3 de dicembre, Catedral de Barcelona, Santa Misa en memoria del Obispo Mons. Manuel Irurita en el 79º aniversario de su inmolación martirial

“En esta venerable Iglesia Catedral, celebrando la Eucaristía, queremos hacer memoria de una de las víctimas más ilustres de aquella persecución: eI que fue Obispo de esta diócesis, Mons. Manuel Irurita y Almandoz, que en la noche oscura y fría del 3 de diciembre de 1936 fue fusilado en la tapia del cementerio de Montcada “ (Mons. Narciso Jubany, Cardenal de Barcelona, 3.12. 1986, en el 50º aniversario de su inmolación)

Asistentes llenaron la Capilla del Santo Cristo de Lepanto de la Catedral de Barcelona

El Canónigo de la Catedral de Barcelona Mons. José Vives Trabal y Mosén Antonio Gómez Cid, Consiliario de Hispania Martyr, en la Santa Misa

“A la espera de la toma de posesión del nuevo ObisIpo, pidamos a Dios que, a ejemplo de su antecesor en esta Sede, el Obispo Martir Mons. Manuel Irurita, le conceda la gracia de ser un pastor dispuesto a dar la vida por la salvación de las almas de sus ovejas, para llevarlas al Cielo.” (Mosén Antonio Gómez Cid, en su homilía de la Santa Misa)

En su homilía Mosén Gómez, glosó la suprema gracia del martirio, recordando la memoria del pontificado y sacrificio hasta su muerte de Monseñor Manuel Irurita, de su familiar mosén Marcos Goñi, y de sus protectores Antonio y Francisco Tort.

Sus palabras nos recordaron las del Cardenal Arzobispo Narciso Jubany en esta Catedral de Barcelona el 3 de diciembre de 1986, en la que dispuso se celebrara solemnemente la conmemoración del 50º aniversario de la muerte martirial de su antecesor, afirmando categóricamente, con la autoridad de maestro de la iglesia de esta diócesis:

“En esta venerable Iglesia Catedral, celebrando la Eucaristía, queremos hacer memoria de una de las víctimas más ilustres de aquella persecución: eI que fue obispo de esta diócesis, Mons. Manuel Irurita y Almandoz, que en la noche oscura y fría del 3 de diciembre de 1936 fue fusilado en la tapia del cementerio de Montcada, junto con otros condenados.”

En aquella su magistral homilía, el Cardenal Jubany precisó justamente el acontecimiento cuyo quincuagésimo aniversario conmemoroba:“La inmolación del obispo Irurita fue la coronación lógica de un pontificado” (...) que, frente a tantas y tan torvas calumnias, calificó como sobrenatural, buscando sólo la gloria de Dios y el bien de las almas, y como por ello, fue objeto de persecución: “En una época turbulenta, él fue siempre el pastor solícito y lleno de celo. Nunca se apartó de ese propósito que él mismo describió en la toma de posesión de la sede barcelonesa: ”No tengo más programa ni determinación que buscar la gloria de Dios y el bién de las almas, del designio de esta misión tan elevada, con la gracia de Dios, no me moveré un milímetro”. Así lo hizo: lo confirman sus actividades y también las persecuciones de que fue objeto... La inmolación del obispo Irurita fue la coronación lógica de un pontificado.”

Y desde una inspirada perspectiva de Teología de la Historia, Mons. Jubany precisó: “En la historia humana hay un gran misterio: el de la persecución del mal contra el bién... Jesucristo nos da la razón de ese misterio. El martirio pertenece a la misma esencia de la identidad cristiana. Sin el martirio no existiría la Iglesia. El misterio de la persecución hace que la perversidad humana aborrezca a quienes llevan estampado el nombre de Dios en su vida.”

(...) “El derramamiento de la sangre de Mons. Irurita tuvo lugar en un estallido revolucionario, caracterizado por repugnantes incendios, profanaciones y destrucciones... la iglesia es la única que merece las preferencias de la persecución... La persecución de año 1936 es el episodio de una lucha eterna. Entonces los maestros del ateismo se mofaban de Dios y de la Iglesia y con los asesinatos, los incendios y todo tipo de violaciones de la Iibertad religiosa, querían borrar el nombre de Dios de la vida de los hombres y de la sociedad.”

Y concluía el Cardenal: “Elevamos el pensamiento a Dios y oramos en esta Eucaristía por nuestro Obispo Irurita y los diocesanos que le acompañaron en la ofrenda martirial de su vida e Imploramos su intercesión. ¡Nos conviene!. Que ellos desde el Cielo oren por nuestro pueblo y por nosotros, llamados a la difícil confesión de la fe en los tiempos actuales... Que así sea.”

Oracion ante la capilla de los mártires del claustro de la Catedral

Terminada la Santa Misa, presididos por los sacerdotes celebrantes, los asistentes se trasladaron en procesión por el claustro de la Catedral hasta el altar de la capilla de los mártires de la persecución religiosa donde una placa recuerda la memoria de los 930 sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles de esta diócesis mártires durante el trienio 1936-39.

El Presidente de Hispania Martyr Don Arcadio del Pozo llevando como preciosa reliquia el episcopal birrete que portaba Mons. Irurita cuando el 8 de mayo de 1931 sufrió grave accidente de automovil en el Vendrell.

Ante su altar se rezó una oración a la Santísima Trinidad pidiendo la pronta glorificación del Obispo Mons. Manuel Irurita.

Seguidamente se salió a la calle del Bisbe, (antes Irurita), donde en los muros del Obispado se halla la estatua que las autoridades de la ciudad en 1941 ofrecieron como homenaje a su Obispo Mártir, bajo la cual, y ante el asombro de viandantes y turistas, se cantó a plena voz el Credo, el “Crec en un Deu”, que nuestros mártires entonaban alegres, cuando eran llevados a la muerte. Concluyó el acto con un ¡Viva Cristo Rey!, que fue su último grito en esta tierra, y el de presentación en las puertas del Cielo, que les abrió de inmediato el Rey de los mártires.



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