Beato Ignacio Casanovas Perramon, Sch. p.
16 de septiembre de 1936
"Madre, me matarán, pero, ¿puedo yo morir por una causa más santa? "
Ignacio Casanovas Perramon nació en Igualada en 1893. A sus siete años, murió su padre. Su madre viuda, Dª María Perramon Oliveras de Casanova, confió la educación de sus dos hijos a los Padres Escolapios de Igualada.
Dice el Osservatore Romano del 1 de octubre de 1995: "fue en los PP Escolapios donde, junto con una buena educación, recibió la semilla de su vocación religiosa que supo hacer fructificar y llevar a madurez, no obstante, el amor profundo hacia su madre y la perspectiva de una vida asegurada por la herencia paterna ".
Jaime, su hermano mayor ingresaba en el noviciado de Moyà en 1905, e Ignacio lo hacía cuatro años después.
El 20 de agosto de 1911 hizo su profesión simple en Moyá, y pasó a Irache en Navarra, donde cursó filosofía y el primer año de teología. En 1914 emitía los votos solemnes en Terrassa, y en 1916, el cardenal Benlloch lo promovió a la dignidad sacerdotal en la capilla del colegio de San Antón de Barcelona, cantando su primera misa solemne en la capilla de Can Brunet, casona familiar del siglo XVII, en Òdena, donde 20 años después iba a ser martirizado.
El nuevo sacerdote formaba parte de la comunidad escolapia de Terrassa desde 1914, donde impartía enseñanza con tanto ahínco, que enfermó. Para reponerse lo destinaron al colegio de Vilanova i la Geltrú, y luego a Olot. En el curso 1924-25 pasó al colegio de la calle Diputación de Barcelona, su última residencia.

El P. Casanovas, en el centro de la 3ª fila, ya de paisano, al finalizar el curso en julio de 1936.
Preocupación del P. Ignacio por su madre
Comprendiendo la situación de su madre y el generoso sacrificio que se impuso al dejarle seguir su vocación, el P. Ignacio extremanba con ella su cariño filial. Los ratos que tenía libres después de cumplimentar sus deberes, especialmente los días festivos, con la venia de sus superiores, los consagraba a hacerle compañía. Ignacio sabía música y tocaba el piano y a su madre le gustaba cantar, y se les oía alegres interpretar juntos canciones y piezas musicales. El P. José M. Balcells, Superior General de los Escolapios, escribe en 1995: "pudo más el amor a Dios y la dedicación a su servicio, que el amor filial, el cual fue extraordinario en todo el transcurso de su vida".
Vacaciones de verano en Can Brunet, en Òdena

Al terminar el curso escolar 1935- 36, el P. Ignacio Casanovas se trasladó a la finca familiar de Can Brunet, en Òdena, donde cada verano pasaba las vacaciones en compañía de su madre.
Allí le sorprendió la terrible revolución de julio. Ignacio pudo haber marchado a esconderse en Barcelona con un salvoconducto, pero no quiso dejar a su madre sóla en Can Brunet.
En el pueblo todos sabían que en aquella casa había un sacerdote. Le ofrecieron esconderle, pero el Padre Ignacio no quiso escapar disfrazado a pedir refugio a personas que se atemorizaban sólo de verle. Decidió quedarse en su casa, confiando su suerte "en manos de Dios".
"Madre, me matarán, pero, ¿puedo yo morir por una causa más santa y más noble?"
El día 16 de agosto, de madrugada, desde la ventana vio como un grupo de gente se dirigía a la casa. Tuvo tiempo de escapar y esconderse en el bosque, escabulléndose de los asesinos, que, pese a sus amenazas, no lograron averiguar el paradero del sacerdote que sabían se escondía en la casa.
El registro duró tres horas. Mientras unos apuntaban a sus fusiles a la madre y a la sirvienta, obligándolas a abrir todas las habitaciones, otros quemaban el altar, las imágenes, los ornamentos y todo objeto piadoso que encontraban. Confirmaron la delación de que allí residía un sacerdote al encontrar lo preciso para la celebración de la Santa Misa.
El P. Ignacio desde su escondite contemplaba angustiado la negra humareda de la pira en que quemaban las imágenes y ornamentos. A las cinco de la madrugada, una sábana blanca colgada de una de las ventanas de la casa le anunciaba que había pasado el peligro y podía volver a casa, donde su madre y la criada estaban rezando. Desde aquel día el P. Ignacio no tuvo momento de tranquilidad. Se pasaba los días y las noches orando y vigilando. Un día dijo a su madre: "A mí, madre, me matarán. Pero ¿puedo yo morir por una causa más santa y más noble? ".

