El Beato Manuel Borrás, un Obispo humilde

 

Manuel Borrás, sombra muda y agradecida de Mons Vidal y Barraquer

Manuel Borrás Ferré nació en l880 en La Canonja, lindante a Tarragona, hijo del farmacéutico del pueblo, que falleció cuando Manuel tenía 4 años, quedando sólo con su madre Dolores Ferré, en precaria situación. Ingresó en el seminario, siendo ordenado en 1903. Ejerció su ministerio en la curia y en el seminario, y se graduó en Derecho canónicoº. Sacerdote celoso, puso en marcha la Adoración Nocturna y la obra de Ejercicios. A la vista de su humildad, su prudencia, y eficacia en la resolución de cuestiones delicadas, al posesionarse de la diócesis de Solsona el canónigo D. Francisco Vidal y Barraquer, le nombra secretario de cámara y gobierno.

Como escribe el actual Arzobispo de Tarragona Jaime Pujol en el prólogo de su biografía: "Manuel Borrás sería el contrapunto del Cardenal Vidal y Barraquer, sombra muda y agradecida a su mentor". Bajo ella permaneció los últimos 21 años de su vida, a quien siempre trató de Vos, pues como decía: por grande que sea la familiaridad, "el Obispo es siempre el Obispo". Sus biógrafos Fuentes y Roig destacan su gran humildad y fidelidad al Cardenal Vidal: "pasar desapercibido a los ojos de los demás era la característica del Obispo Borrás; quedar en un segundo plano para que el Cardenal pudiera lucir en toda su plenitud". Al ser preconizado obispo de Canarias el Vicario General Miguel Serra Sucarrats, Mons.Vidal nombró Vicario General de Tarragona al ya canónigo Manuel Borras. Ambos vicarios generales de Mons. Vidal morirían mártires en la persecución religiosa.

"Yo no soy un obispo como los demás; no soy sino un ayudante, un Auxiliar del Sr. Cardenal, que ya es mayor."

En 1934 Manuel Borrás era consagrado obispo auxiliar de Tarragona, con el título de obispo de Bísica. En carta al Nuncio Tedeschini le dice proféticamente que acepta el nombramiento como voluntad de Dios para servir a la Iglesia, y que: “quisiera demostrárselo con amor filial, ferviente y abnegado, y aun sellar con mi propia sangre, si fuera menester”. Así lo expresó en su escudo episcopal cuyo lema era: “Nos has redimido con tu sangre”

Al recibir enhorabuenas y parabienes de su paisano Mosén Roca, con admirable humildad le reconocía: "Yo no soy un obispo como los demás; no soy sino un ayudante, un Auxiliar del Sr. Cardenal, que ya es mayor." Así era. El Cardenal, de salud débil, pasaba temporadas en Sarriá, barrio de Barcelona, en casa de su hermano José, dejando el gobierno del día a día de la archidiócesis en manos de su fiel Auxiliar Manuel Borrás, quien le tenía permanentemente informado.

 El Cardenal Vidal en casa de su hermano, a respetuosa distancia el Beato Manuel Borrás

El 15 de abril de 1931 al proclamarse la República, el Cardenal Vidal se hallaba en Barcelona. Mons. Borrás le puso al corriente de la situación en Tarragona. Volvió raudo, y el día l8 fue a cumplimentar al nuevo gobernador, y al tiempo protestar por el intento de incendio de la iglesia de Figuerola del Camp y del asesinato de su párroco, intentos evitados por las mujeres del pueblo - sus maridos y padres estaban trabajando en el campo - que se enfrentaron con los escopeteros y los contuvieron. Se contentaron con derribar la cruz de término. Las autoridades republicanas locales tuvieron siempre en Mons. Borrás el interlocutor ordinario de la Iglesia en los numerosos y crecientes conflictos que provocó la legislación sectaria.

