Festividad litúrgica de los mártires españoles sacrificados en odio a la Fe en la persecución religiosa de los años 1934 a 1939
Lunes 6 de noviembre de 2023 a las 18,30 horas de la tarde en la Capilla de la Adoración Nocturna Femenina Española, calle Aragón 268 de Barcelona.
EL MARTIRIO, ¡SUEÑO DE MI JUVENTUD!
SANTA TERESA DEL NIÑO JESUS
6 de noviembre de 2023.
Crónica de la festividad de los mártires españoles de la persecución religiosa en los años 1934 a 1939 en España
“¡El martirio, el sueño de mi juventud!”
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

En la festividad de los mártires de la persecución religiosa en los años 1934 a 1939 en España el consiliario de Hispania Martyr Mn. Antonio Góméz Mir celebró la Santa Misa en la capilla de adoración eucarística de ANFE en Barcelona.

En su homilía expuso el afecto de la Santa a los mártires y su ansia de martirio, recordando como ya en los primeros siglos el martirio se presentaba como “la gracia de las gracias”, pues por el dogma de participación en los méritos y el de la comunión de los santos, su gracia se extiende por el alma de los mártires a toda la comunidad. Es lo que pedimos hoy en su conmemoración.
Significó el especial carisma martirial que el Rey de los Mártires concedió a su escogida flor santa Teresita del Niño Jesús, glosando su
mensaje en sus palabras: «Lo que agrada a Dios, mejor que las más generosas aspiraciones, es vernos amar nuestra pequeñez y nuestra pobreza; es la esperanza ciega que tenemos en su misericordia.”
Tras la Santa Misa, D. José Javier Echave-Sustaeta del Villar, Presidente de Hispania Martyr siglo XX, impartió su conferencia sobre “¡El martirio, el sueño de mi juventud!” de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, de la que ofrecemos un amplio resumen.
Creciente actualidad de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz
Recordó que este año 2023 se cumplen 150 años del nacimiento de Santa Teresa de Lisieux, de la que San Pio X anunció que “se convertiría en la santa más grande de los tiempos modernos”, y se cumple también un siglo de su beatificación por Pio XI, que dos años después, -en 1925- la canonizó, y sintetizó su carisma: “Cest l’evangel, le coeur meme de l’evangel” que elle ha retrouve.”
San Juan Pablo II en 1997 la nombró "Doctora de la Iglesia en ciencia del amor divino", y el Papa Francisco acaba de escribir la exhortación apostólica “C`est la Confiance ” en que invita a todos a todos los cristianos a emprender el camino de la infancia espiritual de la mano de Santa Teresita, que le decía a Jesús:“ Con tu pequeña mano sostenías el mundo y pensabas en mí…” Y nos enseñaba: “¡Es la confianza y nada más que la confianza lo que debe conducirnos al Amor!”
“Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo».
Para explicarlo la Santa usó la imagen del ascensor, que hacía poco se había inventado: «¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más.»
El Papa Francisco advierte que el “caminito” de Teresa es un antídoto “contra una idea pelagiana de la santidad que pone el acento principalmente en el esfuerzo humano”.
Dice Teresita: «Sigo teniendo la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa, pues no me apoyo en mis méritos —que no tengo ninguno—, sino en Aquel que es la Virtud y la Santidad mismas. Sólo Él, conformándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta Él y, cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará santa».
Santa Teresita y el martirio
“Pedí la gracia de ser mártir por Jesús, y sentí en el fondo de mi corazón que mi oración era escuchada” (Historia de un alma, VI)
En noviembre de 1887 Teresita va en peregrinación a Roma con su padre y a pedir al Papa León XIII su autorización para poder entrar en el Carmelo a sus 15 años.