El martirio
El 16 de septiembre de 1936, a mediodía, llegaron a Can Brunet, medio a escondidas por detrás de la casa, tres milicianos armados con fusiles y pistolas; entraron por sorpresa en la cocina y subieron al piso superior. Salió el P. Ignacio con el breviario en la mano, y tranquilo les pregunta: ¿Qué se les ofrece? Le contestan que vienen a por él. Les pide le dejen cambiarse las zapatillas, que lleva andrajosas. La desconsolada madre, se echa a llorar. El P. Ignacio la consuela con palabras de San José de Calasanz: "Adiós, madre, sólo pasará lo que Dios quiera".
Salió de la casa escoltado por sus verdugos, y al llegar a la era, uno de los milicianos hace un silbido y aparecen seis milicianos más, escondidos en torno a la casa para evitar que escapara el P . Ignacio.
Le llevan por el camino de Òdena. La madre y los familiares los siguen con los prismáticos desde la terraza. El piquete se para en el lugar llamado "La Creueta", a unos veinte minutos de Can Brunet. El jefe, dirigiéndose al P. Ignacio, le dice: "Ahora, reza, reza lo que quieras, que te quedan pocos minutos para rezar".
El P. Ignacio les dice: "Matadme a mí, pero no le hagáis nada a mi madre ". Avanzó sereno, se arrodilló y empezó a rezar. Le dispararon seis tiros en el pecho y luego uno de gracia en la nuca. Los disparos los oyó su madre desde la terraza de Can Brunet.
Horas después los escolapios Eugenio Prat Gabarró, Martín Casals Solà y Marcelino Prado Ribera, eran obligados por los asesinos a recoger el cadáver y trasladarlo al cementerio de Òdena. Les llamó la atención que el cuerpo del difunto no hubiera quedado bañado de sangre, pero al colocarlo enci- ma del carro boca arriba, empezó a sangrar. Uno de los asesinos entregó el cadáver al sepulturero.
Su hermano, el P. Jaime encontró sobre el cadáver la medalla de la Virgen de Montserrat que Ignacio llevó siempre. La santa montaña de Montserrat se vislumbraba en lontananza.
Al día siguiente su desconsolada madre, acompañada de la sirvienta Teresa Lloveras, fueron al cementerio para ver el cadàver, pero el sepulturero no se lo permitió para evitarles sufrmiento. El cuerpo del P. Ignacio fue colocado en una caja de madera y enterrado en un nicho nuevo, propiedad de la familia.
En una colina, junto al camino donde cayó muerto a tiros el P. Ignacio, hay una làpida con esta inscripción: "XVIIX-MXMXXXVI. Aquí dio su vida por Dios y por España el Rdo.P. Ignacio Casanovas Perramon, Sch. P. Caminante, descubrete y reza ".

Exhumación de los restos mortales del P. Casanovas
En 1995, en el cementerio de Òdena se procedió a la exhumación de los restos del P. Ignasi Casanovas. Apareció en un bolsillo del pantalón un pañuelo con las iniciales ICP, que envolvía un rosario.

Iglesia de Santa María de Igualada
Los restos mortales se trasladaron al Santuario de la Virgen de la Piedad, copatrona de Igualada. En el altar de San José de Calasanz, bajo la imagen del fundador de las Escuelas Pías, se abrió una nueva tumba donde se depositó la caja, que fue cubierta con una lápida donde se lee: BEATO IGNACIO CASANOVAS PERRAMON, FIEL A CRISTO EN LA VIDA Y EN EL MARTIRIO. 1893-1936. IGUALADA.

El domingo día 1 de octubre de 1995, el Santo Padre Juan Pablo II le proclamamaba Beato junto con otros 12 escolapios muertos en 1936 y 185 mártires de la revolución anarquista. El Papa dijo "los mártires escolapios no son héroes de una guerra humana, sino educadores de la juventud que por su condición de religiosos y maestros afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dándonos con su martirio la última lección de su vida. ¿Que su ejemplo y su intercesión lleguen a toda la familia Calasancia!" La fiesta del Beato Ignacio Casanovas la celebra la Iglesia el día 22 de septiembre.
El eximio Catedrático de Metafísica de la Universidad de Barcelona Don Francisco Canals Vidal (Q.e.p. d) celoso devoto de los mártires de la persecución religiosa en España 1934-1939, publicó en la Revista Cristiandad el siguiente artículo sobre sus profersores escolapios mártires al ser beatiificados.



