Beatificación enfermeras mártires de Astorga

Estas beatas murieron aclamando a Cristo Rey, y esa profesión de fe es lo que las hace mártires”

 

Cardenal Semararo, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en la homilía de beatificación de las mártires de Astorga

Las beatas Olga Pilar y Octavia

 Manuel Gullón, tío de la beata Pilar, con sus cinco hermanos comenzaron los trámites para beatificar a las tres enfermeras de la Cruz Roja asesinadas el 28 de octubre de 1936 en Pola de Somiedo. Para ello crearon una fundación civil sin connotaciones políticas, que pudo llegar a buen fin gracias a la valiosa actuación de María Victoria Hernández Rodríguez, celosa postuladora de la Causa para la Beatificación.

 Octubre de 1936 en el Hospital de Sangre de Pola de Somiedo

 Las tres enfermeras asistían a diario a la Santa Misa que celebraba el sacerdote en el hospital de Sangre de la aldea de Pola de Somiedo, y durante el mes de octubre rezaban juntas el Rosario. María Pilar y Octavia pertenecían a las Hijas de María y a las Conferencias de San Vicente de Paúl.Como enfermeras voluntarias de la Cruz Roja Española en hospital de línea de fuego de la avanzadilla del ejército nacional, rotaban cada semana, y terminada, debían turnarse con otras jóvenes para cuidar a los heridos de guerra, pero pidieron quedarse en un segundo turno. (Dia- rio de León. Entrevista a Manuel Gullón y de Oñate. 25 de abril de 2006)

 Ocupación del hospital de Sangre de Pola de Somiedo por los milicianos

 Puerto de Somiedo

El 22 de octubre los republicanos asaltan el pueblo de Somiedo y las tres enfermeras tuvieron oportunidad de huir, pero optaron por permanecer en el hospital del puerto, cuidando a sus pacientes. El día 26 los asaltantes ocupaban el hospital.

Dice el catedrático Javier Paredes en su emocionante relato en “Hispanidad.com”de 29/05/2021,que durante el asalto, Olga, la más joven de las tres, a sus 19 años, fue alcanzada en una ceja por el roce de una bala y de la herida brotó sangre, que tiño de rojo su uniforme blanco. Uno de sus pacientes le sugirió que dejase de atenderlos, para curarse ella misma, pero la enfermera le respondió:—“¿Curarme? ¿Para qué? Ya es inútil; no hay tiempo. Vamos a morir, y enseguida a resucitar entre los mártires del Señor. Nos separaremos apenas unos instantes para reunirnos eternamente”.

 Los soldados heridos fueron asesinados en sus camas. El capellán, el médico y las enfermeras son llevados andando, esposados y atados, al pueblo de Pola de Somiedo, distante 13 Kms, donde se los encerró en la Casa del Pueblo.

 El miliciano jefe de la expedición, apodado El Patas, ofreció a las enfermeras dejarlas libres si renegaban de su fe y se sumaban a su partida. Al negarse, el Patas les dijo a sus milicianos Que aquella noche podían quedarse con las enfermeras y hacer con ellas lo que mejor les pareciera”.Varios de éstos las violaron y su jefe hizo circular por la calle un carro de bueyes para que el chirrido de sus ejes hiciera más difícil oír los gritos de las tres enfermeras violentadas. La carreta llevaba el cadáver del capellán que él había asesinado horas antes Al día siguiente, el 28 de octubre de 1936, al mediodía, las tres enfermeras eran fusiladas desnudas.

 “Princesas del martirio” de Concha Espina

 El catedrático Javier Paredes escribe que poco antes de quedarse ciega, Concha Espina relató el suplicio y el sacrificio de estas tres mujeres en su libro Princesas del martirio”publicado en 1941, auténtica joya literaria, desde el título, hasta la última página en que narra como en sus últimos momentos las milicianas Evangelina, Lola y Emilia se reparten la matanza. Se sitúan a tres metros de sus blancos y cuando van a encarar el arma, un sargento detiene la ejecución y propone indultarlas, si levantando el puño gritan: ¡Viva Rusia! Como respuesta inmediata, tres gritos al unísono suben al Cielo: ¡Viva Cristo Rey!

 Octavia, Pilar y Olga en Somiedo

 Liberada la zona, en febrero de  1937  gente  de  Astorga

fue a recoger sus cadáveres, y los halló en una fosa común junto al del teniente de la guarnición; sus cuerpos estaban incorruptos.

 Beatificación de las Siervas de Dios Mª Pilar Gullón Yturriaga, Olga Pérez-Monteserín Núñez, y Octavia Iglesias Banco, enfermeras asesinadas in odium fidei.

 En la vigilia de preparación para la beatificaciónel obispo de Astorga Mons. Jesús Fernández afirmó: “Pudieron huir, pero no usaron violencia, sino que murieron perdonando y pronunciando vivas al Rey de reyes. En un contexto de acoso y persecución religiosa, se identificaron con la pasión del Señor”.

29 mayo 2021 Beatificación

 Altar mayor de la Catedral de Astorga con los prelados concelebrantes

 El Papa Francisco firmó el Decreto de Martirio en 11 de junio de 2019, pero el fallecimiento del anterior obispo Don Juan Antonio, y las limitaciones derivadas de la pandemia han retrasadodos años la beatificación. Esta dilación ha aumentado su expectación hasta culminar en la fiesta de Beatificación de las tres nuevas mártires,que el pasado 29 de mayo se vio magnificada por el espléndido marco de la Catedral de Astorga y su cuidada liturgia.

