RECORDANDO AL BEATO JOSEP SAMSÓ ELÍAS, MÁRTIR DE CRISTO, EN EL 77º ANIVERSARIO DE SU INMOLACIÓN
El domingo 1 de septiembre de 2013 se cumplen 77 años del martirio del Beato José Samsó Elías, párroco de Santa María de Mataró, en el cementerio de su ciudad, que bendijo momentos antes de su inmolación, ofreciendo su vida por el mantenimiento de la fe de sus conciudadanos.
Hoy, en el antiguo Hospital de San Jaime y Santa Magdalena de Mataró, casi colindante con la Parroquia del Dr. Samsó, se halla internado el Hermano marista Federico Plumed, Vicepresidente de Hispania Martyr, aquejado de grave enfermedad, que acepta con sobrenatural humildad y templado ánimo. El Hermano Federico, celoso propulsor de la beatificación de Mossén Samsó, nos ha mostrado la piadosa reliquia de un retal de la sotana del beato párroco mártir, que lleva consigo en el bolsillo del pijama, y a quien encomienda su curación, si es esa la voluntad de Dios.
El hermano Federico, pidiendo nuestras oraciones, nos envía este breve recuerdo de aniversario.
Mucho bien nos hará leer hoy el libro “El Dr. José Samsó Elías y su tiempo”, del fundador de Hispania Martyr Mn. Salvador Nonell Bru. Es una publicación altamente documentada sobre la persecución religiosa, durante el gobierno del Frente Popular en España. Plantea con claridad diáfana los hechos, los documenta y los sitúa bajo una interpretación histórica objetiva. Su lectura ayuda eficazmente a mentes confundidas, que no vivieron la cruda realidad de los antecedentes y consecuencias de aquella trágica persecución religiosa desatada con ocasión de la guerra civil 1936-1939, contienda ni provocada ni deseada por la Iglesia, que resultó ser víctima injustamente perseguida y martirizada en sus personas más significadas, como el Dr Samsó, por el mero hecho de ser fervientes católicas.
Conviene también recordar hoy el ejemplo de algunos católicos valerosos. Así la caridad valiente de Josefa Carbó de Gironés. Su casa y alguna masía de Mataró fueron lugar de acogida y refugio de varios sacerdotes y religiosos maristas (Hno. Daniel Gutiérrez y el Sr. Valentín Rodón) en aquellos trágicos tiempos de persecución. Durante el mes de agosto de 1936 en que el Beato Mosén Josep Samsó estuvo prisionero en la cárcel de Mataró, Doña Josefa, como ángel tutelar, le visitó, le aportó lo necesario para comer, le lavó la ropa y le prestó muchos otros servicios. “Me traes mañana el almuerzo que tanto me gusta” (Se refería Mn. Samsó a la forma consagrada, pan de los fuertes, que le traían escondida entre los dobleces de la servilleta). A primeras horas de la mañana del día 1de septiembre de 1936 llegaba a la cárcel Dª. Josefa con la canastilla del almuerzo, y en ella escondido, el regalo precioso de Jesús Eucaristía.
“Yo os abrazo”. (Mosén Samsó a su asesinos)
La noche anterior a aquel fatídico 1 de septiembre, día de ignominia para la ciudad de Mataró, el pleno del Ayuntamiento, rememorando al Sanedrín de Jerusalén ¡Ay de ti Jerusalén que matas a tus profetas!, pactó y aprobó el asesinato de su pastor Mn. Samsó. A plena luz del día, vieron pasar el fatídico coche del “paseíllo” conducido por los cinco ejecutores materiales del fusilamiento de Mn. Samsó, camino del cementerio. Después de subir los 68 escalones, ya en lo más alto del camposanto, el Beato Mártir Josep Samsó, mirando a su ciudad, impartirá a sus verdugos su última clase práctica de Catecismo: “Antes de matarme os suplico me concedáis mis dos últimas voluntades: la primera es que quiero morir de cara, mirando a mi querida Parroquia de Santa María. La segunda es que quiero abrazaros uno a uno. Yo os perdono”. Uno de los cinco milicianos, el cadiraire, no se dejó abrazar. Fue el único que le disparó en el ojo derecho y la bala atravesó su cráneo, y seguidamente le dio el tiro de gracia en el otro ojo. Los otros cuatro no tuvieron valor de disparar impresionados por el afectuoso abrazo de despedida y perdón del párroco mártir. Un hijo de los empleados de la Funeraria, escondido entre los cipreses de la tapia del Cementerio, vio la macabra escena y, cuando ya los milicianos habían marchado, sacó la fotografía del mártir en el suelo, con los ojos ensangrentados por las balas.

Federico Plumed Feced. F.M.S.