En su visita el Coliseo, y, contraviniendo las prohibiciones, baja hasta la arena para venerarla. Con santa envidia besa la arena y le pide a santa Cecilia: "Como tú, quisiera sacrificar mi vida, darle toda mi sangre a Jesús”, y escribirá: "Al posar mis labios sobre el polvo purpurado con la sangre de los primeros cristianos, me palpitaba fuertemente el corazón. Pedí la gracia de ser también mártir por Jesús,
¡y sentí en el fondo de mi corazón que mi oración era escuchada!"
En el día de su profesión, el 8 de septiembre de 1890, llevó sobre su pecho un billete en el que pedía a su esposo: “Jesús, que muera mártir por ti, con el martirio del corazón o con el del cuerpo, o mejor, con los dos…”
Las vocaciones de santa Teresita.
En el capítulo XI de su vida enumera las vocaciones que siente: “siento en mí otras vocaciones: la de guerrero, la de sacerdote, la de apóstol, la de doctor,… la de profeta... la de misionero… Pero más que nada querría ser mártir, quisiera derramar por Ti hasta la última gota de mi sangre… ¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud!, un sueño que ha crecido conmigo en los claustros del Carmelo...”
Santa Teresita nos cuenta como en mayo de 1887, a sus 14 años, Jesús le inspiró este ardiente deseo de martirio, leyendo el libro “El fin del mundo y los misterios de la vida futura” del P. Arminjon, del que escribe: “Esa lectura fue una de las mayores gracias de mi vida. La hice asomada a la ventana de mi cuarto, y la impresión que me produjo es demasiado íntima y demasiado dulce para poder contarla.”
En él el P. Arminjon, citando a San Agustín comentando el texto de san Juan, dice que en los últimos tiempos todos los infieles, herejes, y hombres depravados se aliarán con el anticristo para perseguir a los fieles a Dios, y que esta persecución será “la más inhumana y la más sangrienta de todas las que jamás ha sufrido el cristianismo, pues estará “exclusivamente impulsada por el odio directo a Dios y a su Ungido, y su único fin será el exterminio del reino de Dios, la aniquilación total del cristianismo … por lo que habrá multitud de mártires.”
Tras su lectura Teresita pidió a Jesús participar como mártir en esta gran persecución, y escribirá: “Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempo del Anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría, y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí…”
Escribirá a su hermana Celina:"Hagamos de nuestra vida un sacrificio continuo, un martirio de amor para consolar a Jesús" (Carta 74), y lo acompañó con el ofrecimiento martirial de su sangre en la enfermedad: "Sabía muy bien que tendría el consuelo de ver mi sangre derramada, puesto que muero mártir de amor". (Últimas conversaciones, Varia 5).
Santa Teresita escoge almas para la gracia del martirio. El mártir Mons. Irurita le edifica su primer templo en España
Al ser nombrado Obispo de Lérida eligió su lema: “Es necesario que Cristo Reine” y procuró que lo vivieran sus fieles mediante la devoción al Corazón misericordioso de Jesús, siguiendo el caminito de la infancia espiritual de Santa Teresa del Niño Jesús, por la que ofreció su vida. Como ella tenía presentimiento de martirio: “Vengo en medio de vosotros para mostraros el camino del Cielo e inmolarme por la gloria de Dios y la salvación de vuestras almas, si fuera preciso hasta derramar la última gota de mi sangre.”

Promovió y bendijo el proyecto de los Carmelitas de erigirle un Santuario a santa Teresita. El Definitorio General escribe: “la Providencia nos ha deparado un obispo muy carmelita y chiflado por Santa Teresita, de la cual le regalé una reliquia”
El Provincial escribía al General en 1928: “Estoy preparando una capillita provisional para poder abrir al público el templo con una misa rezada que dirá el señor Obispo, gran entusiasta de Santa Teresita… que dice no son los hombres los que lo quieren, sino Dios para glorificar a su hija predilecta” que quiere pasar su cielo haciendo bien a sus fieles.”
En su toma de posesión de la diócesis de Barcelona afirmó: La salvación de las almas… será nuestra única ocupación… hasta derramar la última gota de nuestra sangre, si es necesaria”.
