Lección de Teología del Martirio “El Martirio es la brújula que rige la navegación de la nave de Cristo en la Historia”
Cardenal Ángelo Amato
Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos

Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Aragón escuchan atentos la conferencia de Monseñor Amato.
Resumen de la conferencia impartida por Mon- señor Ángelo Amato en la Seo de Zaragoza el 3 de mayo de 2012 bajo el título de “Martirio y santidad, recordando a los mártires de Barbastro” dentro de la Jornada Sacerdotal convocada por Monseñor Manuel Ureña, Arzobispo de Zaragoza en el 75.º aniversario de su inmolación.
Barbastro, pequeña y antigua diócesis de Aragón ha quedado marcada en la historia de la Iglesia española como el lugar donde proporcionalmente fue mayor el número de sacerdotes diocesanos inmolados: el 87% del clero del obispado, 123 de un total de 140, y junto a ellos numerosos religiosos y multitud de seglares.
Monseñor Manuel Ureña presentó al conferenciante, el Cardenal Salesiano Monseñor Ángelo Amato, colaborador del Cardenal Bertone en la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el Cardenal Ratzinger, y desde 2008 Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
“En aquel periodo, en los seminarios había una auténtica pedagogía martirial que preparaba a los seminaristas a dar la vida por Jesucristo y por su Iglesia”
Ante el escogido público, entre el que se hallaban diez obispos, el Cardenal Amato inició su exposición recordando como «...el pasado 17 de abril en la sesión ordinaria de Cardenales, Arzobispos y Obispos de la Congregación de las Causas de los Santos, hubo un momento de intensa emoción. Se trataba del martirio de Juan Huguet, un joven sacerdote de Ferrerías en la Diócesis de Menorca, ordenado por Mons. Irurita el 6 de junio de 1936 y asesinado al cabo de un mes y medio sin ningún proceso, el 23 de julio siguiente, por el brigada del ejército Pedro Marqués, apenas comenzada la persecución religiosa en España.
»El brigada Marqués, llegó a Ferrerías al mando de sus milicianos y arrestó al joven sacerdote y a otros cuatro compañeros, ordenándoles en tono imperativo: “¡Quitaos esa nauseabunda sotana!.” Y después, viendo que el joven Juan Huguet llevaba bajo ella un crucifijo metálico, se lo arrancó violentamente, y apuntándole con la pistola, le espetó: “¡O escupes sobre él o te mato!.” El joven sacerdote con su cabeza hizo una señal negativa. Alzó los ojos a lo alto, puso los brazos en cruz y con voz fuerte y segura exclamo: “¡Viva Cristo Rey!” Marqués le disparó en la cabeza, y le dio después el tiro de gracia».

Cuadro que figuraba en el Seminario de Menorca en los años 40, y que en latín dice: “@ Juan Huguet Cardona, Presbítero, primero de los Sacerdotes de Menorca, muerto por el propio jefe de los impíos el día 23 de julio de 1936 en la ciudad de Ferrerías clamando con fuerza ¡Viva Cristo Rey! Viva en el Señor y sea ejemplo de piedad sacerdotal a los alumnos.”
Siguió diciendo el Cardenal: «Hay en este episodio dos elementos singulares: el primero la fortaleza de ánimo de este joven sacerdote. A este respecto yo mismo pedí al relator de la Causa una explicación sobre esta extraordinaria disposición al martirio del joven sacerdote Juan Huguet. La respuesta fue: En aquel periodo de violencia y propaganda anticatólica, en los seminarios había una auténtica pedagogía martirial que preparaba a los seminaristas a la eventualidad concreta del ofrecimiento total de la vida por Jesucristo y por su Iglesia.
La conversión del perseguidor
»El segundo elemento, que recuerda a los antiguos mártires, es la conversión del perseguidor, quien, tiempo después, juzgado por un tribunal civil, confesó merecer la muerte por el delito cometido matando a un sacerdote en Ferrerías. Como tantos otros, Pedro Marqués pudo haber huido a la justicia marchando al extranjero. No lo hizo porque sentía la necesidad de expiar con la muerte el crimen cometido. El remordimiento le acompañaba desde aquel momento. Marqués pidió y recibió la asistencia de un sacerdote que le dio el consuelo de la absolución y oyó después la Santa Misa en la que comulgó devotamente. Terminado el Santo Sacrificio, se acercó al altar diciendo al celebrante: “quiero abrazarle como acto de reparación por el delito que cometí matando a aquel otro joven sacerdote en Ferrerías”».

