la cárcel, huidos o asesinados. Los más de mil
sacerdotes diocesanos que permanecieron fieles fueron asesinados
o vivían en la clandestinidad, lo mismo que los sacerdotes de
órdenes religiosas, los seminaristas y las 580 religiosas. El
desamparo de los más de cuatro millones de católicos de entonces
era evidente. La situación ha durado unos cincuenta años.
También el año 2001, se beatifica a
dos eslovacos: al obispo Pavol Peter Gojdic (1888-1960), que
sufrió durísima prisión bajo el régimen comunista y murió en la
cárcel y a Metodio Domenico Trcka (1886-1959), redentorista,
igualmente encarcelado y muerto en prisión. En la visita que
Juan Pablo II realiza a Eslovaquia, al visitar la ciudad de
Presov, rezó ante la tumba del obispo mártir en la capilla de la
catedral, donde ahora reposa.
En mayo de 2002, el Papa realizó su
tan ansiado viaje a Bugaria –y Azerbayán-. El día 26, en una
ceremonia celebrada en Plovdiv, Juan Pablo II beatificó a tres
sacerdotes búlgaros, religiosos agustinos de la Asunción,
mártires del comunismo en 1952 por su fidelidad a la Iglesia.
En la homilía, el Santo Padre
remarcó un aspecto muy interesante, teniendo en cuenta el lugar
donde se halla, de mayoría ortodoxa: el ecumenismo de los
mártires.
Tenían muy presente esta verdad
los tres sacerdotes asuncionistas, que hoy he tenido la
alegría de inscribir en el catálogo de los beatos: la causa
por la que los padres Pedro Vitchev, Pablo Djidjov y Josafat
Chichkov no dudaron en dar su vida fue la fe en Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo, fue su amor a Cristo, Hijo de Dios
encarnado, al que se entregaron sin reservas sirviendo a su
Iglesia.
El padre Josafat Chichkov
afirmaba: "Tratemos de hacer del mejor modo posible todo
cuanto esperan de nosotros para poder santificarnos", y
añadía: "Lo principal es llegar a Dios viviendo para Él,
todo lo demás es accesorio". Algunos meses antes del infame
proceso que los condenó a muerte juntamente con el obispo
Bossilkov, previendo lo que le esperaba, el padre Pedro
Vitchev escribió a su superior provincial: "Obténganos con
la oración la gracia de ser fieles a Cristo y a la Iglesia
en nuestra vida diaria, para ser dignos de testimoniarla
cuando llegue el momento". Y el padre Pablo Djidjov decía:
"Esperamos nuestro turno: que se haga la voluntad de Dios".
Pensando en los tres nuevos
beatos, siento el deber de rendir homenaje a la memoria de
los demás confesores de la fe, hijos de la Iglesia ortodoxa
que, bajo el mismo régimen comunista, sufrieron el martirio.
Este tributo de fidelidad a Cristo unió a las dos
comunidades eclesiales en Bulgaria hasta el testimonio
supremo. "Esto ha de tener un sentido y una elocuencia
ecuménicos. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es
tal vez el más convincente. La communio sanctorum
habla con una voz más fuerte que los elementos de división"
(tertio millennio adveniente, 37)".
El martirio de estos tres
sacerdotes se descubrió, como tantos otros, después de la caída
del muro de Berlín y la apertura de los archivos de los
regímenes comunistas.
4. Los procesos de los mártires
españoles en su contexto.
En el epígrafe anterior hemos dado
un repaso de los procesos de beatificación y canonización de los
mártires bajo el pontificado de Juan Pablo II, hasta el año
2002. Eso nos ha permitido ver el contexto preciso en el que
tiene lugar la culminación de los procesos de beatificación y
canonización de los mártires españoles de la guerra civil
–cruzada de liberación- de 1936-1939. Esta visión de conjunto
sirve para enfocar mejor algo que, de lo contrario, puede ser
visto de una manera tan apasionada como injusta, o en una
perspectiva que no es la que la Iglesia posee.
Esto no significa que no haya otras
perspectivas y opiniones sobre este particular. Pero las
trataremos en otro momento.
Sí deseamos en este epígrafe llamar
la atención sobre cifras y porcentajes, ya que el estudio de los
mismos nos deparará una mejor comprensión de todo lo expuesto
con anterioridad.
Lo primero que hemos comprobado es
el número elevado de beatificaciones y canonizaciones que se ha
producido durante el pontificado –hasta 31 de diciembre de 2002-
de Juan Pablo II.
