CONMEMORACIÓN DEL 81º ANIVERSARIO DE LA MUERTE MARTIRIAL DEL OBISPO MONS. MANUEL IRURITA ALMANDOZ EN LA CATEDRAL DE BARCELONA

Convocada por la Asociación Hispania Martyr Siglo XX, a las doce del mañana del pasado 4 de diciembre y en la Capilla del Cristo de Lepanto de la Catedral de Barcelona, donde, cumpliendo su voluntad reposan sus restos, se ofició la Santa Misa en el 81º aniversario de la muerte martirial del Obispo SdD. Mons. Manuel Irurita Almándoz, sacrificado en la tapia del cementerio de Montcada, con su familiar Rvdo. Marcos Goñi y con sus custodios protectores los hermanos Antonio y Francisco Tort.

Presidió la concelebración el consiliario de Hispania Martyr Rvdo. Antonio Gómez, rector de la parroquia de San Jorge, asistido por el Rvdo. Ramón Batlle, rector de la parroquia de San Raimundo de Penyafort, y el Padre Nicolás Echave, S.D.B, ex rector del Templo Nacional Expiatorio del Tibidabo, ordenando la cuidada liturgia el Canónigo Arcipreste de la Catedral de Barcelona Mons. D. José Vives Trabal.

Se inició el acto con unas palabras del Vicepresidente de Hispania Martyr D. José Javier Echave-Sustaeta quien recordó que hoy conmemoramos como a las 11 de la noche del tres de diciembre de 1936, fiesta de San Francisco Javier, Patrono de su Navarra natal, víspera del primer viernes, precisamente cuando el Obispo de Barcelona hacía habitualmente la «Hora Santa» pedida por el Corazón de Jesús a santa Margarita María para unirse a sus angustias y sufrimientos en Getsemaní, Mons. Irurita era sacado de la checa de San Elías y llevado al cementerio de Montcada donde era fusilado por odio a la fe, y como ésta su muerte martirial fue la culminación de su pontificado, fiel al lema que escogió al iniciarlo, que concitó el odio de sus enemigos y la oposición de quienes debieron protegerle: “Es necesario que Cristo reine”, como así consta en la inscripción de lápida de su tumba que a los pies del altar, junto a su escudo episcopal con el lema “Oportet Illum regnare”. “Es necesario que El reine”, en latín, reza así:

- Al sumo Dios Omnipotente - Aquí yace el Exmo. y Rvdmo. Dr. Don Manuel Irurita y Almandoz. Nació el 13 de agosto de 1876. Promovido a la sede de Lérida el 20 de diciembre de 1926 y trasladado a la de Barcelona el 13 de marzo de 1930. - Por odio a la Fe fue asesinado el 3 de diciembre de 1936. - El buen Pastor dio su vida por sus ovejas. ”

Lápida sobre los restos del SdD. Mons. Irurita en la que se depositó su birrete episcopal y un ramo de flores

Se preguntó: ¿Por qué recordamos hoy a Mons. Irurita y a nuestros mártires?, respondiendo: porque Cristo ha prometido reinar en España, y lo hará por la sangre de sus mártires.

El recuerdo del martirio de nuestros hermanos sacrificados hace 81 años y su ejemplar conducta de no claudicar ante la persecución, es eficaz medio que Jesucristo, Rey de los mártires, nos concede hoy para mantener nuestra fe y nuestra esperanza en su prometido reinado en medio de la creciente apostasía. Los aquí presentes, en nombre de sus fieles diocesanos barceloneses, mantenemos para ello la memoria del pontificado y de la muerte martirial de Mons. Manuel Irurita.

D. Javier Echave significó después que la promesa de reinado de Cristo no es una ilusión, y ya en estampa impresa en los años 40 se lee esta oración que se rezaría luego ante la capilla de los mártires del claustro: “Hijo del Eterno Padre, mirad con complacencia la sangre tan generosamente derramada por vuestro mártir Manuel Irurita en confesión de vuestra realeza, para acelerar vuestro reinado en España”.

Y señaló como signo esperanzador de su cumplimiento el hecho de que en el último año hayan sido beatificados 295 mártires españoles en cinco nuevas beatificaciones, y que a día de hoy sean ya 1875 los mártires de la persecución religiosa en España elevados a los altares, 11 de ellos canonizados, que murieron al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Advirtió finalmente que el Corazón de Jesús no ha concedido gracia semejante a ninguna otra nación, por lo que la sangre de nuestros mártires es prenda de futuro cristiano para España, como así se lo vamos a pedir en el Santo Sacrificio.

Fieles asistentes a la Santa Misa.                                             Mn. Ramón Batlle leyendo el Evangelio.

En su homilía Mn. Antonio Gómez recordó como en 1936 el gobierno del Frente Popular intentó acabar con la Iglesia, y en algunos lugares casi lo consiguió, asesinando a 12 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y religiosos, 283 monjas y multitud de fieles seglares que fueron asesinados por el solo hecho de ser católicos y no renegar de ello. Persecución que fue especialmente cruel en Cataluña, de la que el historiador Vicente Cárcel Ortí precisa que el número de sacerdotes asesinados en la diócesis de Lérida fue de 270, un 65% del total; en la de Tortosa: 316, un 62% del clero; en la de Vic: 177, un 27%, y en la de Barcelona fueron asesinados 279, un 22%.