"Deben Uds. abandonar el palacio episcopal para que no se derrame sangre el pueblo"

El 19 de julio de 1936 Mons. Borrás estaba enfermo en cama. El Cardenal Vidal, que se hallaba en Barcelona, pudo reintegrarse a su sede. Mn Florencio Giralt declarará en 1996 que “A la hora de valorar la gravedad de la situación político social creada a raíz de la rebelión militar de 1936, tanto Borrás, como sobretodo el cardenal Vidal y Barraquer, “vivían en la luna”.

El 2l de julio llegaba a Tarragona el tufo de las negras columnas de humo de las iglesias ardiendo en Reus y localidades cercanas, y con él la señal del triunfo de la revolución. Coches de milicianos armados llegados de Barcelona con sus siglas y banderas rojas y negras, merodean el Palacio Episcopal. A media tarde del día 23 le visitó el secretario del Comisario de la Generalitat en Tarragona rogándole que saliera de la ciudad "para ahorrar sangre del pueblo". Mons. Borrás le respondió que "no lo consideraba prudente y que todos ofrecían gustosamente su vida a Dios en cumplimiento de su deber pastoral". Seguidamente Mons. Vidal envió un telegrama urgente al Conseller de Governació, su amigo y antiguo seminarista Ventura Gassol, pidiendo protección para las iglesias y conventos que empezaban ya a arder en la ciudad. Gassol le dijo que estaban desbordados.

Ardían ya la iglesia y el colegio de huérfanos contiguos al palacio episcopal, cuyas puertas las turbas intentaban derribar, cuando el Cardenal recibió otra llamada del Comisario de la Generalitat Sr. Prunés, requiriéndole al inmediato abandono de su sede con sus familiares y colaboradores, pues ya no podía garantizarles su seguridad. Les envió un coche oficial, en el que a las 12 de la noche, escoltados por tres policías, se introducían el Cardenal Vidal, su obispo Auxiliar Borrás, su secretario. Mn Albaigés, su familiar Mn. Viladrich, y el administrador Mn. Monrabá, enfilando la carretera de Poblet. Lograron pasar los distintos controles milicianos a la entrada y salida de cada pueblo, y sobre las tres de la mañana llegaban al monasterio, cuya entrada se hallaba cerrada, pues nadie les esperaba. Las grandes voces de la escolta: "¡Abran a la policía, traemos al Cardenal de Tarragona!" despertaron al portero, alarmando también a los vecinos. El presidente del patronato de Poblet, el anciano diplomático y arqueólogo D. Eduardo Toda estaba durmiendo y había dado órdenes de que no se le despertara bajo ningún pretexto. Se alojó al Cardenal en la habitación de huéspedes ilustres, y Mons. Borrás y demás acompañantes tuvieron que descansar en los sillones de la sala.

A la mañana siguiente Eduardo Toda recibió disgustado la noticia de que tenía alojados en el Monasterio al Cardenal Vidal y Barraquer, a su Obispo Auxiliar Mons. Borrás y a otros tres canónigos, y preocupado sólo por su seguridad personal y que no se le tuviera por encubridor de los recién llegados, se apresuró a viajar a Vimbodí y a la Espluga a comunicar a sus Comités la presencia de dichas personalidades eclesiásticas, que había debido alojar por orden de la Generalitat.

Milicianos de la FAI de la Torrasa de Hospitalet se apoderan del Cardenal Vidal

A las 6 de la tarde llegaba a Poblet un coche de milicianos de la FAI de la Torrasa, barrio de Hospitalet en Barcelona, que habían venido a buscar a la suegra de unos de ellos, pero que al enterarse de que el monasterio se hallaba "un pez gordo", acompañados de otros del comité de Vimbodí, fueron allí y decidieron llevárselo. Nadie se les opuso. Mons. Borrás pidió acompañarle, pero el Cardenal le disuadió: "Sólo me buscan a mí, y para nada bueno, Ud. quédese y haga cuanto pueda en bien de los fieles y de la diócesis." Mons. Borrás, como siempre, acató sin más la decisión de su cardenal, pero su familiar Mn. Juan Viladrich, dijo: "pues yo voy con Ud.”, y se introdujo también en el vehículo.