En estos años, el romano pontífice
ha celebrado 48 ceremonias de canonización, de las que 35 han
sido en el Vaticano y 13 en otros lugares, con un total de 464
canonizaciones. De éstos, son santos contemporáneos 298
mártires. Sólo se ha canonizado mártires de la guerra civil de
1936-1939 en una ocasión, el año 1999, en número de nueve.
Comparados con los 101 coreanos, 17 filipinos, 117 vietnamitas,
25 mexicanos o 120 chinos, se trata de una cifra modesta.
Modesta pero significativa. Al lado de personalidades tan
relevantes como san Maximiliano María Kolbe o Edith Stein, los
mártires españoles son el grupo más numeroso de europeos del
siglo XX canonizados.
Las ceremonias de beatificación han
sido más numerosas. Desde el inicio de su pontificado hasta 31
de diciembre de 1999, Juan Pablo II celebró 68 ceremonias en
Roma y 50 fuera.
El número de ceremonias en que se
beatifican a mártires contemporáneos es muy numeroso. Hasta 31
de diciembre de 1999, 36. De estas, solo en ocho ocasiones se
beatifica a españoles mártires del siglo XX. Y la primera vez
que esto sucede es en 1987, cuando ya se han celebrado cuatro
ceremonias de mártires contemporáneos. Además, las
beatificaciones parecen tener una cadencia: 1987, 1989, 1990,
1992, 1993, 1995, 1997, 1998, 1999, 2001. Aunque no tienen lugar
todos los años, debido también a su acumulación, es evidente que
se trata de uno de los martirologios más numerosos de todo el
siglo XX. Por otra parte, resulta patente que la reapertura de
los procesos que se llevó a cabo por parte de Juan Pablo II al
comienzo de su pontificado, hace que estos se vayan estudiando y
cerrando progresivamente. Los concluidos son, de momento, una
muestra amplia y variada, pero solo una muestra. Esperamos, a la
vista de los procesos comenzados, una auténtica eclosión de
beatificaciones en las próximas décadas.
En segundo lugar, conviene observar
con atención la selección realizada. Si aparecen numerosas
órdenes religiosas representadas, también lo hacen los
sacerdotes y seminaristas, aunque no de todas las diócesis. Sólo
se ha procedido a beatificar a un grupo relativamente abultado
de mártires de la archidiócesis de Valencia y de la diócesis de
Barbastro. Esta última, en proporción a los habitantes, es la
que más sufrió de toda España.
Dentro de esta selección de
martirios, nos llama la atención el número de los obispos que ya
han sido beatificados, cuatro, lo cual se comprende bien si
tenemos presente que ahora la iniciativa de los procesos reside
en el obispo diocesano. En 1993 se elevó a los altares a Diego
Ventaja, obispo de Almería y a Manuel Medina, obispo de Guádix.
En 1995 a Anselmo Polanco, obispo de Teruel. En 1997, a
Florentino Asensio, obispo de Barbastro.
En tercer lugar, hay que señalar un
dato muy interesante, y es el carácter de persecución religiosa
que tuvo la segunda república española, que comenzó con las
quema de iglesias y conventos en mayo de 1931, y dio los
primeros mártires en la revolución de octubre de 1934. Son los
revolucionarios marxistas –socialistas y comunistas- los que
persiguen a los sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos
–además de quemar toda suerte de edificios eclesiásticos-. Quedó
muy claro cuáles eran sus intenciones en caso de llegar al poder
por la vía revolucionaria. Durante la guerra civil los
anarquistas se sumaron a este odio hacia la Iglesia católica y
sus miembros más destacados. Estos mártires de la revolución
marxista de 1934, beatificados en abril de 1990, han sido
canonizados en noviembre de 1999. Son los únicos españoles
martirizados durante el siglo XX que han sido canonizados, lo
que prueba la existencia de un milagro debido a su intercesión.
En cuarto lugar, podemos analizar
los lugares donde han tenido lugar las diferentes ceremonias de
beatificación y canonización. Podemos comprobar que el Papa Juan
Pablo II no ha dudado en viajar a naciones donde era muy
peligroso realizar una ceremonia de este tipo, algo que muchos
en su día desaconsejaron. Así en Polonia. El transcurso de los
años, sin embargo, ha demostrado que los nuevos santos han sido
la mejor siembra. Y que esas ceremonias de beatificación o
canonización han removido a muchas personas. Pero también se han
celebrado otras ceremonias en naciones que podemos calificar
como tierra de misión. En el caso de los mártires españoles, tan
numerosos, comprobamos que ninguna ceremonia ha tenido lugar en
nuestra patria, España. Hemos mencionado someramente la frialdad
y desprecio con que el gobierno del P.S.O.E. acogió la primera
beatificación de los mártires españoles, lo que no cambió con el
paso de los años. Con la subida al poder del Partido Popular en
1996 tampoco se ha dado este caso.