Refirió seguidamente el viacrucis martirial de Mons. Irurita desde el 21 de julio de 1936 en que tuvo que huir del Palacio Episcopal junto con su secretario el Rev. Marcos Goñi y le fue ofrecido refugio durante cuatro meses y medio en casa de Antonio Tort Reixacs, y como el 1 de diciembre milicianos de la Patrulla de Control nº 11 del Pueblo Nuevo irrumpían en el domicilio y detenían al Doctor Irurita, a su familiar Marcos Goñi, a los hermanos Tort y a las Carmelitas de la Caridad allí recogidas, que fueron llevados a la sede de la patrulla en la calle Pedro IV, y luego a la checa de San Elías.

Precisó como una de las religiosas detenidas junto a él declarará que en el interrogatorio que hicieron al Prelado le preguntaron si durante los meses de clandestinidad había celebrado la Eucaristía; pregunta a la que respondió con firmeza: “No he dejado de celebrarla ningún día y, si me dejan, lo haré ahora mismo, pues, el mundo se sostiene por el sacrifico de la Santa Misa”. La religiosa recuerda también que, al ser cacheado, le encontraron un rosario, y mientras se lo quitaban de malos modos, el doctor Irurita les pidió se lo devolvieran” pues sin el rosario no puedo vivir”.

En la medianoche del 3 al 4 de diciembre fue llevado a Montcada, en cuyo cementerio se le fusiló junto a su secretario, y a los hermanos Antonio y Francisco Tort. Según testigos, el Dr. Irurita pronunció antes de morir estas palabras: “Os bendigo a todos y bendigo también a las balas que me ocasionarán la muerte, ya que serán las llaves que me abrirán las puertas del Cielo”.

El posterior hallazgo de sus restos tras la guerra y el reconocimiento por parte de miembros de la familia Tort de la vestimenta que llevaba al ser detenido, permitió su identificación, y el posterior traslado de su cadáver a la Catedral de Barcelona, donde, cumpliendo su voluntad, se le enterró en la capilla del Santo Cristo de Lepanto.

Expuso Mn. Gómez como ante las dudas propaladas por algunos detractores de su pontificado respecto a la identidad de dichos restos, en el año 2000 el Cardenal de Barcelona Mons. Ricardo María Carles, solicitó a los catedráticos Dr. Carracedo de la Universidad de Santiago de Compostela y al Dr. Echevarría de la de San Sebastían, la práctica de la prueba de determinar el ADN mitocondrial de los restos mortales del Obispo Mons. Irurita sepultados en la catedral de Barcelona, cotejándolos con los de sus hermanas Regina y Raimunda Irurita, enterradas en Valencia. El Boletín del Arzobispado publicó que el resultado de la prueba del ADN fue positivo en un 99,9% de coincidencia, disipando así científicamente cualquier vestigio de duda, que para el fiel pueblo cristiano nunca existió.

Un grupo de fieles ante la capilla de los mártires                            Mn. Gómez en su responso

Finalizada la santa Misa, se procesionó por el claustro de la Catedral hasta la capilla dedicada a la memoria de los novecientos treinta sacerdotes, religiosos y religiosas, y de los fieles de esta Diócesis, sacrificados por su fe durante el trienio 1936-1939, donde Mn. Gómez rezó un responso, terminando con la oración de su sucesor en la Sede al ser exhumados sus restos de la fosa común del cementerio de Montcada: “¡Santo Obispo Mártir, Doctor Irurita, que bendijisteis a los que te fusilaban, bendice desde el Cielo a esta tu diócesis, a Barcelona, a Cataluña y a España entera!”

El Canónigo D. José Vives, Mn. Ramón Batlle y el P. Nicolás Echave ante el altar de los mártires del claustro de la Catedral

Terminado el responso, un grupo de asistentes salieron a la lindante calle del Obispo, y se reunieron bajo la estatua de Mons. Irurita existente en el muro del Obispado, en la que se depositó un centro de flores.

El Sr. Echave dirigió unas palabras, recordando cómo en la homilía del traslado de sus restos, el Arzobispo Gregorio Modrego, calificó a Mons. Irurita de “Obispo ejemplar de Barcelona y mártir de Cristo, llorado pastor que te vestiste con la púrpura de su sangre, y que desde entonces allí velas por nuestra ciudad”, y las palabras de su sucesor, el eminente Cardenal Narciso Jubany, quien, actuando como cabeza de la Iglesia de Barcelona, convocaba en la Catedral a sus fieles diocesanos a las 7 de la tarde del 3 de diciembre de 1986, a la Misa Pontifical concelebrada con treinta sacerdotes para conmemorar el 50 aniversario de la inmolación martirial de su antecesor en la sede Mons. Dr. Manuel Irurita y Almandoz, en cuya espléndida homilía afirmó:

“En aquesta venerable església Catedral, celebrant l`Eucaristía, volem fer memoria d’una de les víctimes mes il-lustres d’aquella persecució: del que fou bisbe d’aquesta diócesis, Mons. Manuel Irurita i Almandoz… que la nit fosca i freda del 3 de desembre de 1936 fou afussellat a la paret del cementiri de Montcada, juntament amb altres condemnats”. (En esta venerable iglesia Catedral, celebrando la Eucaristía, queremos hacer memoria de una de las víctimas más ilustres de aquella persecución: del que fue obispo de esta diócesis, Mons. Manuel Irurita Almándoz… que en la noche oscura y fría del tres de diciembre de 1936 fue fusilado en la tapia del cementerio de Montcada, junto a otros condenados”.)

Finalmente un grupo de fieles cantaron en alta voz en catalán el Crec en un Dèu, como hacían nuestros mártires al ser llevados al sacrificio, y entonaron su último grito de victoria: ¡Viva Cristo Rey!

Fieles entonando el Credo bajo la estatua del Obispo Irurita en el muro del Obispado



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