Nobleza obliga
«NOBLEZA OBLIGA»
Algunos tratan de demostrar que monseñor Manuel Irurita Almandoz -obispo de Barcelona desde 1930 a 1936- no fue asesinado ante la tapia de cementerio de Montcada (Vallés Oriental), en la madrugada del 3 al 4 de diciembre de 1936.
Tanta era «la impunidad con que en la España de la "legalidad" republicana se podía matar» -Mn. J. Ricart dixit-, que se perdió su paradero. Circulaba ya por aquel entonces un intrincado laberinto de rumores e inventos alucinantes -con visos de "veracidad"- que complicaron las pesquisas del doctor José de Anzizu, diplomático argentino -después sacerdote- enviado oficiosamente por la Santa Sede, en 1937, con la misión de averiguar el paradero del obispo mártir, e in- tentar rescatarlo en el caso de que viviera. No lo consiguió después de múltiples entrevistas y gestiones con don Manuel de Irujo, ministro del gobierno de Negrín, dispuesto a ayudarle, y con otros personajes.
El exhaustivo informe del doctor Anzizu -recogido en un opúsculo titulado No- bleza obliga- es un minucioso, fidedigno, valioso documento que no hay que soslayar. De él se desprenden algunos contrastes con "investigaciones" que en definitiva no llegan más que a conclusiones hipotéticas, o sea, inconclusiones. El final queda en suspense. Son como habilidades de prestidigitador que distraen la atención de lo que interesa que pase desapercibido. En este caso nada menos que una prueba científica del ADN hecha con todo rigor...
Tomo dicho informe -escrito in situ et in tempore- como referencia para contra- star algunos puntos del capítulo estrella del libro Societat i Església a Catalunya, de Joan Bada i Elias, titulado Guerra civil i Església de Barcelona. Noves aportacions sobre la mort del bisbe Irurita (1936-1942). De entrada, sorprende la cita (fuente: Josep Clara, Els fets del 19 de juliol a Catalunya) de una carta del entonces cardenal arzobispo de Tarragona dirigida a Mons. Pizzardo, «elemento clave de la curia vaticana, donde acusa a Mons. Irurita... sobre su ideología integrista...»

× Carrer del Bisbe Irurita, Barcelona
En resumen, J. Bada explica que el do- mingo 19 de julio diez milicianos asalta- ron el Palacio episcopal. ¡Buscaban ar- mas! No las había, claro. Sí encuentran una caja fuerte que consiguen abrir.
«Nada de dinero. Hay objetos (cálices, bandejas...) de plata y oro, también una cantidad enorme de documentos mer- cantiles...».
El conjunto es llevado en sacos a la Ge- neralitat y valorado entre dos y tres mi- llones de pesetas. Aquí lo peregrino es esta cita: Al día siguiente vuelven a hacer
un registro en el Palacio episcopal. Según la historia que recoge de Joan Pons:
«Es en el mismo día 20 de julio de 1936, que la FAI y el propio Durruti en per- sona hace prisionero al Obispo de Barcelona señor Irurita. Durruti vestido con un guardapolvo, para despistar a los suyos y el señor Obispo igual, salieron de Palacio con la promesa por parte de Durruti al presidente de la Generalitat de que no le pasaría nada al señor Irurita».
Pero esto no es verdad. Es archisabido que el doctor Irurita salió del palacio episcopal el 21 de julio. El día antes -lunes 20-, unos jóvenes tradicionalistas se presentaron en el palacio episcopal y se ofrecieron al prelado para custodiar su persona. Su respuesta fue tajante: «Gracias, hijos míos. Pero yo no puedo con- sentir que las escaleras de palacio se manchen con sangre de mis hijos, aunque sean revolucionarios. Si acaso... que se manchen con la mía, la de su pastor».
Mosén J. Ricart describe así la dolorosa salida de palacio: «El martes día 21 au- mentaba el pánico por las calles de Barcelona. Una masa compacta y enfurecida de hombres y mujeres llegaba ante las puertas del palacio episcopal, disparando y vociferando pidiendo la cabeza del obispo. Capitaneaba aquellas fuerzas el
comisario de prensa de la Generalitat Joaquín Vilà Bisa. Convencieron al doc- tor Irurita que tenía que huir. Estaba entonces en la capilla. Recogió el Santísi- mo y en voz alta dijo: "Señor, lo que Tú quieras"... Salió por la puerta de la casa del conserje, sita en la calle Montjuíc del Obispo...»