Respecto de las cifras de mártires
beatificados durante el pontificado de Juan Pablo II, ocupan el
primer lugar los españoles, con un total hasta 2002 de 467; a
continuación vienen los franceses bajo la revolución francesa,
183; después los polacos, 111; los cristeros mexicanos, 25 y los
ucranianos, otros 25. Si nos ceñimos estrictamente al siglo XX,
tenemos a los 467 españoles a los que siguen los 111 polacos. Es
inútil llamar la atención de lo abultado de la cifra de los
mártires españoles sobre el resto. Ellos solos superan al resto
de mártires beatificados en este periodo.
5. Una nueva evangelización.
Es vivo el deseo del Papa de
reevangelizar Europa. La Europa del oeste, pero también la
central y la oriental. En el Consejo de las Conferencias
Episcopales de Europa, 11 de octubre de 1985, dijo: "Para esta
misión sublime de hacer florecer una edad nueva de
evangelización en Europa, se requieren hoy evangelizadores
particularmente preparados. Se necesitan heraldos del Evangelio
expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del
hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, angustias y
tristezas y al mismo tiempo sean contemplativos enamorados de
Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Debemos suplicar al
Señor que aumente el espíritu de santidad de la Iglesia y nos
mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy".
Los mártires son un ejemplo eficaz
para todos nosotros. Y en este siglo XX la Iglesia ha vuelto de
nuevo a ser "Iglesia de mártires". El Papa había recomendado en
su encíclica Tertio millennio adveniente que las Iglesias
locales hicieran todo lo posible "por no perder el recuerdo de
quienes han sufrido el martitio, recogiendo para ello la
documentación necesaria". Además, reconoce que en estos años se
han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones. "Ellas
manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales, mucho más
numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio.
El mayor homenaje que todas las Iglesias tributarán a Cristo en
el umbral del tercer milenio, será la demostración de la
omnipotente presencia del Redentor mediante frutos de fe,
esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y
razas, que han seguido a Cristo en las distintas formas de la
vocación cristiana" .
De alguna manera los mártires
colaboran activamente en esta nueva evangelización. Incluso son
uno de los agentes. En efecto, no puede por menos de ser ya
perfecta la comunión que se realiza "en los que todos
consideramos el vértice de la vida de gracia, la martyría
hasta la muerte" (Ut unum sint, 84). Esta es "la comunión
más auténtica que existe con Cristo, que derrama su sangre y, en
este sacrificio, acerca a quienes un tiempo estaban alejados
(cf. Ef 2,13)" .
Frente a los que han pretendido
descristianizar a Polonia dirá el Papa en junio de 1999, con
palabras de Piotr Skarga: "Esta vieja encina ha crecido así y no
la ha abatido ningún viento porque su raíz es Cristo". "Es
imposible entender sin Cristo a esta nación, con un pasado tan
espléndido y al mismo tiempo tan terriblemente difícil". Y en
ese mismo viaje a su tierra natal, en Varsovia, añade: "No es
posible entender sin Cristo la historia de la nación polaca...
Si rehusamos esta clave para la comprensión de nuestra nación,
nos exponemos a un equívoco sustancial: no nos comprenderemos
entonces a nosotros mismos".
No cuesta mucho cambiar Polonia por
España y Varsovia por Madrid. Muchos han sido los que han
perseguido a la Iglesia en este siglo XX. "Los santos de nuestro
siglo han sido en gran parte mártires. Los regímenes
totalitarios, que han dominado en Europa en la mitad del siglo
XX, han contribuido a incrementar su número". "Se ha tratado de
verdaderos mártires. Baste recordar las figuras del padre
Maximiliano Kolbe y de Edith Stein y, aún antes, aquéllas de los
mártires de la guerra civil en España" . Todos estos mártires
están "en la base de un mundo nuevo, de la nueva Europa y de la
nueva civilización" . Muchas ideologías que parecían
inamovibles, se han ido derrumbando. Caen los sistemas paganos o
paganizantes que han abominado de Dios y de su Iglesia
–masónicos, marxistas, nacionalsocialista-.
En muchos lugares del mundo siguen
muriendo mártires multitud de católicos. Su número es elevado,
aunque no lo registren los medios de comunicación. Sin embargo,
en el mundo "civilizado", es más frecuente que la persecución
abierta haya cedido en beneficio de la apostasía inducida. Es lo
que está sucediendo en las últimas décadas en nuestra patria,
España.