El médico Dr. Guitert, al ver que se llevaban al Cardenal, telefoneó a Ventura Gassol, conseller de Cultura de la Generalitat, pidiéndole protegiera la vida de su Eminencia. Ventura Gassol se lo comunicó a Companys, quien alarmado ante la repercusión política que podría causar el policía a su servicio, la inmediata recuperación del Cardenal y de su acompañante.

asesinato de tan emblemática figura de la Iglesia en Cataluña, confió al diputado Soler Pla, con

“En nombre del gobierno de la Generalitat ordeno que el Dr. Vidal i Barraquer y su acompañante sean entregados al dador…para que queden a disposición el gobierno de la Generalitat. 24 de julio 1936. Luis Companys.

Los milicianos con sus dos detenidos llegaron a la plaza de Vimbodí, llena de gente expectante, y entraron en el Comité. Más de dos horas de tensas discusiones, pues los del pueblo no aceptaban que unos patrulleros foráneos les arrebataran tan importante presa, pero se impusieron los de la Torrasa, y con el Cardenal y Viladrich emprendieron en dos coches el camino a Barcelona. Se retrasaron por buscar un vale de gasolina y por la avería en uno de los vehículos. Al volver dos milicianos en el otro coche a Montblanc en busca de un mecánico, fueron detenidos por unos guardias de Asalto que llegaban de un servicio. Llegaron hasta el coche averiado y detuvieron al resto de patrulleros de Hospitalet, trasladándolos a Montablanc, y dejando al Cardenal y a su familiar en la celda núm. 5 de la planta baja de la cárcel.

Detención y prisión de Mons. Borrás tras la marcha del Cardenal

Tras el apresamiento del cardenal en Poblet, la vida de Mons. Borrás estaba en peligro. El Dr. Guitert le buscó un escondrijo más seguro en un molino próximo, pero Eduardo Toda le hizo volver, y llamó al jefe del comité de Espluga para informarle de la permanencia del obispo auxiliar, y de que si venían a buscarlo se lo entregaría. Borrás sólo dijo a Toda: "Ud. está en sucasa y yo no debo decirle lo que tiene o no tiene que hacer". El coche del comité llegaba a los pocos minutos, y se llevaba al obispo auxiliar a la cárcel de Montblanc, recluyéndolo en la celda núm. 3. A media noche ingresarían en la núm. 5 el Cardenal Vidal y Mn. Viladrich. A través del carcelero, Borrás le pidió a Vidal que le pasase el breviario, y después de rezar el oficio, se lo devolvió.

Acta firmada el 25 de julio de 1936 por todos los miembros del Comité del Frente Popular de Montblanc exigiendo al gobierno de la Generalitat les haga llegar el documento oficial para la entrega del Cardenal Vidal y su acompañante al Diputado Soler Pla.

Soler Pla llegó de madugada a Montblanc y tuvo que imponerse a los comités de Vimbodí y Montblanc, que no querían dejarse arrebatar su presa, y exigían hablar directamente con Companys. Pese a lo intempestivo de la hora, el President tuvo que ponerse al teléfono, y ante la exigencia de los Comités de una orden escrita con su firma, les prometió enviarla de inmediato con un motorista. Sólo así permitieron la salida del Cardenal. El diputado Soler a las 3 de la mañana respiró, viendo luz en la difícil misión confiada por el President de salvar la vida al cardenal y, de paso, a su innominado acompañante. Mons. Vidal y Viladrich fueron sacados de su celda, y ya en el coche, el Cardenal pidió que a la expedición salvadora se sumara también su obispo auxiliar Mons. Borrás, preso en su celda. El diputado Soler volvió a hablar durante media hora con los de los comités, pero regresó con su negativa. Dijo al cardenal: "lo siento, pero Companys sólo me ha dado instrucciones de que el doctor Vidal i Barraquer y su acompañante sean entregados al dador". Así figuraba en su escrito autógrafo. Soler le urgía advirtiendo que la situación no estaba como para nuevas exigencias y que había que marcharse cuanto antes, y que “desde Barcelona ya conseguiremos lo que aquí no podemos obtener”. A las 4 de la mañana el coche escoltado por mozos de escuadra partió raudo hacia Barcelona, y al llegar, ambos eclesiásticos fueron ocultados durante cinco días en la Consellería de Governació. De la libertad de Mons. Borrás no consta que nadie allí se ocupara, pues no era personaje de trascendencia política ni mediática. El 30 de julio el Cardenal era introducido en un barco de guerra italiano rumbo a Génova.

