Cataluña tierra de santos y de mártires


En vísperas del viaje del Papa a Cataluña os dejo una conferencia que pronuncié hace siete años en aquella hermosa tierra catalana. Dios quiera que la visita papal haga renacer la santidad en Cataluña. Una santidad que fue consustancial a ella.

Desde 2003 han llegado más santos catalanes a los altares y muchos más están en puertas. Considerad a los nuevos beatos incluidos en esta lista. Y también a ese arquitecto santo cuyo templo genial viene a consagrar el Papa.

Francisco José Fernández de la Cigoña - (Sentmenat, 18-V-2003)


…..] Los santos de Cataluña del siglo XX. Los innumerables santos catalanes del siglo XX. Acaba de estar entre nosotros Juan Pablo II para canonizar a cinco beatos españoles. Ninguno era en esta ocasión catalán: tres andaluces, Sor Ángela de la Cruz y los Padres Rubio y Poveda, una valenciana, la Madre Genoveva Torres y otra madrileña, Santa Maravillas de Jesús. Y pocas veces un nombre respondió tanto a la verdad como el de esta carmelita, la Madre Maravillas, que en verdad nos mostró las maravillas de Jesús. Mártir lo fue el P. Poveda. Pero ya antes que él había llegado a esa definición solemne, un humilde y desconocido hermano de las Escuelas Cristianas, Jaime Hilario Barbal y Cosat, nacido en Enviny, Pallars Sobirà, en 1898, y asesinado cuando aun no había cumplido los cuarenta años. Fue el primer catalán santo de la Cruzada de 1936, yo prefiero decir que fue el primer español, nacido en Cataluña, mártir en la Cruzada de 1936.

Tras él vendrán innumerables. El obispo de Barcelona, monseñor Irurita con 279 sacerdotes de su clero diocesano. Y 194 sacerdotes de Gerona. Y al obispo de Lérida, monseñor Huix con 270 de sus sacerdotes, muchos más de la mitad de los que tenía la diócesis que, después de la de Barbastro, fue la más masacrada de España. De cada cien sacerdotes, asesinaron a sesenta y seis. Y 60 de Solsona. Y 131 de Tarragona, encabezados por su obispo auxiliar monseñor Borrás. Y 316 de Tortosa, la tercera de las diócesis de España en el cuadro de honor de las más gloriosas pero también, para vergüenza de sus hijos, donde hubo más asesinos. En Tortosa, de cada cien sacerdotes sólo asesinaron a sesenta y dos. Y 109 sacerdotes de Urgel. Y 177 de Vich.

¿Os dais cuenta de que hablo de más de 1500 sacerdotes asesinados en Cataluña? ¿Sabéis, vivís con el orgullo, con el santo orgullo de que tenéis a más de 1500 santos en el cielo? ¿Qué si hay justicia eclesial el santoral terminará lleno de nombres catalanes? ¿Qué el cielo está lleno de santos sacerdotes de Cataluña?

Y no he hablado de los religiosos. Sólo de la diócesis de Barcelona, e incluyendo alguno extradiocesano que se encontraba de paso en ella, fueron asesinados 12 agustinos; 23 benedictinos, casi todos ellos de Montserrat; 1 camilo; 27 capuchinos, en su mayoría de Sarriá; 15 carmelitas descalzos; 4 carmelitas calzados; 3 hermanos terciarios carmelitas; 6 cartujos de Tiana; 28 jesuitas; 10 dominicos; 60 escolapios; 7 franciscanos; 6 franciscanos menores conventuales; 42 hermanos de las Escuelas Cristianas; 46 gabrielistas; 91 maristas; 2 mercedarios; 3 mínimos; 36 claretianos; 3 misioneros del Sagrado Corazón; 3 misioneros de los Sagrados Corazones; 4 misioneros de los Sagrados Corazones del mallorquín P. Roselló; 4 operarios diocesanos; 9 oratorianos; 3 paúles; 4 pasionistas; 17 hijos de la Sagrada Familia; 21 salesianos; 9 religiosos de San Pedro ad Vincula; 29 hermanos de San Juan de Dios; 9 hermanos de la Caridad de la Santa Cruz; 1 trinitario. Que suman más de 500.