Brigada Pedro Marqués, autoproclamado jefe militar de Menorca en julio de 1936.
“La fortaleza sobrehumana del mártir, su valentía y serenidad son dones de Dios, y no cualidades humanas”
«Este cuadro recompone en clave moderna la teología del martirio, presente ya en los escritos neo testamentarios. El primer elemento referido a la fortaleza sobrehumana del mártir es el amor sin límite por Cristo resucitado, del cual el mártir recibe ánimo y serenidad. El mártir cristiano es consciente de su debilidad, pero también de la potencia de la gracia de Cristo. Hasta tres veces Pablo había pedido al Señor que le quitara el aguijón que le punzaba, pero el Señor le había respondido: te basta mi gracia; la fuerza se manifiesta en la debilidad. El mártir es consciente de que esta fortaleza espiritual no es una cualidad suya, sino un don de lo alto. Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se manifieste que esta potencia extraordinaria viene de Dios y no de nosotros. El mártir es testigo de Dios, y su valentía y serenidad son dones de Dios, y no cualidades humanas. Además con su sacrificio el mártir rompe el velo de la Historia para proyectarse en la eternidad de Dios. El mártir abre así la presencia escatológica que introduce en nuestro tiempo la luz y el gozo de la eternidad.”
El martirio es la brújula que rige la navegación de la nave de Cristo en la Historia
“El testimonio martirial no es un hecho episódico, sino una realidad constante e imborrable en la vida de la Iglesia que está siempre bajo la persecución porque la buena noticia del Evangelio contraría los planes del enemigo de Cristo que es la verdad. Una de las bienaventuranzas evangélicas es justamente la persecución a causa del Reino: Bienaventurados vosotros cuando os insulten, os persigan, y mintiendo os maldigan por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa en el cielo será grande. El mártir es el imitador perfecto de Cristo. El martirio es la brújula que rige la navegación de la nave de Cristo en la historia.”
“El Obispo Florentino Asensio estaba preparado para el martirio”
Mons. Amato, prosiguió: “Aunque la Iglesia española ha sido desde siempre una Iglesia martirial, en la primera mitad del siglo pasado la sistemática persecución anticatólica entra en España con sus cuatro tenebrosos caballeros del Apocalipsis, dispensando a manos llenas sus funestos dones de destrucción y muerte. En este cuadro oscuro, pero especialmente luminoso, se sitúa el testimonio de los mártires de Barbastro. El Obispo Florentino Asensio estaba preparado para el martirio. Ante el ambiente anticatólico imperante en Barbastro, tomó posesión discretamente de su sede el 15 de marzo de 1936, con estas emocionantes palabras: “Confiando en la gracia divina, que espero no me falte nunca, ofrezco todo mi trabajo, mis desvelos, mis oraciones y mi vida, para salvar las almas que Cristo me ha confiado, misión santificadora que impone el oficio episcopal.”
“Le sugerían que se alejara de su diócesis, pero les respondió que nunca abandonaría a su grey. Esta decisión fue fielmente aceptada en la hora suprema del ofrecimiento de su vida el 9 de agosto de 1936. Un cristiano afirmó después haber oído sus últimas palabras: “¡Viva el Corazón de Jesús!” El pastor bueno fue beatificado por Juan Pablo II el 12 de mayo de 1997.
Fueron alegres al martirio invocando a Cristo Rey y al Corazón Inmaculado de María
“Una segunda causa de la diócesis es la de 51 misioneros del Inmaculado Corazón de María, de la comunidad claretiana de Barbastro, asesinados del 2 al 18 de agosto de 1936. Todos pudieron elegir entre la muerte y salvar la vida rechazando la fe en Jesucristo, pero ninguno trató de huir de una muerte segura. Por el contrario, fueron al encuentro de la prueba cantando alegres el Magníficat e invocando a Cristo Rey y al Corazón Inmaculado de María.”

