La Iglesia en España celebra numerosas beatificaciones de los testigos de la fe No olvidamos a nuestros mártires
jueves, 22 de diciembre de 2011 España 21
El Papa ha firmado el Decreto de martirio de otros 65 mártires de la persecución religiosa durante la España de los años 30, que se unen a los más de mil que están ya en los altares. La última beatificación –el sábado pasado, en Madrid– hace visible que su sangre no es estéril, sino que es, para los católicos de hoy, modelo de vida
«Ala alegría por su beatificación se une la esperanza de que su sacrificio dé aún numerosos frutos de conversión y reconciliación»: estás palabras del Papa Benedicto XVI en el último Ángelus enmarcan la beatificación de 23 mártires que tuvo lugar, el sábado pasado, en la catedral de la Almudena, de Madrid. Y señalan el camino que sigue la Iglesia al proponer como modelos de santidad a tantos sacerdotes, religiosos y laicos que perdieron la vida por odio a la fe en la persecución religiosa de los años 30 en España.
Se calcula que fueron cerca de 10.000 los fieles que perdieron la vida durante aquellos años, antes y después de la Guerra Civil: 7.000 sacerdotes y consagrados, y unos 3.000 laicos. El Papa Benedicto XVI acaba de firmar el Decreto de martirio de otros 65 de ellos –63 religiosos, un sacerdote y un laico–, que se sumarán a los 1.001 mártires ya beatificados por la Iglesia: 6 obispos, 75 sacerdotes, 864 religiosos, 1 diácono, 1 subdiácono y 54 seglares, incluido un seminarista.
Queremos recordar sus nombres
La catedral de la Almudena fue testigo, el sábado pasado, de la última beatificación de nuestros mártires, la de los 22 oblatos y el laico Cándido Castán, que fueron asesinados en Madrid en los primeros días de la Guerra Civil. En su homilía, el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, señaló que, en aquellos días, «descendió sobre España un furor anti-religioso que contaminó gravemente la sociedad, y estos mártires fueron víctimas inocentes de este fanatismo anticatólico que hirió a sangre fría a obispos, sacerdotes, consagradas y consagrados y laicos».
Según el cardenal Amato, «no eran delincuentes ni habían hecho nada malo; al contrario, su único deseo era hacer el bien y anunciar el Evangelio de Jesús». Por eso, «queremos recordar sus nombres, porque la Iglesia los ama y los honra», ya que fueron «testigos preciosos de la bondad de la existencia humana ante la crueldad de sus perseguidores. Sin armas, con la fuerza irresistible de la fe en Dios, ellos han vencido el mal: ésta es su preciosa herencia de fe».
A veces, el martirio
El Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos explicó que, «cuando el hombre arranca de su conciencia a Dios, arranca también de su corazón el bien. Perdiendo a Dios, el hombre pierde también su unidad. Por eso es bueno no olvidar esta tragedia y tampoco olvidar la reacción de nuestros mártires a los gestos malvados de sus asesinos. Ellos respondieron rezando y perdonándolos, y aceptando con fortaleza la muerte por amor a Jesús. Los mártires nos enseñan que nuestro testimonio pasa no sólo por una vida virtuosa, sino también, a veces, por el martirio». De este modo, para las generaciones de católicos españoles de hoy, es necesario «imitar la fortaleza de los mártires, la solidez de su fe, la inmensidad de su amor y la grandeza de su esperanza».
Dios es más grande que la muerte
El cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, ha recalcado, en una Carta escrita con ocasión de la última beatificación, que «los mártires han sido considerados desde siempre como los testigos más admirables de la fe. Confesaron la fe y perdonaron a quienes les arrebataron la vida. Con estas actitudes, que la Iglesia requiere para iniciar el proceso de martirio, hacen patente que Dios es más grande y poderoso que el odio y que la muerte».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Una lista que sigue creciendo
Los últimos mártires españoles de los que el Papa Benedicto XVI ha firmado el Decreto de martirio constituyen los siguientes grupos:
* Antonio Solá Garriga y 18 compañeros del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; el sacerdote diocesano Antonio Mateo Salamero; y el laico padre de familia José Gorostazu Labayen, asesinados en diferentes lugares de la archidiócesis de Madrid en 1936.
* Alberto María Marco y Alemán y ocho compañeros de la Orden de los Carmelitas de Antigua Observancia; y Agustín María García Tribaldos y quince compañeros del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, asesinados también en la archidiócesis de Madrid entre 1936 y 1937.
* Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros de la Orden de la Beata Virgen María de las Mercedes, asesinados en la diócesis de Lérida entre 1936 y 1937.
* Junto a todos ellos, el Papa Benedicto XVI ha aprobado un milagro atribuido a la ya Beata María del Monte Carmelo Sallés Barangueras, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de María.