Y sin salir de la diócesis barcelonesa y en el colmo de la barbarie asesina: 2 carmelitas de la Caridad; 4 carmelitas terciarias descalzas (del P. Palau y Quer); 2 de la Compañía de Santa Teresa; 3 religiosas de la Divina Pastora; 1 dominica; 2 beatas dominicas; 5 dominicas de la Anunciata; 1 hermana de la Doctrina Cristiana; 2 hijas de la Caridad; 2 salesianas; 2 franciscanas de la Misericordia; 1 franciscana de la Natividad; 1 franciscana de los Sagrados Corazones de Jesús y María; 1 religiosa del Inmaculado Corazón de María; 9 mínimas; 2 misioneras de la Inmaculada; 5 reparadoras y 1 hermana de San José. Un total de 46 monjas, de 46 santas e inofensivas mujeres. Sólo en la diócesis de Barcelona.

La estadística de los seglares mártires, de los seglares asesinados sólo por católicos, por odio de los asesinos a Dios y a la Iglesia, es imposible de hacer. Imaginárosla a tenor del número de los consagrados. Resumámoslos en las hermosas figuras de dos jóvenes. El ya beato Francisco Castelló Aleu, elevado a los altares por Juan Pablo II en 2001, asesinado en Lérida, químico de 22 años, que dejó tres emocionantes cartas a su novia, a su familia y a su director espiritual que reflejan la hermosura de su alma y su vivir cristiano. Y el barcelonés Juan Roig Diggle, asesinado cuando aun no había cumplido veinte años por su militancia católica y con su proceso de beatificación ya muy avanzado. Pedid a Dios por su intercesión que la juventud de hoy recobre los valores cristianos que hicieron que Francisco Castelló y Juan Roig no vacilaran en ofrecer a Dios sus jóvenes vidas antes que renunciar a ellos.

Sé que faltan nombres. Sé que es lo más impropio de una conferencia, por lo monótono y reiterativo. Sé que me estoy pasando del tiempo. Lo sé. Pero os voy a recitar una letanía, una letanía de santos, de nombres catalanes, de pueblos catalanes. En honor de Dios y de sus santos. Os pediría que tras cada nombre dijerais, en súplica emocionada, rogad por nosotros. No es posible. Hacedlo mentalmente. Qué todos rueguen por nosotros. Beatos claretianos Miquel; de Prades de la Molsosa; Sorribes, de Rocafort de Vallbona; Dalmau, de Miralcamp; Casadevall, de Argelaguer; Codina, de Albesa; Roura, de Sorts; Falgarona, de Argelaguer; Baixeres, de Castellterçol; Codinachs, de Santa Eugenia de Berga; Badia, de Puigpelat; Oromo, de Almatret; Brengaret, de Sant Jordi Desvalls; Ros, de Torms; Escalé, de Fondarella; Lladó, de Viladasens; Masferrer, de Sant Vicenç de Torelló; Torras, de Sant Martí Vell; Massip, de Llardecans; Cunill, de Vich; Illa, de Bellvís; Novich, de La Cellera; Pigem, de Vilobí d’Onyar; Riera, de Ribes de Fresser; Capdevila, de Maldá; Clarís, de Olost, martirizados todos en Barbastro; Beatos escolapios Canadell, de Olot; Carceller, de Forcal; Casanovas, de Igualada; Cardona, de Vallibona; Beatas Hermanas de la Doctrina Cristiana Isabel Farré, de Vilanova y La Geltrú; María de la Asunción Mongoche, de Ulldecona; María de Montserrat Llimona, de Molins de Rey; Maria dels Socors Jiménez, de Sant Martí de Provençals; María dels Dolors Saurí, de Barcelona; Beatos Hermanos de San Juan de Dios Llauradó, de Reus; Roca, de Sant Sadurní d’Anoia; Brun, de Santa Coloma de Farners; Roca, hermano del anterior de ese apellido, de Molins de Rey; Forcades, de Reus; Ponsa, de Moyá; Burró, de Barcelona; Cubells, de Coll de Nargó; Borrás, de Sant Jordi; Beatos Operarios Diocesanos Perulles, de Cornudella de Montsant; Sala, de Ponts; Beata Teresiana Mercedes del Sagrado Corazón Prat, de Barcelona... Beatos de Cataluña que habéis llenado el cielo de catalanidad, que no de catalanismo, mirad a esa Cataluña donde nacisteis y mostrándole a Cristo vuestra sangre gloriosa conseguid de El que vuelva a posar sus ojos, amorosamente, en esta tierra de santos, que tantos, a lo largo de tantos siglos, con tanto empeño y a veces con tanta sangre, quisieron para Dios.

El sacerdote, hoy ya beato, era valenciano. Pero, hermano en el martirio de todos los sacerdotes de España, bien pueden sus últimos versos, en la víspera de su asesinato, ponerse en voz de todos aquellos que morían por Cristo:

"Tú que el ejemplo de morir nos diste;

Tú, que has sido Maestro de humildad;

Tú, que la muerte más cruel sufriste,

Dame, Señor, serenidad"

Pero, pedía más. No una ática sofrosine por encima del bien y del mal que hiciera mirar con indiferencia la muerte. Esa muerte no era un episodio que había que superar serenamente. Esa muerte era una muerte por amor. Si no hubieran amado tanto, no hubieran muerto así.