Pío XI donó al Dr. Irurita en su visita al Vaticano un relicario con restos de santa Teresita dispuesto por su hermana Celina.

Ya obispo de Barcelona, Mons. Irurita mantenía fraterna identidad espiritual con Mons. Salvio Huix Miralpeix, antiguo filipense, su sucesor en la sede episcopal de Lérida.
De regreso a su diócesis tras pasar unas semanas de asueto en su Navarra natal, el Dr. Irurita paró en Lérida a visitar a su amigo Salvio. Comen juntos y comentan el creciente clima revolucionario y las frecuentes amenazas de sus futuros inmoladores.
Ambos tenían el presentimiento del martirio y se preguntaban si Dios los tendrá por dignos de él y en caso afirmativo, si sabrían poner ellos la docilidad necesaria. Ambos obispos se animaban a decir sí a tal gracia, y serle fieles, si eran llamados. Se juramentaron a no abandonar a sus diocesanos, pasase lo que pasase.
Mons. Salvio Huix, tras entregarse a la Guardia Civil de Lérida, sufrió muerte martirial el 5 de agosto de 1936, y quiso ser el último de un grupo de mártires leridanos asesinados en el cementerio, impartiendo la bendición a cada uno de ellos en el momento de caer abatidos. Al conocer la noticia de su martirio, crueles dudas asaltaron a Mons. Irurita refugiado en Casa Tort, que se preguntaba: “¿Será cobardía esconderme y no salir a defender los intereses de Cristo? ¿Será que no soy digno del martirio?” Sería martirizado en Montcada el 3 de diciembre de 1936.
El veto político a la glorificación de los mártires españoles
La suspensión de las causas de canonización de los mártires españoles en 1964 entristeció a algunos impacientes por la glorificación de los mártires que no veían entonces que la Providencia la reservaba para momento más oportuno. Así, tras casi veinte años de silencio y prudencia, iban a venir tiempos de proclamación.
Fue en 1983, gobernando el Partido Socialista desde hacía un año, y tras su anuncio de promover el aborto, el Papa San Juan Pablo II decidió la reapertura de los procesos de beatificación de los mártires españoles bajo la persecución de la segunda república. Así lo informó el cardenal Palazzini, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en el sínodo de octubre:
"Tan solo unas horas después de que el Papa recibiera en audiencia al presidente González, manifestándole la preocupación de la Iglesia por las medidas contra la religión católica adoptadas por el Gobierno socialista, se ha anunciado que Juan Pablo II ha levantado la suspensión del estudio de las causas de beatificación de los mártires de la guerra civil española."
Tras la reapertura y conclusión de su proceso martirial, San Juan Pablo II procedió a la primera beatificación inobjetable: la de tres carmelitas descalzas de Guadalajara.
Las tres carmelitas mártires de Guadalajara
Beatas Mª Pilar, Teresa y Mª. Ángeles



Deseosas de imitar a Santa Teresita, habían meditado muchas veces sus ansias de martirio que crecía más y más en el corazón de las 18 carmelitas que componían la comunidad de Guadalajara, que en las recreaciones se enardecían unas a otras esperando alcanzarlo de la misericordia del Señor. Así la Beata Mª Pilar decía: “Si nos llevan al martirio iremos cantando al Corazón de Jesús como las carmelitas de Compiegne. “Yo desearía morir al grito de ¡Viva Cristo Rey!”. Contestaba la Beata Teresa: “Cuando oigo gritar ¡Viva la República!” contesto con un ¡Viva Cristo Rey!, y ojalá pudiera repetir este viva en la guillotina como las carmelitas de Compiegne,” y pedía por sus perseguidores: “Los mártires en el cielo tendrán particular amor a sus verdugos, por la gran felicidad que les proporcionaron” La Beata Mª. Ángeles decía: “¡El martirio! ¡Qué dicha tan grande!”.
