La memoria necesaria
Madrid rinde homenaje a sus mártires del siglo XX
En Madrid se hallan los sepulcros de 402 santos y Beatos mártires que dieron su vida por Cristo durante la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado. La archidiócesis madrileña les rinde homenaje este sábado, con la presentación del Icono de los mártires y de la Guía «Memoriae martyrum». Santos y mártires del siglo XX en Madrid (BAC)
Desde sus inicios, la Iglesia ha venerado los lugares donde dieron su vida los mártires, y los fieles de todos los tiempos han ido en peregrinación hasta ellos para celebrar y revivir su testimonio. Numerosas basílicas –empezando por la de San Pedro, en Roma– e iglesias de todo el mundo se han edificado sobre sus sepulcros, y en la memoria de cada Iglesia particular se conserva el recuerdo de los lugares de su martirio: Aquí dieron la vida por Cristo...
La archidiócesis de Madrid recuerda este sábado la memoria de sus mártires del siglo XX. En la iglesia de las Calatravas, en Madrid (calle Alcalá, 25), a las 20 horas, se presentan el Icono de los mártires y la Guía «Memoriae martyrum». Santos y mártires del siglo XX en Madrid, editada por la BAC. El Icono es obra de la artista Nati Cañada –autora también del Icono de san Juan Pablo II, el Papa de los mártires–, que en la parte superior, en torno a la Virgen de la Almudena y al matrimonio de santos esposos madrileños Isidro y María de la Cabeza, ha colocado a doce santos mártires que resumen de alguna manera la historia universal del martirio: desde san Pedro y san Pablo, hasta san Tichón de Moscú o san Maximiliano Kolbe. Debajo, aparecen 36 mártires que representan a los 402 fieles que alcanzaron la palma del martirio en Madrid: hay hombres y mujeres consagrados de diferentes Órdenes religiosas, tres laicos, y también el sacerdote diocesano san Pedro Poveda, el único mártir madrileño ya canonizado.
El mismo lugar elegido para albergar los iconos, la iglesia de las Calatravas, posee una poderosa resonancia martirial, pues en sus sótanos, durante la Guerra Civil, se celebraba clandestinamente la Eucaristía, y desde allí se llevaba la comunión en secreto para fortalecer y preparar para el martirio a muchos fieles escondidos en el centro de la capital.

