(De Alfa y Omega, Nº 598,  19.06.08)

Casi un centenar de mártires catalanes, hacia la beatificación

 

Jóvenes y mártires

 

 

La Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña estaba compuesta por 18.000 jóvenes, los de menos edad contaban con 14 años. De diversas profesiones y grupos de fe, eran laicos, y lo que les unía era el deseo de ser santos en medio del mundo. En los años 30 mataron a muchos de ellos de distintas maneras, por el simple hecho de ser católicos.

 

Escribe el Presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos

 

La Causa de beatificación de J.M. Armengol y compañeros de la Federació de Joves Cristians de Catalunya es única en el mundo. Nunca se han viso tantos laicos y tan jóvenes en un martirologio, que es realmente impresionante por el número y la juventud de sus integrantes.

 

La Federació sumó en menos de seis años 18.000 inscritos, en 358 grupos de jóvenes

y en 226 de niños, todos ellos de espiritualidad seria y profundamente eucarística.

 

Sucedía en los años 30 del siglo pasado, en una época en la que, como lloraba el ya Beato doctor Pere Tarrés, niños y jóvenes se prostituían a menudo por un par de cigarrillos y la persecución religiosa empezaba a arreciar virulentamente en España.

Me he fijado especialmente en dos de ellos, siguiendo el tradicional corporativismo de que gozamos los médicos.

 

Joan Giribert era un chico soltero que trabajaba en el Hospital de Cervera, de las Misioneras del Corazón de María. No tenía facilidad de palabra, pero era un buen peón y un buen ejemplo para los que le rodeaban, caritativo y piadoso. Al estallar la guerra, el hospital fue asaltado y se llevaron a los religiosos enfermos, a Joan y al claretiano médico doctor Buixó. Ataban a los religiosos de dos en dos y a él lo atan con el médico al que ayudaba como enfermero.

Fue asesinado en el cementerio de Cervera y echado a la fosa común.

 

Al doctor Pere Bonada lo detuvieron cuando intenta trasladar a Francia a dos hombres perseguidos. Sufrió malos tratos, mentiras y la hipocresía de sus captores, que querían ocultar sus pésimos designios.

Recibió siete disparos y agonizó en un cuneta desangrándose en la carretera de Barcelona a Vich. Uno de sus lemas, que curiosamente he visto en el borde de las monedas de 5 francos suizos,  fue Dios proveerá o La Providencia ya vela.

 

Procuraba siempre hacer el bien, especialmente a los jóvenes y con los enfermos, a los que dedicaba horas extraordinarias, curaba, consolaba y aliviaba. Nunca  olvidaba a sus familias y estaba presto a facilitar los auxilios espirituales si la enfermedad se agravaba. ¡Hemos de hacer como El, devolver bien por mal! Pocos días antes de su martirio (canónicamente tenemos aun que decir presunto martirio) se confesó y preparó como si fuera la última vez.  

 

Desligados de cualquier bandera política, los mártires de la Federació fueron llevados

a la muerte única y exclusivamente por su fe en Cristo. ¡Ojala el ejemplo de estos jóvenes anime a los catalanes de hoy a ser fieles a Jesús en su Iglesia!

Dr. J.M. Simon Castellví