Con don Marcos Goñi en el taller de la familia Tort
Coincide con el relato del cronista An- zizu, quien pone corazón, objetividad, verdad, catolicidad, a la descripción del panorama caótico del momento:
«He tenido la satisfacción de obtener los detalles de la forma en que el señor obispo y sus familiares, viéndose obligados a abandonar el palacio episcopal, "huyeron como pudieron".
Habiendo triunfado el "Gobierno rojo" en Barcelona, comenzó su programa bien preparado y meditado. Como era de temer, asestó el primer golpe sobre la Iglesia, por lo cual, el mismo día 19 de julio, ardían todos los templos de esta ciudad, comenzando por la parroquia de San Francisco de Asís, de Pueblo Nuevo, a las siete y media de la mañana de ese mismo día. El que recuerda aquel luctuoso amanecer comprenderá, bien patentemente, que fue una perse- cución netamente antirreligiosa. Y el que haya contemplado el cielo de Barce- lona, al día siguiente, cubierto por una densa capa de humo que se elevaba de las cenizas de los templos del Señor, tendrá un recuerdo imborrable de la obra nefasta y metódicamente preparada por los enemigos de Cristo y de sus discí- pulos, de su Iglesia y de todas las instituciones católicas. Y todos los que hemos sentido esa persecución cruenta, llena de terror, que se cebaba en los sacerdo- tes y seminaristas, en los religiosos y católicos, sucumbiendo por millares, po- demos afirmar que, quizá, no se ha registrado en los anales de la historia una lucha tan encarnizada contra la Cruz redentora».
Una hora después de haber abandonado el palacio episcopal, el chófer Eusebio regresó para intentar recuperar algún dinero. Contempló el desvalijamiento y rapiña por parte de los milicianos presididos por el anarquista Durruti.

Tras la pista del obispo “desaparecido”
J. Bada reseña la descripción de un intento de hacer salir de Barcelona a su obispo, recogi- da en una carta-informe de Lluís Creus Vidal, ingeniero industrial y teniente asimilado de artillería, dirigida al Tenien- te Coronel Jefe del Servicio de Información Militar de España, residente en Barcelona hasta el 4 de abril de 1937, en que se pudo evadir y llegó a Bil
Fechada la carta el 15 de enero de 1938, sitúa su actuación a partir de media- dos de agosto de 1936 y tiene por objeto informar sobre la propuesta ignomi- niosa -el calificativo es nuestro- del Cónsul General de Francia en Barcelona, Mr. Jean Tremoulet, que dejó atónito al Cónsul General de Argentina, quien actuaba de mediador: Tremoulet exigía de monseñor Irurita «una retractación de su postura política, ya que él no podía arriesgar otras vidas, si previamente el obispo no presentaba su dimisión al Papa» [huelgan comentarios]. Al final de su informe, el teniente Vidal afirma que «le consta que a primeros de Marzo de 1937, la Delegación de Euskadi en Barcelona se movía mucho a favor del Dr. Irurita, pero no sabe nada más».
Esto da pie a mosén Bada para afirmar: «Irurita, pues, continuaba vivo y había superado con vida la fecha el tres de diciembre de 1937 [se supone que quiere decir 1936]». Pero esto no demuestra nada. Cierto que se hacían gestiones de liberación del señor obispo. En abril de 1937 comenzaban las aventuras del doctor Anzizu para intentarlo. Sin un trasfondo tan tremendamente trágico, serían hasta divertidas. Las múltiples pistas que le ofrecían resultaban falsas.
Y lo que "se movía" desde la Delegación en Barcelona lo reseña el informe del doctor Anzizu: «El señor Irujo... dio algunas instrucciones para que actuáramos desde la Delegación de Euskadi, siendo éste el lugar de nuestras reuniones».
Otro indicio de pervivencia, según J. Bada: A punto de acabar la guerra, el canónigo vasco Onaindia, desde París, escribe al obispo de Vitoria, monseñor Múgica, refugiado en Bruselas, y le comunica las palabras de Manuel de Irujo:
«El Sr. Obispo de Barcelona, según noticias que llegan, ha aparecido vivo. Nosotros siempre sospechábamos que estaba vivo, pero la Santa Sede nos decía que los informes eran contrarios. Irujo gastó 24.000 pesetas para conservarle la vida duran- te 7 meses en la cárcel de San Elias. Desapareció de allí en mayo de 1937».

