Ante la Beatificación de 109 mártires Claretianos (7) MÁRTIRES CLARETIANOS DE VALENCIA

En 1936 la provincia claretiana de Cataluña incluía también Valencia y Aragón. De las cuatro casas que tenía la Congregación en tierras levantinas: El Grao, Játiva, Requena y Valencia, en el mes de julio sólo subsistía la de Valencia, pues tras el triunfo electoral del Frente Popular en las elecciones de febrero, las otras tres habían sido asaltadas, saqueadas e incendiadas.

Padre Marceliano Alonso Santamaría

La Comunidad de la ciudad de Valencia hacía sólo un año que había sido fundada en un apartamento cerca de la capilla de San Vicente Mártir, a la que atendían.

De los seis miembros de la comunidad de Valencia cinco dieron su vida por Cristo: el superior Padre Marceliano Alonso Santamaría, los Padres, Tomás Galipienzo Peralda y Luis Francés Toledano, cuyos restos mortales reposan en la parroquia de San Vicente Mártir de Valencia, y el Padre José Ignacio Gordon de la Serna, enterrado en Játiva donde fue superior. El Hermano Santiago Vélez que marchó a Barcelona para refugiarse en casa de su hermano en Santa Coloma de Gramanet, fue detenido el 14 de agosto y fusilado al día siguiente ante la puerta del cementerio. Sólo el Hermano Félix Aguado salvará milagrosamente la vida.

Como el piso de vecindad en el número 163 de la calle de San Vicente en que moraban los claretianos no tenía apariencia de convento, tras los sucesos del 18 de julio les pareció lugar seguro, y sus moradores no tuvieron mayor prisa en marchar.

Padre Luis Francés Toledano

El domingo 19 el Padre Luis Francés salió a celebrar Misa en la parroquia del Grao, en sustitución de su párroco Alfonso Roig que pasaba unos días de colonias con niños de la parroquia en el recoleto pueblecito de La Serra, pero tuvo que apresurarse en terminar la Misa, pues al poco la iglesia ardía por los cuatro costados. El 27 de julio el Padre Luis Francés aceptaba la invitación del párroco Mosén Roig de refugiarse con él en La Serra, haciendo de maestro de los hijos de aquellas sencillas gentes huertanas. Gozaba de paz hasta que el 20 de agosto se presentaron los milicianos de la capital en busca de Mosén Roig, pero al no hallarlo, se llevaron preso al Padre Francés a la cartuja de Porta Caeli.

Al día siguiente, con un fuerte ¡Viva Cristo Rey! en los labios, era fusilado en Olocau junto con su fiel monaguillo José Alemany que cada día le ayudaba la Misa.

Padre José Ignacio Gordon de la Serna

El Padre José Ignacio Gordon era descendiente por línea paterna de noble familia escocesa jacobita, que por católica padeció persecución en el siglo XVII y emigró a España, estableciéndose en Jerez de la Frontera.

José Ignacio, renunciando a sus títulos nobiliarios, ingresó en la Congragación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Siendo estudiante de Teología, en la visita que Alfonso XIII hizo a la ex Universidad de Cervera, le encomendaron el discurso de bienvenida. Al conocer Don Alfonso sus apellidos, le dijo: ¿Y tú qué haces aquí?, a lo que José Ignacio le respondió: “Aprecio más mi sotana y mi vocación que todos los títulos de nobleza que tengo por familia”.

Los Padres Alonso, Gordon y Galipienzo abandonaban el piso de la calle San Viceente el 10 de agosto, fiesta del mártir San Lorenzo, y marcharon a la Mallorquina, pensión de confianza. Alguien los delató, y dos días después fueron detenidos y llevados al Comité del P.S.O.E. donde la declaración ante el tribunal revolucionario era puro formulismo.

Al Padre Gordon, como director que había sido del Colegio de Játiva, le acusaban de algo grotesco: -¿Y qué nos dices de los sótanos que había en el Colegio para atormentar a los niños? El Padre Gordon dio un fuerte manotazo en la mesa, y una protesta enérgica: -¡Mentira! Eso es una infame calumnia que ustedes pueden comprobar cuando quieran! Al terminar el interrogatorio los tres sentenciados se confesaron entre sí, y el Padre José Ignacio dijo a sus compañeros: “Pronto nos juntaremos al coro de los mártires”.

Padre Tomás Galipienzo Peralda

Así sería. Aquella noche les llevaron hasta el pueblo de Alboraya, y ante los fusiles el Padre Gordon dice a los miicianos: “Os perdono de corazón”. Los tres exclamaron en alta voz la jaculatoria de la Congregación:” ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!”. Los focos del auto los iluminan y los milicianos apuntan y ordenan: -¡Anden! y disparan. El Padre Alonso cae muerto en el acto. El Padre Gordon agonizante repite: “¡Corazón de María, Madre mía!” hasta que uno del piquete le dispara el tiro de gracia.

El Padre Galipienzo, adelantándose unas fracciones de segundo a las balas, se ha tirado a tierra, y arrastrándose por entre la hierba, sin hacer el menor ruido, se va alejando de los asesinos; se interna en un maizal y salta una acequia, lejos ya de la luz de los reflectores. Los asesinos al comprobar que sólo hay dos cadáveres buscan y rebuscan en vano, y se marchan furiosos, avisando en voz alta: -Mañana volveremos y te daremos tu merecido.

El Padre Galipienzo llegó hasta una casa campesina en cuyo portal figuraba “Ave María Purísima”, que lo acogió con amor. Descansó en un pajar, y para obsequiarle sus protectores mataron una gallina. Sabiéndose buscado, se vistió con atuendos de pescador y emprendió el regreso a Valencia.

Pero, a las cuarenta y ocho horas uno de los asesinos de aquella noche le reconocía y exclamaba: “¡De ésta sí que no te escapas! Llevado al penal de San Miguel de los Reyes, el 1 de Septiembre moría ametrallado con un grupo numeroso a los que dio la absolución en Campo de tiro de Paterna. 



© Hispania Martyr todos los derechos reservados.
Ir Arriba