El prelado que desafiaba a Franco

La Razón - 14.04.08


Una de las críticas que hacen a la Iglesia española los que reconocen la tremenda persecución que sufrió durante la República y la Guerra Civil, es que, poco después, permaneció impasible ante la represión franquista. Sin embargo, un nuevo libro del historiador ,Vicente Cárcel Ortí, «Caídos, víctimas y mártires» (Ed. Espasa), en el que utiliza documentos inéditos del Archivo Vaticano, aporta nuevos datos sobre la posición de la Iglesia en aquellos años. Al acabar la guerra, «no todo fueron fusilamientos, represiones y depuraciones, hubo también indultos, revisiones de procesos, reducciones de penas, liberaciones de encarcelados, y otros gestos de clemencia gracias a la intervención directa de la Iglesia», afirmaba Cárcel esta semana a la agencia Avan.
 

Uno de los casos más significativos es el del entonces obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea. Poco después de iniciada la Guerra Civil, el 15 de noviembre de 1936, monseñor Olaechea ya pronunciaba una «alocución contra la durísima represión política de los nacionales», según Cárcel. «No más sangre que la decretada por los Tribunales de Justicia, serena, largamente pensada, escrupulosamente discutida, clara, que jamás será amarga fuente de remordimientos. Y no otra sangre», clamaba el prelado en la iglesia de San Agustín.
 

Cárcel destaca que después Olaechea «centró su labor pastoral en la reconciliación del pueblo dividido por la guerra». Una tarea que desarrolló en dos frentes. En el primero, escribió la «Carta a los huerfanitos de Navarra» -los hijos de los fusilados durante la Guerra Civil- en la que hacía un llamamiento para que escuelas, parroquias y ciudadanos apoyaran a estos niños.
 

Pero su principal labor de reconciliación consistió en la intercesión ante las autoridades, e incluso del mismo Franco, para salvar la vida de los condenados a muerte. Cerca de Pamplona, en el fuerte de San Cristóbal, se hacinaban al final de la guerra en torno a 2.500 presos políticos. Olaechea recibía en el obispado a los familiares de los presos de toda España.


En diciembre de 1940 escribía a Franco una carta en la que denunciaba que «en el angosto patio y las estrechas galerías, en que se hacinan, viven dos mil hombres tan sin sol y sin aire, tan sin abrigo y tan sin alimento que casi una mitad se hallan enfermos, y enfermos de tubercolosis». Una situación que el obispo conocía de primera mano, pues había visitado el penal unos meses antes. En la misiva también le suplica clemencia para «centenares de hombres que ni tienen manos manchadas en sangre, ni han envenenado al pueblo».


Estas actuaciones hicieron que el Gobierno de Franco lo considerara «como poco entusiasta del Régimen y apasionado por el ideal del separatismo vasco», según el testimonio del primo del dictador, Francisco Franco Salgado-Araujo, que también recoge Cárcel en su libro. Por esta razón, se promovió su ascenso a Valencia, para apartarlo de Navarra. Según el historiador, su discurso de ingreso en esta diócesis fue significativo porque «evitando prudentemente alusiones a la Cruzada de liberación» y a las grandezas del régimen, presentó su misión como la del verdadero pastor, abierto a todos: «a los ricos y a los pobres, a los sabios y a los ignorantes, a los patronos y obreros, a las derechas y a las izquierdas. Buscamos sólo a Cristo, dijo».


No sería la última vez en que desafiaría a Franco. En 1947, con motivo del referéndum institucional, para el que el Gobierno promovía la participación masiva, Olaechea optó por no votar «porque se consideraba padre todos sus diocesanos, los monárquicos y los republicanos», afirma Cárcel. La decisión le supuso una agria polémica con el gobernador civil de Valencia y se zanjó con un carta que envió al ministro de la Gobernación, en la que afirmaba: «Creo que haré mayor bien a la Religión, a España y al Caudillo no apareciendo ante las urnas». «Esta archidiócesis tiene una mayoría muy grande de izquierdistas», le indicaba, para añadir que «si yo aparezco a sus ojos mirando sólo a lo estrictamente religioso seré más eficaz».