× Convento de las Clarisas convertido en la Checa de San Elías.
¿Siete meses en la checa de San Elias? ¿Hasta mayo? Parece raro que el ministro Irujo -que se mostró colaborador- no co- mentara este detalle importante con el doctor Anzizu, quien no lo menciona en su pormenorizado informe. Pero sí que reseña que, durante su estancia en Valencia del 14 al 16 de abril, se entrevistó «con el señor Irujo y su secretario, señor Mendívil... Tanto el señor Irujo como el señor Mendívil me prometieron su cooperación, pues hacía algún tiempo que habían iniciado esas gestiones, pe- ro me hicieron constar -escribe Anzizu-que al presente se hallaban paralizadas por haber perdido la pista».
De cuadrar, no cuadra nada. Explica también el diplomático, que un policía le aseguró que, cuando comunicaron la llegada de Anzizu a Barcelona -abril de 1937- a Manuel Escorza -máximo responsable de los Servicios de Investigación de la CNT-FAI-, el terrorífico anarquista se llevó las manos a la cabeza y dijo:
«Que yo le haya tenido a ése y no lo haya sabido... Sí, recuerdo que Manuel Luís estuvo en San Elías».
Lo que probaría que la jefatura de los servicios de información de la FAI y sus instrumentos de la checa de San Elías, hasta abril de 1937, no supieron que el sacerdote vasco Manuel Luís era el Obispo Irurita, por lo que mal podrían haberlo mantenido en su poder en espera de no se sabe qué contrapartidas.
La cantidad de 24.000 pesetas aludida, casi coincide con las 25.000 -más otras 15.000- entregadas en la carretera de Granollers para rescatar al señor obispo y compañeros presos. Resultó ser una estafa. El diplomático no recuerda la fecha exacta del hecho, pero -dice- «creo que era del 15 al 20 de este mes de junio», poco más de siete meses desde la muerte del doctor Irurita...
A raíz de los hechos de mayo, según J. Bada, el doctor Irurita «fue a parar al castillo de Montjuíc». El 18 de mayo de 1937 Manuel Irujo había sido nombra- do ministro de Justicia del Gobierno de Negrín. ¿Cómo se explica qué no co- nociera este dato? Pues no, ya que entre junio y julio estuvo en tratos con los policías Gresa, Riera, Gómez Emperador y Serra para unas pesquisas, vía Mar- sella, que resultaron un enredo más. Y se había indagado en todas las cárceles, incluidas las clandestinas...
La historia del «encuentro» 
28 de enero de 1939, Misa en la Plaza de Cataluña en Barcelona.
El 28 de enero de 1939, dos señores -uno de ellos acompañado de dos hijos menores-se dirigen a la plaza Cataluña para asistir a la multitudinaria misa de acción de gracias por el final de la guerra civil. Pasan por la actual calle del Obispo y ven salir del "palacio episcopal" -que no era tal, sino la sede de l'Arxiu Nacional de Catalunya— a un supuesto doctor Irurita vestido de gabán y “quizás”boina. Sorprende esta "aparición" fugaz del obispo mártir. Y asombra todavía más que lo reconocieran a primera vista. En este punto es significativo un detalle que recoge el diplomático doctor Anzizu.
El 21 de julio de 1936, el obispo Irurita se vio obligado a abandonar precipita- damente el palacio episcopal, con guardapolvos, gorra y alpargatas, acompa- ñado de sus familiares y del fiel Eusebio, el chófer. Se refugiaron de momento en casa de mosén José Faura, de donde salieron al cabo de poco por la insegu- ridad del lugar.
Al salir se toparon con don Antonio Tort, quien iba en su busca. Preguntó a Eusebio por el prelado. Entonces, por el ademán de Eusebio, se dio cuenta de que lo tenía delante. ¡No lo había reconocido!
Puestos a hacer hipótesis, podríamos imaginar que los dos señores adultos to- maron al "señor bajito" -con gabán y “quizás” con boina-por el doctor Irurita, aunque no lo era, pero le fue bien seguir el juego, quizá porque huía. De ahí su exclamación: ¡No griten, que me comprometen! Otra hipótesis: apunta a que la persona misteriosa que salía del "palacio episcopal" -Arxiu Nacional de Catalunya- podría ser el señor Durán i Sampere, Director General de las distintas depen- dencias del Archivo, quien tenía allí su despacho, que debía entregar a las nue- vas autoridades aquel mismo día. .