El Comité de Tarragona vino dos veces a Montblanc a llevarse al obispo Borrás, alegando que en una carta a su paisano Mn. Colom, vicario de Santa María, le encargaba 30 misas, y ellos entendían se trataba de 30 pistolas, por lo que debía "ir a declarar", es decir, darle el "paseo". Al Comité de Montblanc le pareció excesivo entregar a otros un segundo obispo.

Mons. Borrás pasa 19 días de cárcel sin que nadie se interese por su suerte

El Obispo Borras seguía en la cárcel de Montblanc. Serra Vilaró escribe: "El Obispo Auxiliar de Tarragona estuvo en la prisión como estático, adentrado en sí mismo, como preparándose para la muerte." Un compañero de cárcel, Mn. Luis Robinat, declara: "en su celda oraba y meditaba casi continuamente, y en ella nos reuníamos para rezar el Rosario, y el oficio con el breviario, que él había traído." Así paso otros l2 largos días de agosto, sin gestión alguna por su liberación ni desde Barcelona ni ya desde Italia, hasta que sus carceleros comprobaron que su prisionero no tenía valor de cambio y decidieron que ya debía morir.

Lugar del martirio de Mons. Borrás

El l2 de agosto el comité de Montblanc llamaba al de Vimbodí encomendándole la ejecución de "un preso de compromiso." A las tres menos cuarto de la tarde, y bajo el pretexto de declarar ante un tribunal en Tarragona, hicieron subir atado al obispo Borrás a la caja de un camión, partiendo en dirección a Valls. Se detuvieron antes del Coll de Lilla; le bajaron y le fusilaron. Amontonaron un haz de sarmientos y echándoles gasolina prendieron fuego al obispo aun moribundo. De las averiguaciones practicadas después no queda claro si le prendieron fuego antes de fusilarlo o después.

Los escopeteros de los coches de la muerte sólo quemaban los cadáveres para dificultar fueran reconocidos o para no dejar pruebas de que antes de matarlos los habían torturado. Ante la publicidad de la salida de la cárcel del obispo hay que estar por la segunda razón. Así lo apunta Serra Vilaró: "Con el Obispo Borrás, tras sacarlo de la cárcel, hicieron algo más que asesinarlo".

Aquel 12 de agosto Foguet Piñol conducía en un taxi a tres viajeros, y al cruzar aquel paraje, el ambiente fétido de carne quemada les hizo apearse para ver a qué obedecía; "vieron un cadáver decúbito sobre un montón de sarmientos; la cabeza y el brazo derecho algo levantados; los pies y el brazo izquierdo tocando tierra, y todo él ardiendo; parte del vestido quemado; la ropa que cubría el dorso, aún quedaba en relativo buen estado; cara y cuello muy consumidos por el fuego; vestía chaqueta, pantalón, calcetines morados y zapatos negros."

Monumento erigido en 1959 en el Coll de Lilla en recuerdo de la muerte del obispo Manuel Borrás.

Uno de los fusileros comentaba aquella noche en la taberna: "este obispo aun ha tenido el atrevimiento de bendecirnos." El cadáver del Siervo de Dios fue enterrado en el cementerio de Lilla, pero no ha podido ser identificado por los hombres, aunque sí lo ha hecho el Rey de los Mártires, y así ha sido declarado oficialmente mártir por la Iglesia Católica.



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