En la audiencia general de 13 de
agosto de 1986 dijo el Papa explicando el Padrenuestro: "no nos
dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno. Haz,
oh Señor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos
seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo".
En el libro Cruzando el umbral
de la esperanza, comentando la caída del comunismo, abstrae
para ver cuáles son las raíces de tanto mal y su
responsabilidad. "El responsable es el hombre; son los hombres,
las ideologías, los sstemas filosóficos. Diría que el
responsable es la lucha contra Dios, la sistemática eliminación
de cuanto hay de cristiano; una lucha que en gran medida domina
desde hace tres siglos el pensamiento y la vida de Occidente. El
colectivismo marxista no es más que una "versión empeorada" de
este programa. Se puede decir que hoy semejante programa se está
manifestando en toda su peligrosidad y, al mismo tiempo, con
toda su debilidad" .
Y continúa su exposición afirmando
que Dios es fiel a su Alianza, una Alianza que selló con la
humanidad en Jesucristo. Y hace dos preguntas que resultan
sumamente interesantes y que servirán para poner punto final a
esta reflexión: "¿Cederá el hombre al amor de Dios, reconocerá
su trágico error? ¿Cederá el príncipe de las tinieblas, que es
"padre de la mentira" (Juan 8,44), que continuamente acusa a los
hijos de los hombres como en otro tiempo acusó a Job? (cfr. Job
1,9 y ss.)" . En el fondo, aparece el demonio como el causante
de los males, inductor de la descristianización que se observa
desde hace varios siglos en Europa. De ahí esa furia
anticristiana de algunos sistemas filosóficos y políticos
–liberalismo político, socialismo, comunismo, anarquismo,
fascismo, nacionalsocialismo...-, común a paganos y herejes
-también del fundamentalismo islámico que no deja de ser una
secta...-, y la cantidad de mártires que han producido.
Ya lo había indicado san Ireneo de
Lyon: "Porque éste es el blanco del que envidia nuestra vida:
hacer a los hombres incrédulos de su salvación y blasfemos
contra Dios, su creador" .
Los mártires escogieron bien.
Sus verdugos y los que censuran a
los mártires, han escogido al Maligno, que no es más que un
perdedor envidioso.
·- ·-· -··· ·· ·-·
Martín Ibarra Benlloch
Notas
1) Catecismo de la Iglesia
Católica, n. 2473.
2) Aparece un estracto en Palabra, 188 (IV-1981) p. 35. El
artículo completo en Palabra, 195 (XI-1981).
3) Palabra, 159 (XI-1978) pp. 480-481.
4) Juan Pablo II, Viaje apostólico a extremo oriente, Bac
popular, Madrid 1981.
5) Palabra, 201 (V-1982) p. 220.
6) El Alcázar, 18-X-1983.
7) Las primeras en ser beatificadas, en 1906, fueron las 16
carmelitas de Compiègne. En 1920, lo son 14 religiosas de
Valenciennes. En 1925, 32 religiosas de Bollène. En 1926, 191
mártires ejecutados en el convento del Carmelo el 2 de
septiembre de 1792, y Noël Pinot, sacerdote angevino. En 1934,
Pierre-René Rogué. Finalmente, en 1955, los 19 mártires de Laval.
Un estudio excelente sobre este asunto es el de Jean de Viguerie,
Cristianismo y revolución. Cinco lecciones de historia de la
Revolución Francesa, edic. Rialp, Madrid 1991 (traducción del
original christianism et révolution. Cinq Leçons d'histoire de
la Révolution Française, Nouvelles Editions Latines, París
1986).
8) Cfr. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, edit.
Plaza y Janés, Barcelona 1994, pp. 68-69: "Estamos en los
tiempos en que en Francia el protagonista es el iluminismo, una
doctrina con la que se lleva a cabo la definitiva afirmación del
puro racionalismo. La Revolución francesa, durante el Terror,
derribó los altares dedicados a Cristo, derribó los crucifijos
de los caminos, y en su lugar introdujo el culto a la diosa
Razón, sobre cuya base fueron proclamadas la libertad, la
igualdad y la fraternidad. De este modo, el patrimonio
espiritual, y en concreto el moral, del cristianismo fue
arrancado de su fundamento evangélico, al que es necesario
devolverlo para que reencuentre su plena vitalidad".
9) Jean Dumont, "Genocidio de los católicos en su historia",
Verbo, I-II-1987, p. 79.
10) Palabra, 262 (V-1987) p. 38.
11) Cfr. Palabra, 241-212 (VIII-IX-1985) p. 9.
