“La luz resplandece en las tinieblas: el testimonio de la Iglesia ortodoxa rusa en los años de la persecución soviética”

Rímini, 22 de agosto de 2013

En el 'Meeting de Rimini para la Amistad entre los Pueblos' de agosto de 2013 bajo el lema: “Luz en las tinieblas: el testimonio de la Iglesia ortodoxa rusa en los años de la persecución soviética”, se presentó una exposición, articulada en ocho salas que siguen un orden cronológico con las diferentes fases y aspectos del intento de destruir la fe sistemáticamente perseguida por el poder bolchevique en su utópica pretensión de construir el paraíso en la tierra.

Pintura medieval de San Ignacio de Antioquía primer cristiano mártir en el anfiteatro Flavio

Vladimir Vorob'ev, sacerdote ortodoxo, rector de la Universidad Ortodoxa de Tichon, en la cual preside el Departamento de Historia Moderna de la Iglesia Ortodoxa, rector de la iglesia de San Nicolás de Moscú y miembro de la comisión sinodal para la canonización de los santos, comenzó su ponencia citando las palabras de San Ignacio de Antioquía, muerto en el Coliseo de Roma hacia el año 150, en su Carta a los romanos, cc. 5-6 passim:

«Empiezo ahora a ser un verdadero discípulo. Ninguna de las cosas visibles o invisibles me entretenga en el seguir a Jesucristo. El fuego, la cruz, la lucha con las bestias, […] los tormentos más malvados del demonio caigan sobre mí, ¡pero que yo llegue donde está Jesucristo! Nada me aprovecharía el mundo entero ni todos los reinos de este siglo. Cuánto me es más glorioso morir por Cristo Jesús que reinar sobre toda la tierra, ¡hasta los extremos confines! De hecho ¿qué ventaja tiene un hombre que gana el mundo entero si se pierde a sí mismo? [cf. Mc 8, 36] Yo busco a Aquel que ha muerto por nosotros; yo quiero a Aquel que por nosotros ha resucitado. ¡Está cerca el momento en el que seré parido! […] ¡No impidáis que yo nazca! […] ¡Permitid que yo llegue hasta la luz pura! Cuando esté allí, yo seré verdaderamente hombre. ¡Permitid que yo imite la pasión de mi Dios!»

Comentó que con ellas San Ignacio expresa el significado de su propio martirio y de todo martirio: el cumplimiento verdadero de la vida humana, porque es camino hacia el encuentro pleno con Cristo a imitación de Su pasión. Son palabras verdaderas para la Iglesia de todos los tiempos que deseamos expresar el lema de este encuentro:“La luz resplandece en las tinieblas. El testimonio de la iglesia ortodoxa rusa en los años de la persecución soviética”

Expuso como el régimen soviético, desde sus inicios, había planificado científicamente el exterminio y anulación de la fe ortodoxa a partir de sus sacerdotes y obispos, propósito que se documenta en una carta de Lenín. El momento más violento y negro de las persecuciones anticristianas fue entorno a 1937-38, el período del “gran terror” Lo que distinguirá al régimen soviético respecto a otras dictaduras fue la voluntad exterminar no solamente miles de personas sino a también enteras categorías sociales. Recordó el heroísmo del clero ortodoxo en su resistencia al comunismo con el testimonio del padre Vsevolod Spiller (1902-1984), quien profetizo que en pocos años caería el sistema soviético y se volvería a la Rusia de la fe.

"Icono de Vladimir.

Пресвятая Богородице, спаси нас!

Santísima Madre de Dios, ¡sálvanos!

A la pregunta ¿Cómo fue posible entre tanto que la Iglesia en Rusia haya podido sobrevivir casi 70 años de persecuciones, con sus más altos representantes fusilados, encarcelados, mandados en los gulag o en la mejor de las hipótesis obligados a vivir en la clandestinidad?

Vorob’ev respondió: “Gracias a que existió un pequeño grupo que conservó en la fe y que la trasmitió a las generaciones sucesivas”, y precisó su medio: “la fuerza de la oración hizo florecer miles de testimonios de mártires o de sobrevivientes, muchos de los cuales con carismas especiales, pero todos tenían una virtud: la incapacidad de odiar y la constante misericordia por el propio perseguidor.”

Vorob've concluyó así su testimonio: “la ideología que ha perseguido a los cristianos en la Rusia soviética es la misma que persigue a los cristianos de hoy en todo el mundo” y exhortó a su oyentes a “conservar la memoria de estos mártires”, pues “quien quiera vivir según la fe de Cristo será perseguido, pero solamente esa fe puede permitir al mundo seguir viviendo”.

Memoria de los testigos de la fe cristiana del siglo XX. Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina

"Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos".

El icono representa esta asamblea descrita por el libro del Apocalipsis de San Juan. Una multitud de mártires, se dirige alegremente hacia el Cristo, llevando palmas en sus manos con María, Juan evangelista y Juan Bautista, con los apóstoles Pedro, Pablo y Andrés, con los santos mártires Bartolomé y Adalberto a los que está dedicada la Basílica que hoy es lugar de memoria de los "nuevos mártires" del siglo XX. Debajo, según la visión del libro del Apocalipsis, los ángeles extienden la tienda de Dios encima de la tierra.

En la tierra, en el centro está representado el lager, como una gran basílica de alambre, el lugar más alto de oración y de unidad de las Iglesias de Oriente y de Occidente. Debajo, una ciudad con los muros destrozados representa la fractura de la cohabitación: son muchos los testimonios de la fe recordados, desde los armenios, a los cristianos en Argelia, en India, en el Líbano. En una iglesia desacralizada son asesinados hombres y mujeres mientras rezan: la figura central es un sacerdote albanés asesinado por haber bautizado un niño, mientras que por la puerta de la ciudad salen aquellos que han muerto a causa de marchas extenuantes, como los armenios.

Abajo, a la izquierda se recuerda la Iglesia Ortodoxa rusa, a través del lager de las islas Solovki, a la derecha las Iglesias de Occidente. Subiendo a la derecha: los mártires viven hoy la pasión de Cristo. El injusto proceso (y la memoria principal es la del obispo anglicano ugandés Luwum); la tortura y el escarnio, la ejecución de la condena a muerte. Entre los muertos por espada los seminaristas hutus y tutsis que en Buta, en Burundi, fueron asesinados porque no quisieron separarse y el padre Alexander 'Men. Entre los fusilados el patriarca de los coptos de Etiopia Abuna Petros, los mártires de España y México y Zeferino, el mártir gitano asesinado durante la guerra civil española.

Subiendo a la izquierda: las obras de los mártires. La oración: en la oscuridad de la cárcel en Rumania católicos, ortodoxos, baptistas se dividen la Biblia para aprendérsela de memoria y poderla recitar los unos a los otros. Un hombre solo en la celda recuerda a los prisioneros en China. La caridad: Maximiliano Kolbe, y con él los que han dado la vida por los enfermos, por los hambrientos, por haber acogido a los enemigos. La comunicación del Evangelio, finalmente, recuerda a todos los misioneros asesinados en cada continente.



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