"Que cada bala que en mi cuerpo claven

más me aproxime a Ti, Señor;

mis heridas sean bocas que te alaben

con el místico fuego de tu amor."

Miles de bocas murieron diciendo ¡Viva Cristo Rey! Y miles de bocas abiertas en los cuerpos por las balas asesinas dijeron a Dios que le amaban. Que le amaban sobre todas las cosas. Que le amaban mucho más que a la propia vida.

Cuántos de esos jóvenes catalanes, algunos casi niños, beatos de Cataluña y de Dios murieron asesinados en Barbastro. Yo, y todos debéis tenerla, tengo por esa diócesis, humilde y montañesa, una predilección especial. No me mueve a ello la sangre o el nacimiento, me mueve sólo el considerar que ha sido la diócesis más mártir de España. Más todavía que Lérida y Tortosa. La diócesis que demostró más amor a Jesucristo.

Os lo he contado ya pero quiero de nuevo repetirlo ante todos estos claretianos catalanes asesinados en Barbastro, hoy beatos de Nuestra Santa Madre Iglesia. Lo que pasó, yo me lo imagino así. Un día veraniego en el cielo. Un angelito travieso que se había encaramado a una nube lejana vio acercarse una interminable procesión de gentes. No era a lo que estaba acostumbrado. La gente llegaba normalmente de uno en uno, si alguna vez en grupo, estos no solían ser numerosos. Volvió la cabeza hacia la ciudad celestial y le pareció notar una agitación desusada. Y vio que Cristo se acercaba a la puerta en tarea que habitualmente desempeñaba San Pedro. Cristo, que solía llevar una túnica de un blanco deslumbrante, vestía en aquella ocasión otra de un rojo intensísimo. Ya en la puerta, Jesús vio como la comitiva se acercaba. A su frente, con la mitra en la cabeza, un obispo, todavía relativamente joven, que en vez de báculo llevaba en su mano derecha una hermosa palma, tras él, su cabildo catedralicio, todos también con la palma en sus manos. Y después, los párrocos. Todos los párrocos de su diócesis, cada uno con su palma. Como era una diócesis rural y pirenaica, venían todos con los rostros curtidos de soles y nieves, tal vez no delataban sus caras unas inteligencias superiores pero todos venían sin un solo pecado. Siguiéndoles, vicarios y coadjutores. Todos con la casulla roja y la palma en la mano. Y hubo alguien, o bastantes, hijos de aquellas tierras duras y pobres, llegados al cielo antes, desde Boltañá y Ainsa, Benasque, Bielsa o Graus, o desde otras aldeas más perdidas y más pobres, que se preguntaban como aquellas ajadas vestiduras que recordaban de sus iglesias resplandecían hoy al sol con esos rojos tan vivos. Y después los seminaristas. Los diáconos con sus dalmáticas rojas, los otros, casi niños, con sus roquetes blancos sobre la sotana negra. Y también, todos, con la palma. Les seguían los religiosos: los claretianos de Barbastro, todos, la inmensa mayoría con veinte años apenas cumplidos, catalanes, tantos; los benedictinos del Pueyo, los escolapios de la capital.... Los seglares a continuación. Aquí el atuendo variaba, si todos acudían con sus mejores galas, los había con trajes de costosa factura o con aquellos otros, mucho más humildes, con los que los pobres habían vestido sus más solemnes días, sobre todo el de la boda... Y entre estos, orgulloso con su palma, su traje de boda y su sangre gitana, aquel que llamaban El Pelé...

Conforme se acercaban al cielo comenzaron a oírse sus cánticos y a distinguirse sus rostros. Denotaban éstos la inmensa felicidad de los que habían corrido bien la carrera y llegaban triunfadores a la meta. Y sus voces decían, aseguraban, proclamaban: Cristus vincit, Cristus, regnat, Cristus, imperat. Y según se acercaban a las puertas del cielo sus ecos eran más firmes, más triunfales, más atronadores.

Cristo, en la puerta parecía emocionado. Llegó el obispo y lo apretó en estrechísimo abrazo. Como a los canónigos, a los sacerdotes, a los religiosos... Y cuando llegaron aquellos chicos, de tan pocos años, seminaristas y novicios, dicen los que estaban más cerca de El que una lágrima de amor y de agradecimiento corrió por sus divinas mejillas. Y que cuando le tocó la vez al gitano, que le había confesado delante de los hombres, el abrazo fue si cabe más apretado, más amoroso.