Cuadro del Beato Florentino Asensio en el salón de la Conferencia Episcopal Española.
El gitano Ceferino Jiménez El Pelé murió gritando ¡Viva Cristo Rey!
“La tercera causa romana de los mártires de Barbastro trata la singular figura de Ceferino Jiménez, el Pelé, gitano de gran predicamento entre su gente que llegó a concejal del Ayuntamiento. Miembro de la Adoración Nocturna y devoto del Santísimo Sacramento, derramaba lágrimas de emoción al cantar la estrofa del himno eucarístico, que dice: “Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor”. Fue llevado a la muerte por protestar de que se apresara a un joven sacerdote y por llevar consigo un rosario, que para él era el signo de la fe, y no querer desprenderse de él; en vano se lo quisieron arrebatar, y murió gritando: ¡Viva Cristo Rey! La historia de los mártires de Barbastro hay que recordarla.”
Florentino Asensio y Ceferino Giménez fueron beatificados en Roma por Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997.
¿Por qué hay que venerar hoy a mártires de hace 75 años?
“La Iglesia al presentar a los mártires a nuestra contemplación y veneración, lo hace sobre todo para nuestra imitación, pues son modelos y maestros de vida cristiana. Su martirio es una lección, al ser testigos de la presencia de Dios en la Historia ante cuantos le niegan, pecando contra Dios. Hoy, su recuerdo no lo evocamos por venganza ni para pedir justa reparación de la justicia humana, sino para testimoniar y afirmar que el bien vence siempre al mal. La herencia del mártir es el perdón, la caridad y el amor a los enemigos. Hoy, como en los primeros siglos, hay un retorno al culto de los mártires porque son testigos excelsos del Reino de Dios y sus bienaventuranzas. En nuestros tiempos hay una real persecución anticristiana y anticatólica, hecha con las armas de la comunicación social. De hecho, estamos rodeados de palabras y acciones provenientes de una ideología antirreligiosa que contrasta con las palabras eternamente verdaderas del Sermón de la Montaña de Jesús. Oponerse a esta cultura adversa, falsa e irreverente es un verdadero martirio blanco cotidiano que los fieles tienen hoy que afrontar.”
Una causa de beatificación singular gracia para una diócesis
“Los mártires son ejemplo para nosotros. Han opuesto la paciencia a la afrenta, y el perdón y el amor al odio de sus enemigos. Hoy les necesitamos para fortalecer nuestra fe frágil; para volver a encender la llama de nuestra esperanza cristiana, y para ensanchar nuestro corazón en la inmensidad de la caridad divina.”
Aurelio Prudencio presenta a las ciudades ofreciendo al Señor el don precioso de sus mártires: “Cada una de las ciudades saldrá regocijada al paso de Cristo a presentarle sus dones en canastillas.”
Mons. Amato concluyó: “Deseo decir algo muy importante: Una causa de beatificación significa para la diócesis una extraordinaria y magnífica oportunidad de pastoral y de catequesis. Es deber del obispo promover la santificación de los fieles mediante los sacramentos, pero también mediante ejemplos prácticos de vida cristiana vivida en héroes de la santidad. Por eso es importante presentar hoy ejemplos de laicos como Ceferino, de Obispos como Florentino, de sacerdotes como Juan Huguet y de religiosos como los mártires de Barbastro, porque son ejemplos muy preciosos para los fieles, no solamente para imitarlos, sino en especial para invocarlos como intercesores de gracias espirituales.”

El Presidente de Regina Martyrum entrega al Cardenal Amato un ejemplar de la reciente biografía del Obispo mártir de Segorbe Mons. Miguel Serra, escrita por su postulador Mn. José María Doménech.

