“Las violaciones, robos y asesinatos so pretexto del fascismo eran el pan nuestro de cada día; surgían las comisarías Antifascistas aprendiendo pronto a robar, asesinar, violar, incautar impunemente, pues raras excepciones podrían consignarse de hombre que, sintiendo el momento histórico, se dedicara al restablecimiento del orden; nadie estaba tranquilo en su fábrica, taller, comercio o labores de las tierras, y mucho menos en su domicilio particular.”


España. Julio de 1936-abril de 1939. 60.000 ciudadanos son asesinados por los partidos y sindicatos que forman el Frente Popular. Tras escuchar las palabras del presidente de la república, Manuel Azaña (“Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”) 10.000 personas, entre religiosos y seglares, fueron asesinadas por causa de su fe.

 


 

 

Enrique García Torres, el abogado republicano que ocupó el cargo de fiscal en el Tribunal Popular número 1 de Valencia, informaba en 1937:

 

En la segunda decena de Agosto ya estaba montada la máquina judicial con los nuevos elementos. Triste es confesarlo; pero el caso es que, por debilidad, impotencia e imperativo de las circunstancias, la función de los jueces se reducía a recibir las fotografías y partes de cientos de cadáveres encontrados por las afueras de la ciudad y por los caminos y carreteras de la provincia. Asesinatos y robos por doquier. Y para colmo de tal situación se constituyó en la capital un llamado Comité de Salud Pública, cuyos componentes actuaban dando ciento y raya a los checas de los pueblos. Las violaciones, robos y asesinatos so pretexto del fascismo eran el pan nuestro de cada día; surgían las comisarías Antifascistas aprendiendo pronto a robar, asesinar, violar, incautar impunemente, pues raras excepciones podrían consignarse de hombre que, sintiendo el momento histórico, se dedicara al restablecimiento del orden; nadie estaba tranquilo en su fábrica, taller, comercio o labores de las tierras, y mucho menos en su domicilio particular. Ni siquiera se estaba tranquilo en los centros oficiales del Gobierno Civil que sacaban a los funcionarios v se les asesinaba; de la Jefatura de Policía, a los agentes, pues ni en uno ni en otra, se ejercía función alguna de auto­ridad. Todo lo acordado era letra muerta, porque ni mandaban ellos, ni el comité del Frente Popular, ni las organizaciones de milicias, o guardias antifascistas… ni siquiera el titulado Comité de Salud Pública, porque por encima de todos estaban las cuadrillas de ladrones y asesinos que enrolados en todos esos organismos disponían de vidas y haciendas, que no obedecían más que al mandamás que las capitaneaba.(Informe del 1º de agosto de 1937, Causa General, anexo XI. Citado por J. J. Esparza, El terror rojo en España, Altera, 2007)

 


 

España. 27 de diciembre de 2007. Con su publicación en el Boletín Oficial del Estado, entra en vigor la “Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, más conocida como ley de la memoria histórica, aprobada por el Partido Socialista y sus socios, IU y los partidos nacionalistas. La ley excluye a las víctimas de la república, que se consideran resarcidas por el franquismo.

 


 

 

2007. Alberto García Alix firma El honor de las injurias, película que narra la vida de Felipe Sandoval, un albañil que por obra y gracia de la república se convirtió en atracador y asesino. Su hogar fue el “centro de detención” (es decir, la checa) del cine Europa de Madrid. Y sus mayores “hazañas” las vivió en la cárcel Modelo, donde el 22 de agosto de 1936 dirigió y ejecutó la matanza de 30 políticos cuyas ideas no gustaban a este asesino. Militares, ex ministros republicanos y líderes de partidos fueron ejecutados por este héroe de la memoria histórica que nuestra izquierda ha querido ocultar.

 

2007. Miquel Mir publicado Diario de un pistolero anarquista, la biografía de otro republicano ilustre, José Serra, asesino, pendenciero, ladrón y borracho, frecuentador del barrio chino barcelonés y traficante de armas. Su especialidad era el tiro en la nuca y la quema de bienes religiosos. Serra dejó su huella en los hornos de la fábrica de cemento Asland, donde hacía desaparecer los cuerpos, y en la barcelonesa checa de San Elías (¡esa curiosa costumbre izquierdista de levantar las cámaras del horror en iglesias previamente saqueadas!), donde fueron ejecutados 45 de los mártires beatificados este invierno por el Papa. El libro recoge el testimonio directo de este terrorista republicano:

 

Sacamos al grupo de frailes de los calabozos para transportarlos en vehículos al cementerio de Montcada. Cuando llegamos les obligamos a ponerse de cara a la pared para ejecutarlos. Los cabecillas de las patrullas de control nos saludaban para felicitarnos por la caza de frailes que habíamos hecho y nos divertiríamos luego cazando a estos conejillos afinando bien la puntería. Recuerdo que uno de esos detenidos, antes de morir, nos dijo que no sabía por qué le matábamos. Pero le hicimos callar, porque nuestro trabajo era matar y el suyo, morir.

 

Al final de la guerra Serra huyó al Reino Unido con el botín de sus robos y allí vivió prósperamente:

Empezamos a vender todas las piezas religiosas y joyas que aún nos quedaban. Lo hicimos en anticuarios y coleccionistas particulares de Londres y ciudades próximas. Sacamos bastante dinero que nos ayudó a vivir sin problemas económicos.

Serra murió confortablemente en Londres, en 1974. “Héroes” de la democracia republicana como él y como Sandoval tienen ahora una ley que protegerá su heroica memoria de luchadores por la libertad.

 


 

 

Con su habitual rigor y brillantez Carmen Iglesias escribe hoy:

La falta de cultura política como consecuencia de 40 años de dictadura y su aislamiento de las vivencias europeas; la ignorancia o la indiferencia, en amplios sectores intelectuales y políticos españoles, a lo que ha sido la historia de la violencia organizada por los totalitarismos del siglo XX, no sólo la de los nazis y fascistas sino también la del comunismo en todos los países en que se adueñó del poder político, con millones de muertos; el interés político de desviar hacia el pasado los errores del presente, negando así toda responsabilidad respecto a sus actos concretos; todo ello está en el trasfondo de esa indulgencia asimétrica que exculpa los crímenes que proceden de los que considera de su bando y que se alza sectaria y falazmente con una supuesta superioridad moral frente a los supuestos adversarios enemigos.

Publicado por Miguel el 4.10.08 en el Blog de La escopeta nacional.