HOMENAJE AL BEATO ANSELMO POLANCO, OBISPO DE TERUEL, EN EL 80º ANIVERSARIO DE SU MARTIRIO ANTE SU DEVASTADO MONUMENTO EN PONT DE MOLINS

Siguiendo la tradición mantenida desde hace más de 30 años, un grupo de devotos del Beato Anselmo Polanco, convocados por Hispania Martyr, en la luminosa mañana del sábado 16 de febrero se reunía en el cruce de la carretera de Pont de Molins a Biure, a 7 Km. de la frontera, para iniciar el Viacrucis que desde la orilla del rio Muga y por camino de montaña, conduce hasta el monumento construido en 1940 en el lugar en que fueron asesinados 43 prisioneros por las tropas republicanas en su huida a Francia, y allí ametrallados y quemados sus cuerpos, algunos aún vivos.

Junto a los militares prisioneros fueron asesinados el Obispo de Teruel Beato Anselmo Polanco O.S.A., su Vicario Episcopal el también Beato Felipe Ripoll, y el Canónigo Magistral de Albarracín Mons. Javier García Blasco, en proceso de beatificación.

En la carretera se hallaba pegado un absurdo cartel, reproducción del insertado años atrás en el monumento, que, con el título de “Tribute” y bajo una cruz, califica al Beato Polanco de “fanático obispo de Teruel”; al asesinato de 43 indefensos prisioneros por el comandante Pedro Díaz, jefe de la columna de Enrique Lister, de “gesta” que agiganta su figura, y que termina con la absurda invocación de que “Dios sabrá recompensar el heroísmo” del ejecutor.

Las estaciones del Viacrucis, dirigido por Fray Alberto Pérez, de la Orden de San Agustín a la que pertenecía el Beato Polanco, fueron seguidas por los devotos peregrinos, hasta la llegada a los restos del monumento, que este año se nos presentaba pintarrajeado con la hoz y el martillo bajo el lema: “ comunismo vencerá” y alusiones al franquismo y fascismo.

Sobre el pie del altar, cuya ara, al igual que su cruz, había sido derribada y troceada hace ya cuatro años, el sacerdote Mn. Miguel Rodríguez Sala ofició la Santa Misa, asistido por Fray Alberto Pérez.

Terminada la Misa, el Presidente de Hispania Martyr Don Arcadio del Pozo y Pujol de Senillosa dirigió unas palabras a los asistentes describiendo el contexto histórico de Teruel en diciembre de 1937 y enero de 1938 en el que el Beato Polanco fue hecho prisionero, contraviniendo lo acordado en el acta de rendición de la plaza en la que se estipulaba que el obispo y sus religiosos saldrían como evacuados civiles confiados a la Cruz Roja Internacional. Refirió su traslado como preso a Valencia junto a los militares, y luego a Barcelona, donde estuvo una año en el cuartel " 19 de Julio", en que se había convertido el convento de las Siervas de María de calle Enrique Granados - Plaza Letamendi, hasta que el 25 de enero de 1939, ante la inminente llegada de los nacionales, fue conducido a Puigcerdá, Ripoll y Pont de Molins donde sería asesinado el 7 de febrero.

Seguidamente D. José Javier EchaveSustaeta del Villar, Vicepresidente de Hispania Martyr, glosó la insigne figura del Beato Anselmo Polanco, al que calificó de mártir voluntario.

Recordó como el niño Anselmo subió a la cima del monte que se yergue junto a su palentino pueblecito de Buenavista de Valdabia, porque quería llegar cuanto antes desde allí al Cielo, y cómo éste su permanente deseo, pudo verlo cumplido medio siglo después, por el camino más corto, seguro y glorioso: el del martirio.

En 1936 su Palacio Episcopal en Teruel distaba a escasos dos kms. del frente, y durante el primer año de guerra sus amigos le insistían:" Otros Prelados han trasladado provisionalmente sus sedes, a zona nacional más segura… “a lo que Mons. Polanco contestaba: "Tendrán razones para ello, que yo no tengo".

Recordó como en noviembre de 1937 el Nuncio Mons. Antoniutti le ruega en Burgos que no volviera a su diócesis tan próxima al frente de combate, pues su vida corría peligro; a lo que Fray Anselmo le respondió: «Mi aprisco está en Teruel, al lado de mis ovejas, Dios y España así lo quieren.»

Narró también las distintas ofertas de libertad que, una vez apresado, recibió en Barcelona por parte del gobierno republicano por medio de agentes del nacionalismo vasco, a cambio de condiciones que desechó como indignas de un obispo católico. Fracasaron también gestiones y mediaciones diplomáticas, algunas bien intencionadas, lo que pone de manifiesto que no hay sabiduría ni habilidad humana capaz de impedir la gloria del martirio a quienes Cristo, Rey de los mártires, ha predestinado, antes de nacer, como sus testigos, y fray Anselmo era uno de ellos.

Durante su cautiverio recibió del cardenal Verdier un preciado regalo que le había pedido a través de un mediador: una reliquia de santa Teresita del Niño Jesús que llevó consigo hasta la muerte. No es difícil imaginar el pacto que hiciera el Obispo con la Santa que tantas ansias había manifestado de ser mártir de Cristo en la Gran Persecución. Quizá entonces convinieron que su fiesta del 1 de octubre la celebrarían un día juntos, como así fue, al ser beatificado por San Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.

El 3 de marzo de 1939 fueron exhumados sus restos de la fosa común del cementerio de Pont de Molins, y, trasladados a Teruel, sepultados en la capilla de Santa Emerenciana de su Catedral.

Su defensor, el oratoriano Padre José María Torrrent, Vicario General de Barcelona tras el martirio del S.d.D. Mons. Manuel Irurita, escribía al Administrador Apostólico de Teruel: “Doy a esa Diócesis no un pésame sino una felicitación muy cordial, sincera y sentida, por la muerte del Sr. Obispo Anselmo Polanco.

Es uno de los favores señalados que la Providencia de Dios me ha concedido durante estos treinta meses de persecución, el haber conocido al Exmo. Sr. Polanco y recibir de su conducta serena y pontifical una edificación y una ejemplaridad que no podré olvidar jamás... El sobrenaturalismo del Dr. Polanco como cristiano, sacerdote, religioso y Obispo, se manifestó constantemente de una manera heroica. »

«Mi última entrevista tuvo lugar el 14 de enero de 1939. Siempre le vi entregado en manos de la Providencia: completamente sereno en el hablar y obrar. Tenía espíritu permanente de mártir: su muerte en Pont de Molins fue únicamente el último eslabón... No es posible llevar con más decoro la dignidad episcopal.»

El Papa San Juan Pablo II, hablando con «Nuestra Autoridad Apostólica» le definió así en su beatificación: «Ante la disyuntiva de abandonar las exigencias de la fe o morir por ella, robustecido por la gracia de Dios, el mártir Anselmo Polanco puso la vida en sus manos».

 



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