La persecución religiosa de los años 30 en España no comenzó el 18 de julio de 1936,
 sino
en 1931, al proclamarse la Segunda República

 


 

En el 80 aniversario de la proclamación de la Segunda República, el suplemento periodístico Alfa y Omega, y bajo el título de “La República no fue suficiente...” publica un artículo de D. Juan Luís Vázquez Díaz-Mayordomo, del que trascribimos los siguientes fragmentos:

 

El 11 y el 12 de mayo, sin haber cumplido siquiera un mes, el nuevo régimen alumbró la destrucción de decenas de iglesias y conventos por toda España, asaltos de colegios e instituciones eclesiales, pasquines anticlericales por las calles e incluso la explosión de artefactos explosivos en varias parroquias… La persecución religiosa de los años 30 en España no comenzó el 18 de julio de 1936, sino mucho antes, durante la Segunda República … empezó en 1931 y siguió en octubre del 34 con una revolución que sólo tuvo cierto éxito en Asturias, pero que produjo en toda España 1.400 muertos en 26 provincias, 34 de ellos sacerdotes y religiosos, un descomunal rastro de ruinas y 58 templos hechos trizas.

 

…“El historiador don Ángel David Martín Rubio destaca que «determinados grupos tenían en su mente un proyecto, arrastrado durante años, de desterrar a la Iglesia de toda presencia social y de instaurar un laicismo que no era simple neutralidad, sino que fue militantemente antirreligioso. La conocida frase de Azaña –España ha dejado de ser católica– era la expresión de un deseo, más que una constatación sociológica».

 

…Por ello, la Constitución de 1931 disolvió la Compañía de Jesús, eliminó la asignatura de Religión, suprimió el presupuesto de culto y clero y prohibió a las Congregaciones religiosas el ejercicio de la enseñanza; la legislación posterior dificultaba los enterramientos religiosos, retiraba los crucifijos de las escuelas, eliminaba las capellanías castrenses, permitía al Estado vetar los nombramientos eclesiásticos, nacionalizaba parte del patrimonio de la Iglesia y hasta prohibía tocar las campanas de las iglesias.

 

…La persecución desde arriba se vio acompañada de una persecución violenta desde abajo, especialmente en la quema de iglesias, de mayo de 1931, y en la revolución de 1934, que alcanzó su mayor virulencia en Asturias. Ángel David Martín Rubio señala «dos formas de laicismo que se dieron la mano: el elitista y burgués de los partidos liberales, y el populista de los partidos revolucionarios». Al triste balance del patrimonio eclesiástico destruido, las profanaciones e incendios, hay que sumar las cifras de sacerdotes y religiosos asesinados: 34 mártires de Asturias en 1934, y otros 17 mártires que durante la Segunda República fueron asesinados por odio a la fe católica en el resto del territorio nacional.

 

La violencia de nuestros días

 

Martín Rubio denuncia que «la quema de conventos, la persecución religiosa legislativa y la eliminación masiva de eclesiásticos y seglares en la revolución de octubre de 1934 y en la guerra de 1936-1939 son pasos sucesivos de una misma secuencia lógica». Una cadena que no se ha interrumpido y que, de alguna manera, llega hasta nuestros días; establece así un «paralelismo en lo que se refiere a las ideologías que trabajan en la descristianización de la sociedad y que ahora vuelven a recurrir a la violencia». No de otro modo se explican las profanaciones, quema de iglesias, robo de sagrarios e insultos a la fe en la España de nuestros días. Juan Luís Vázquez Díaz-Mayordomo

 


 

Una persecución que comenzó antes de la Guerra Civil
 

¡Ya se te acabaron las misas!
 

¡Ya se te acabaron las misas!: éstas son las palabras que pronunciaron los asesinos de Santiago Ortega Pulido, maestro de Arenas, un pequeño pueblo a 45 Kilómetros de Málaga, después de dispararle tres tiros en la espalda, cuando salía de participar en la Eucaristía, el primer viernes del mes octubre de 1935.

 

Santiago Ortega tenía 47 años y estaba casado con María López Peláez, con la que tuvo 6 hijos. Fue maestro nacional sucesivamente en San Pedro de Alcántara, Ronda, Almachar y, finalmente, en Arenas. Cantaba muy bien y hasta componía canciones que cantaba a su esposa y a sus hijos. Para el Beato Manuel González, entonces obispo de Málaga, este maestro fue modelo de vida eucarística y apóstol de la Eucaristía.

 

El día de su muerte, después de oír la Santa Misa y de haber comulgado, cuando se dirigía a la escuela, dos comunistas del pueblo, a quienes había saludado segundos antes con un Buenos días, quitaron la vida a este hombre de bien. Los asesinos no sólo no fueron castigados por la autoridades republicanas, sino que durante el dominio rojo fueron dirigentes de este pueblo.

 

El mismo alcalde, al día siguiente del alzamiento militar del 18 de julio, envió por escrito la orden de detención del párroco, de 65 años, en los siguientes términos: «Para ponerlo a disposición de mi autoridad, y después a la de quien proceda, sírvase detener a don Eugenio del Río López, presbítero, en la calle Bolas, pues así lo interesa el vecindario».

 

El asesinato de Santiago Ortiga Pulido en 1935 deja constancia de que dicha persecución no se debió a la Guerra Civil, que vino después, a partir del 18 de julio de 1936, sino al odio a la fe católica, como se puso de manifiesto en el año 1909, durante la Semana trágica de Barcelona, y en 1934, con la Revolución socialista y libertaria que se programó para toda España, aunque sólo mostró su barbarie en Asturias.

 

Los principales autores de aquella horrible persecución tenían muy claro lo que odiaban y lo que querían destruir. Se odiaba a Dios y la Iglesia, y ese odio se encendió en 1931, primero contra las imágenes, y después contra los testigos más creíbles de Dios y miembros más señalados de la Iglesia: sacerdotes, religiosos y seglares, como Santiago Ortega Pulido.

 

La razón de tanto odio sólo se encuentra en las palabras de Jesús: «Si me odiaron a Mí, os odiarán a vosotros». Pero el bien es más fuerte que el mal, como pregona a todos los vientos cualquier cruz que se levante en alto, haciendo ver que no saben lo que hacen.

 

Pedro Sánchez Trujillo,

Delegado de las Causas de los Santos (Málaga)