El quid de la cuestión
Otra señal indudable, para J. Bada, son las listas de intercambios, en dos de las cuales figura Irurita con el número 806. Constata: «El Comité Internacional de la Cruz Roja presenta la lista, contraseñada con las siglas 102-DN, que contie- ne 1.969 nombres, y en un documento adjunto -"Relación de detenidos y cárceles que se suponen"- señala a Irurita como detenido residente en el casti- llo de Montjuic; la certificación lleva fecha de 5 de junio de 1937».
¿Son fiables estas listas? Se puede suponer que no. Puesto que hoy, gracias a la prueba irrefutable del ADN -comparado con el de sus hermanas Raimunda y Regina-, con el 99,9 por cien de probabilidades, sabemos con certeza que el cuerpo sepultado en la capilla del Santísimo Sacramento de la Catedral de Bar- celona, a los pies del Cristo de Lepanto, es realmente el del obispo Manuel Iru- rita Almandoz, martirizado in odium fidei, ante la tapia del cementerio de Mon- teada, en la madrugada del 3 al 4 de diciembre de 1936.

Casa natal del obispo en Larraintzar
De la genealogía materna -vía transmisora del ADN-, tanto del doctor Irurita como de don Marcos Goñi, se deduce que no eran parientes cercanos. Sabemos con certeza que don Marcos Goñi no era hijo de una de las hermanas de monseñor Irurita -en tali caso se habría llamado Irurita de segundo apellido-. Y, también con seguridad, se puede afirmar que la transmisión del ADN queda cortada en el abuelo materno de don Marcos, Martín- Antonio Almandoz Irurita, padre de Juana-Josefa Almandoz Etulain, la ma- dre de don Marcos. Lo cual permite afirmar con rotundidad que la conexión entre los ADN mitocondriales de la línea Almandoz se pierde en el abuelo de don Marcos. Por tanto, don Marcos Goñi recibió su ADN mitocondrial por vía materna de la línea Etulain. En consecuencia, el ADN de monseñor Irurita y el de don Marcos Goñi no pueden ser coincidentes. Y es imposible que los res- tos que se veneran en la capilla del Santísimo de la Catedral de Barcelona pertenezcan a don Marcos Goñi Almandoz.

A modo de epílogo
Sepulcro del obispo Irurita en la capilla del Cristo de Lepanto en la Catedral de Barcelona, con su birrete, en la misa de aniversario del 3 de diciembre.
Mosén José Ricart Torrens, sacerdote diocesano de Barcelona que escribió páginas y más páginas sobre el doctor Irurita, inserta el referido informe en su obra Un obispo de antes del Concilio, y añade:
Después de este laberíntico informe con tantos pasos inútiles, tantas pistas falsas, tantas mentiras oficiales, tanto cinismo gubernamental, queda patente lo que era la seguridad personal y el estatuto jurídico que amparaba la vida de los ciudadanos. Cuando una figura destacada como un prelado podía desaparecer sin dejar rastro alguno ni de su detención ni de su asesinato, ya sobran explica- ciones sobre el sadismo que impunemente imperaba en la zona republicana. A estas horas no faltan ridículos historiadores eclesiásticos que pretenden sentar que el culto católico no se restableció, en la España roja, por prejuicios políti- cos del clero. La estupidez, la maldad y el apasionamiento tienen abismos tene- brosos. Porque basta la más elemental ética para reconocer que la persecución contra los sacerdotes fue implacable, continua y sangrienta. [...]
Y el doctor Irurita, como un sacerdote más, había sucumbido en esta persecu- ción oficial contra la Iglesia, anónimamente. Sin que ni siquiera los llamados "ministros" de aquellos gobiernos soviéticos y esclavistas, pudieran informar de su detención y muerte, a pesar del "catolicismo" político en alguno de ellos y de los chantajes que utilizaban para apoyar la causa del ateísmo.»
Por cierto, mosén Ricart, siendo seminarista, estuvo en la lista de los jóvenes que serían fusilados en Montjuic el día 11 de agosto de 1938, procedentes de la Modelo, pero se libró por un providencial error de lectura.
AVE MARÍA • Núm. 778 • Octubre 2011
Mercè Morer Vidal