 Presidida la brillante ceremonia por el representante del Papa, Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, concelebraron con él el Nuncio Mons. Bernardito Auza, los cardenales Carlos Osoro y Ricardo Blazquez, y una docena de arzobispos y obispos. El prelado asturicense dio gracias al Santo Padre “por la beatificación de las márti- res seglares de Astorga, cuyo coraje, valentía y disposición al martirio nos abren un horizonte de eternidad”.

 Tras la lectura de la Bula de beatificación del Papa y entre los aplausos de los asistentes, se descubrió junto al retablo mayor un lienzo de las tres nuevas mártiresque permanecerá en la capilla de san Juan Bautista de la Catedral, donde se encuentran sepultadas las beatas Pilar, Octavia y Olga.

 Homilía del Cardenal Semeraro

 En su homilía el Cardenal Semeraro afirmó que “desde hoy la Iglesia las honra oficialmente como mártires de Cristo” y señaló que vivimos en “una sociedad marcada por el miedo, pero la caridad es el camino para vencer al miedo.

 Por su ferviente caridad, las nuevas mártires no se paralizaron por el temor, a pesar de que sufrieron tortura y humillaciones. Todo lo soportaron con sobrenatural fortaleza, y se dispusieron a sufrir la muerte con espíritu y fe”.

 Comentó el texto del Evangelio (Mt 10,28):“No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma”, pues el Señor da a los débiles la fortaleza sobrenatural para aceptar y soportar el martirio.

 Sintetizó su mensaje afirmando: “Estas beatas no tuvieron miedo a los que matan el cuerpo”, sino que murieron proclamando la causa de su muerte: aclamando a Cristo, con el grito de¡Viva Cristo Rey!, y esa profesión de fe es lo que las hace mártires”.

 De izquierda a derecha Octavia Iglesias Blanco, Olga Pérez Monteserin Núñez y Pilar Gullón Iturriaga

 

Urnas con los restos de las tres enfermeras mártires ante el altar

 ¿Por qué son sólo 106 los mártires seglares de la persecución española?

 Mª Encarnación González, que fue Directora de la Oficina de las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española, se lamentaba: "Fueron muchísimos los fieles laicos martirizados en las treinta diócesis en las que se los persiguió, con lo que se elevarían en varios miles - quizá decenas de miles- los números con que hasta ahora contamos. Es ésta una laboriosa tarea a realizar”…

 Con las tres beatas de Astorga son ciento seis los seglares declarados mártires de la persecución religiosa en España en los años 1934 a 1939, treinta y uno de ellos mujeres, el resto hasta los casi dos mil elevados ya a los altares, son religiosos, sacerdotes o monjas.

 ¿Por qué los seglares son sólo un 5% de los mártires beatificados? se preguntan algunos.El P. Bazin contestaba: “No habrá más seglares canonizados si, en la ‘base’, nadie se mueve”.Y el padre Dubois, promotor de las causas de los santos en la diócesis de París coincidía: “Los laicos pueden caer más fácilmente en el olvido, si no se ha creado una fundación, asociación, o comunidad, que solicite regularmente su intercesión”.

 Lo corrobora la presente causa. La fama del martirio de las tres enfermeras se difundió enseguida en la comunidad eclesial, de modo tal que el 30 de enero de 1938 sus restos fueron acogidos en la Catedral de Astorga. Sus familiares años después crearon la fundación Mártires de Astorga que inició los trámites para la beatificación

 Alma de la feliz tramitación de esta causa ha sido la postuladora Dª María Victoria Herrera Rodríguez, miembro del Instituto Secular de derecho pontificio  Cruzadas  de  Santa  María”,  fundado  por  el  venerable P. Tomás Morales, I., que confiesa que: “Los que tratamos de las causas de los santos establecemos con ellos una gran amistad, un vínculo particular”., y añade: “Olga, Pilar y Octavia eran jóvenes con energía e ilusión, pero el encuentro con Cristo y el prójimo en la vida cristiana, en la participación en las asociaciones católicas habían transformado esa energía e ilusión, elevándolas sobrenaturalmente. Por eso puede descubrirse en esta causa el valor cristológico contenido en la actitud de las tres mártires, imitando a Cristo, en Quien creyeron” La beatificación del 29 de mayo es ocasión para acercarlas a los fieles para que se acerquen a ellas. Los santos son amigos de Dios y nos alcanzan del Señor aquello que por su mediación pedimos si lo hacemos con constancia, fe y humildad”.

 Javier Paredes concluye su relato sobre la beatificación con el último deseo de Concha Espina en su libro, que algunos echamos en falta el pasado sábado 29 de mayo en Astorga: “Desde mi humilde tributo yo solicito para las enfermeras de Astorga, un volteo nacional de los bronces, que aún se afirman en nuestros campanarios, un repique gozoso de aleluya, como cuando un niño transita, por inocente y puro, desde los brazos de su madre hasta el trono de la Virgen María”.Su deseo lo hicimos nuestro.

 

 



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