Estoy seguro de que fue así. No sería Dios si no hubiera sido así.

Pero vayamos al terreno de los historiadores. Nos detendremos sólo un momento en esta verdaderamente, por su martirio, Santa Iglesia de Barbastro. Fue asesinado el 87,8% de su clero secular –de cada cien sacerdotes mataron a ochenta y ocho y prácticamente a todo el regular. Y, ya en el colmo de la barbarie, a su obispo, monseñor Asensio, lo castraron antes de asesinarle. Sin anestesia, como a un cochino. Y con andares vacilantes y entre tremendos dolores caminó al lugar del martirio. ¿Quién nos ha pedido perdón? ¿Qué hijo de mala madre se atreve a decirnos que le hemos de pedir perdón?

Pero no es este lugar de reivindicaciones sino de proclamación de gloriosas andaduras eclesiales. Santos gloria de Cataluña. Santos gloria de España. Santos gloria del Cielo.

Y ahora, después de la gloria, descendamos a la dura situación actual. Esta tierra de santos se ha convertido, en el día de hoy, en la región más secularizada de España, donde hay menos cumplimiento dominical, donde hay menos vocaciones sacerdotales, donde menos se pone la cruz a favor de la Iglesia católica en las declaraciones de la renta... Según los datos de este año de 2003, si en Barcelona hay 61 seminaristas, cifra no muy entusiasmante pero que no es un baldón para el cardenal Carles –ocupa el séptimo lugar por número de seminaristas entre las diócesis de España, después de Madrid, Toledo, Valencia, Getafe, Sevilla y Cartagena-, Gerona tiene 6 seminaristas; Lérida, 2; Solsona, 5; Tarragona, 8; Tortosa, 9; Urgel, 5 y Vich, 2. Y este curso 2002-2003, salvo los 15 nuevos seminaristas que ingresaron en Barcelona, en Solsona y Urgel sólo ingresaron 3, en Gerona y Tortosa, 2; en Tarragona, 1 y, ninguno, en Lérida y Vich.

El panorama es aterrador. Y tengo para mí que lo ha provocado el catalanismo, el nacionalismo "exacerbado" en terminología de Juan Pablo II, que no ha confundido religión y política sino que ha puesto a la religión al servicio de la política en una inversión radical de lo que habían sido los principios cristianos que siempre habían puesto a la política al servicio de la religión.

Porque no es posible que se pueda mantener por mucho tiempo, por brillantes y embaucadores que sean los misioneros de la idea, que Jesucristo vino al mundo para imponer la lengua catalana, que no se puede ser buen católico sin ser catalanista, o que era Cataluña, y no la palabra de Cristo, lo que había que predicar a todas las generaciones. Y lo mismo cabe decir del nacionalismo vasco. Por mucho que le pese a ese obispo ya en vísperas de la jubilación que es Juan –perdón, Joan-, Carrera Planas o a su todavía más impresentable hermano, el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién.. ¿O hay algo más en apoyo de lo que sostenemos que aquellos seminarios de las Vascongadas, con mil seminaristas, más o menos en cada uno de ellos, tengan hoy, el de Vitoria, 2 seminaristas y ningún ingreso en el presente curso; 10 seminaristas el de Bilbao, con un solo ingreso en este curso 2002-2003; y 10 el de San Sebastián, con dos ingresos?

Es como si por donde hubiera pasado esa Iglesia nacionalista hubiera desaparecido la religión.

Termino. Encomendándome a un santo ya del siglo XXI. Yo, que ya soy mayor, no sé si lo veré en los altares con mis ojos terrenales. Seguro estoy que si no lo veo aquí, lo veré, también con inmensa alegría, con los ojos del cielo, donde espero estar, no por mis pobres méritos sino por la infinita misericordia de Dios. Los jóvenes que hoy me escucháis seguro que estaréis en su gozosa beatificación.

Para que Cataluña siga siendo la tierra de santos que ha sido, desde tu Sentmenat soñado y amado, queridísimo José María Alba Cereceda, sacerdote de Jesucristo, hijo de la Compañía de Jesús, fundador de los Misioneros y de las Misioneras de Cristo Rey, San José María Alba seguro que muy pronto, ruega por tu España católica, ruega por tu Cataluña católica, para que vuelva a ser tierra de santos, ruega por nosotros.

Amén.  Amén.  Amén.

Francisco José Fernández de la Cigoña

(Sentmenat, 18-V-2003)