12) Palabra, 262 (V-1987) p. 12. En la página web del Vaticano,
sección de la Oficina de las celebraciones litúrgicas del Sumo
Pontífice, en la entrada "Capilla papal presididda por el Santo
Padre Juan Pablo II para la beatificación de los siervos de Dios
José Aparicio Sanz presbítero y 232 compañeros presbíteros,
religiosos y religiosas y laicos mártires", se cita la siguiente
bibliografía: "Sobre esta persecución son esenciales la obra de
Antonio MONTERO MORENO, Historia de la persecución religiosa en
España. 1936-1939 (Madrid, BAC, 1960, reimpresa en 1999) y los
libros de Vicente CÁRCEL ORTÍ, La persecución religiosa en
España durante la Segunda República (1931-1939) (Madrid, Rialp,
1990), Mártires españoles del siglo XX (Madrid, BAC, 1995), Buio
sull'altare. La persecuzione religiosa spagnola, 1931-1939
(Roma, Città Nuova, 1999), La gran persecución. España 1931-1939
(Barcelona, Planeta, 2000), Mártires del siglo XX. Cien
preguntas y respuestas (Valencia, Edicep, 2001) y Persecuciones
religiosas y mártires del siglo XX (Madrid, Palabra, 2001).
Sobre los de Valencia cf. V. CÁRCEL ORTÍ y R. FITA REVERT,
Mártires valencianos del siglo XX (Valencia, Edicep, 1998)".
13) A.A.S. 81 (1989) 121-131. Cfr. F. Piélagos, Vida y
testimonio. Homenaje a los 26 mártires Pasionistas de Daimiel
(1936) en su beatificación por Juan Pablo II el 1 de octubre de
1989, Zaragoza, PP. Pasionistas, 1989.
14) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, n. 27.
15) Aunque discrepamos de algunos enfoques, resulta esclarecedor
el libro de Pío Moa, Los orígenes de la guerra civil española,
Ediciones Encuentro, Madrid 1999. Después de leerlo, caen por
los suelos los eslóganes socialistas de estos años y sus
protestas de partido pacífico y pacifista.
16) Cfr. G. Redondo, Historia de la Iglesia en España 1931-1939.
Tomo I. La segunda república (1931-1936), edic. Rialp, Madrid
1993, p. 113.
17) En 1935 comenzó la segunda guerra cristera, con un final
igualmente lamentable. Dolido con los comentarios de prensa
aparecidos, Eugenio Vegas Latapié escribía en el prólogo a una
novela: "¡Qué nos importa que un poder tiránico sojuzgue a un
pueblo, persiga y asesine a sus sacerdotes, destruya los
templos, deshaga hogares y prepare conscientemente la
sistemática corrupción de la infancia y de la juventud! ¡Qué nos
importa que, cuando nuestros hermanos los católicos mexicanos,
en cumplimiento de sagradas obligaciones, se vieron forzados a
lanzarse al campo para defender virilmente la fe de sus hijos y
los derechos imprescriptibles de la Religión y de la Patria,
carecieran de armas, de dinero e incluso de apoyo moral! El
mundo católico contempla insensible el martirio de un pueblo
creyente, y desde las columnas de sus rotativos, servido por el
sectarismo de las agencias yanquis, califica de "bandidos" y
"criminales" a los héroes de la epopeya que con su sangre
generosa están escribiendo en estos momentos los católicos
mexicanos", Eugenio Vegas Latapié, Escritos políticos, Madrid
1940, p. 217.
18) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, nn. 32, 33.
19) Cfr. Palabra, 402 (III-1998) p. 23.
20) Cfr. Palabra, 410 (X-1998) p. 6 ss.
21) Palabra, 411 (XI-1998) p. 22.
22) El 21 de septiembre de 1898 se da un golpe de Estado en
China, promovido por diversas sociedades secretas. La más
importante es la del "Puño por la justicia y la unión", que fue
llamada Bóxer. "Su programa de acción estaba constituido por el
fanatismo religioso orientado contra el cristianismo y el ataque
tumultuoso a las máquinas", en J. Paredes (coor.), Historia
universal Contemporánea. I. De las Revoluciones liberales a la
Primera Guerra Mundial, ed. Ariel, Barcelona 2002 (2ª reimpr.),
p. 398.
23) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, n. 37.
24) Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 84. Juan Pablo II, homilía
en la beatificación de tres sacerdotes agustinos de la Asunción,
en Plovdiv (Bulgaria), el 26 de mayo de 2002.
25) Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, p. 179.
26) Ibid., p. 180.
27) Ibid., p. 141.
28) Ibid., p. 144.
29) Ireneo de Lyon, adu. Haer. IV,praef.3. |