El 22 de julio de 1936, Guadalajara fue tomada por los rojos.
Había que abandonar el convento pues venían a quemarlo. Las monjas vestidas de seglares salen de dos en dos y se reparten en casas conocidas, orando sin cesar.
Siendo muchas en la casa y comprometiendo a la dueña, el día 24 la Hna. Teresa se ofrece a llevar a las hermanas Mª Pilar y Ángeles a casa de una amiga. Salen sobre las 4 de la tarde, pasan junto a un camión en donde unos milicianos estaban merendando. Una miliciana al verlas exclamó: “¡Disparadles, son monjas ! ”
Se bajan del camión y van en su busca. Ya habían entrado en el portal, pero las obligan a salir a la calle. La Beata Mª. Ángeles que se había pasado toda la noche suspirando por la gracia del martirio y le decía a su Madre Priora: “¡Madre, qué dicha si fuéramos mártires!, fue la primera en salir. Le disparan varias veces hasta que cae herida mortalmente.
La Beata Mª Pilar recibe varios tiros, da unos pasos y cae desplomada. Al ver que no está muerta, disparan nuevamente sobre ella, y atacándola con un cuchillo. Ella exclama: “¡Viva Cristo Rey! ¡Dios mío perdónalos!
Una ambulancia la llevó al Hospital donde fue reconocida: tenía una perdigonada en el vientre, rota la columna vertebral, una pierna rota y un riñón al descubierto. El Director avisa a una Hermana de la Caridad que le da a besar el Crucifijo y muere en sus brazos repitiendo: “!Perdónales, perdónales!”
La Hna. Teresa trata de entrar en el hotel Palace, pero unos milicianos se lo impiden. Repite sin cesar: “Jesús, Jesús…” Los milicianos intentan violarla y que grite: “Viva el comunismo”. Echa a correr gritando: “¡Viva Cristo Rey!” Una descarga por la espalda troncha la tercera azucena blanca. Le habían dado a Cristo, como eran sus deseos, toda su sangre.
Conclusión
San Eulogio en el siglo IX bajo la sutil persecución mahometana advertía: «para ser mártir es necesaria una vocación como para ser monje. Esa gracia solo a algunos se les concede, a aquellos que fueron escogidos desde el principio.» La Iglesia primitiva concedía a los mártires un lugar privilegiado que nosotros ya no les asignamos, pero “El martirio es un regalo particular del Espíritu Santo” dice San Juan Pablo II en la homilía de beatificación del Obispo Anselmo Polanco.
Los poderes que gobiernan hoy el mundo occidental, para acabar con la fe cristiana ven más eficaz promover antes una apostasía silenciosa
- constitucionalizando el derecho al aborto y a la homosexualidad, legalizando la eutanasia, acabando con la enseñanza religiosa y corrompiendo a los niños- y en la que el hombre viva como si Dios no existiera, reservando el martirio cruento para la minoría finalmente resistente, pero como afirma San Juan Pablo II en “Veritatis Splendor”: “El mártir cristiano, signo de la santidad de la Iglesia, y de alguna manera inseparable de ella,… contribuye con su testimonio a evitar la crisis de la confusión del bien y del mal en la sociedad y en la Iglesia.” El quinto sello (Ap 6:9-11) "Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por haber sido fieles en su testimonio. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos."
Hoy, ante la amenaza de otro Frente Popular anticristiano, parecería congruente solicitar a nuestra jerarquía que, para estimular nuestra petición de intercesión, impulsara la tramitación de las miles de causas de mártires españoles que reposan en los anaqueles del Dicasterio Romano de las Causas de los Santos.
Petición que podríamos dirigir a Dios por intercesión de nuestros mártires de la persecución religiosa en los años 1934-1939
Que la gloria y la intercesión de los mártires españoles, asesinados por odio a la fe en la persecución religiosa de los años 1934-1939, fortalezca la esperanza difundida en el pueblo cristiano sobre el reinado del Sagrado Corazón en España.

